jueves 23 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS Ciencia y divulgación
07-08-2021 00:03
07-08-2021 00:03

Sobre fenómenos aéreos no identificados y otras hierbas

07-08-2021 00:03

El 25 de junio pasado se conoció el informe elaborado por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de los EE.UU. sobre fenómenos aéreos no identificados (UAP, por su sigla en inglés). El mismo era aguardado con mucha expectativa por la opinión pública. Como suele ocurrir con los anuncios grandilocuentes, en mi opinión, el conocimiento aportado por el reporte fue escaso para las expectativas creadas. La situación podría describirse tomando prestadas las palabras del título de la comedia de William Shakespeare Much Ado About Nothing, conocida en español como Mucho ruido y pocas nueces. Después de unas semanas, cuando ya el ruido ha cesado, trataré de ver cuántas nueces podemos encontrar.

Desde el comienzo quisiera descartar la actitud “I want to believe” del póster que estaba en la oficina del agente del FBI Fox Mulder en el episodio piloto de los Expedientes X. La búsqueda de vida extraterrestre inteligente no es una cuestión de fe, desde hace décadas es objeto de estudio de la astrobiología y de otras disciplinas entre las que se cuentan la antropología, la filosofía y hasta la teología. Esta investigación ha tenido y tiene un lugar importante en el mundo académico. Yo mismo dirijo el Proyecto OTHER (blog.ucc.edu.ar/other) del que participan investigadores de distintas disciplinas académicas. Por tanto, esta búsqueda requiere el rigor del método científico que se basa en evidencias.

Me tomé el trabajo de leer las nueve páginas del informe desclasificado por el gobierno de los EE.UU., aunque no dispongo de la preparación académica ni tecnológica para poder dar un juicio fundado sobre él. Señalo solo algunos puntos que me llamaron la atención.

1. La motivación es la seguridad nacional. De hecho, se ocupa la oficina del director de inteligencia.

2. El informe intenta dar una probable explicación de los UAP y enumera cinco categorías: a) desorden en el aire (aves, globos, detritos, etc.); b) fenómenos atmosféricos naturales; c) programas en desarrollo del gobierno y la industria de los EE.UU.; d) sistemas desarrollados por China, Rusia u otra nación y, e) Otro, categoría que requiere conocimiento científico adicional para comprender el fenómeno.

3. El informe no utiliza las palabras “extraterrestre” o “alieno”.

Antes de que se hiciera público el reporte, me entrevistó un periodista de un medio de comunicación católico estadounidense para que diera mi perspectiva sobre el tema. Resumo mis ideas. Es importante que se investigue en un contexto académico multidisciplinar utilizando el método científico que se adquiere siguiendo una carrera universitaria. Dicho en pocas palabras, el doctorado es la licencia de conducir que te otorga la comunidad académica para que seas independiente y creíble en tus investigaciones. Además, es la comunidad científica la que debe reconocer los resultados de tu investigación a través de publicaciones que son revisadas por pares. Lo demás cae en la categoría de las conversaciones de café y en las teorías conspirativas. Soy consciente de que el mundo académico no es perfecto, pero es lo mejor que tenemos y ha funcionado bien por siglos.

Teniendo en cuenta las características del universo y de la vida sobre la Tierra, pienso que es probable que exista vida inteligente en nuestra galaxia, aunque no sea algo común.

Al final de la entrevista, ya en off, le pregunté al periodista su opinión sobre el asunto y estaba bastante convencido de que los alienígenas ya nos han visitado. Yo le expresé mi pensamiento: si alguna vez llegáramos a establecer contacto, no creo que sea con ET o Mr. Spock en carne y hueso sino con inteligencia artificial, me refiero a artefactos como las sondas Voyager o los rovers que están en Marte.  Su respuesta fue: “Entonces, ¡qué aburrimiento!”.

Se necesita mucha paciencia para investigar en ciencia, y más paciencia para buscar signos tecnológicos de civilizaciones extraterrestres.

*Jesuita, doctor en Astronomía, investigador de Conicet-Universidad Católica de Córdoba, ex director del Observatorio Vaticano.

Producción periodística: Silvina L. Márquez.

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