viernes 07 de octubre de 2022

Progres y fachos

19-08-2022 23:55

Desde hace bastante, vemos cómo, siguiendo la ley del menor esfuerzo intelectual, términos que en el pasado designaron movimientos muy precisos, como el fascismo, derivaron en algo mucho más abarcativo. El "facho" de hoy sirve para hablar de todo y nada, o más concretamente, de todo lo que no sea uno mismo. "Fachos son los otros" podría ser el resumen que engloba esta nueva versión de la vieja palabra, y, por lo general, el encargado de pronunciarla ocupa el otro polo en lo que a conceptos abreviados se refiere. El "progre" tiene en común con su némesis el hecho de un amputamiento que carga connotaciones despectivas, pero el progresista original carece del grado de especificidad histórica que tuvieron los fascistas, porque fuerzas muy diversas se autoerigieron, durante periodos y en lugares también diversos, como defensoras del progreso llegando, en algunos casos, a proponerlo como fuente de todo bien. Puede ser que esa fe en el progreso indefinido que marcó a varias generaciones fuera, en parte, el resultado de cargar a la historia de connotaciones mesiánicas, algo que de todas maneras no explica por qué el moderno progre no es una continuación del viejo progresista, sino sustancialmente otra cosa, algo ontológicamente distinto que ha venido a desplazar o, tal vez, a eliminar definitivamente a su antecesor. 

El "buenismo" encriptado en el progresismo terminó, tal vez por su vocación absolutista

El "buenismo" encriptado en el progresismo terminó, tal vez por su vocación absolutista, llevándose puesto lo demás, como confirmamos cuando un progre prototípico recurre a las consabidas “del lado del bien”, “todo lo que está bien” u otras definiciones por el estilo. El bueno rebueno y el malo remalo, son sus fetiches principales. Desde su puesto en alguna institución o medio, o simplemente desde sus redes sociales, el progre buenista de hoy no solo suscribe a cuanta causa políticamente correcta se le cruce por el camino, sino que arremete contra mucho de lo que el viejo progresista defendía con fervor, como unas cuantas libertades, no solo relacionadas con el pensamiento, sino con la forma de vida. El progresista no dividía el mundo en buenos y malos, pero el progre no sabe ver la realidad de otra manera. Mientras tanto, los fachos (sean lo que sean) engrosan sus filas.