viernes 19 de agosto de 2022

Tiempo de revanchas

En el círculo del Presidente ya se habla de reelección; en JxC, Horacio Larreta apunta al Conurbano con un Macri.

A pocas semanas de los veinte años de la caída de Fernando de la Rúa comienzan a escucharse voces que plantean la dolarización completa del país, para estabilizar a una economía que no da respiro.

Misterios del ministerio. Es cierto que existe una suerte de esquizofrenia colectiva en un país que se queja de la alta inflación, pero que a la vez, se acostumbró a vivir así. Es un poco lo que los psicólogos llaman “el beneficio secundario de la enfermedad”. Hay quejas por doquier, pero no hay una demanda clara sobre el sistema político para una política antiinflacionaria, término que se convirtió prácticamente en sinónimo de ajuste.

Nótese que en un año electoral prácticamente no hubo menciones sobre la inflación en campaña ni en el oficialismo, ni en la oposición. A los oficialismos la inflación les da un mayor poder por la capacidad de recaudar más que lo presupuestado por el incremento de la recaudación por el aumento de precios, no de la producción o la productividad, y de esta forma derivar esos recursos adicionales en forma discrecional. Para los empresarios es la forma de evitar la competencia por precios, hoy es imposible saber cuánto salen las cosas.  

El gobierno nacional planteó el congelamiento de precios (fundamentalmente de alimentos y productos de higiene personal), luego de la derrota de las primarias. En realidad, fue un mes después de las PASO cuando en una de las lecturas de los resultados se percibió el enojo por la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos, no solo de los asalariados sino de los jubilados y los receptores de planes sociales, base electoral del kirchnerismo. Ahora se caía en la cuenta que la base dura también podía votar en contra. El congelamiento de precios es un matafuego en un incendio forestal, lleva al menos tres meses implementarlo y puede servir en el cortísimo plazo. Por eso no trajo beneficios para la elección general (el IPC cantó 3,5%), y ahora se transforma en un obstáculo en el acuerdo con el FMI, y como si fuera poco, la “funcionaria” a cargo de las negociaciones con las empresas, Débora Giorgi, no tenía el nombramiento correspondiente que le da el poder de policía del Estado. Habrá que ver si el desplazamiento de Giorgi del estratégico sillón de J. A. Roca generará una nueva ronda de internas entre el cristinismo y el albertismo revitalizado.

¿Hay 2023? Si bien algunos piensan que es una lógica estrategia para evitar que se licue su poder de aquí al 10 de diciembre de 2023, en el círculo cercano al Presidente ya se habla de su posible reelección. Se pone en la balanza imaginaria un acuerdo con el Fondo que haga correr los tiempos de los primeros desembolsos. De esta forma se podría volcar recursos al mercado para hacer crecer el consumo, y tratar de consolidar un crecimiento del 5% promedio para 2022 y 2023, con un regreso triunfal (aunque módico) a las tasas chinas del nestorismo. No es mal plan. Se supone que la alianza con la CGT, los movimientos sociales, y algunos gobernadores e intendentes le daría elementos para equilibrar a la lapicera endiablada de Cristina Kirchner.

Sorpresas nos da la política

Es cierto que cada carta que publica Cristina tiene menos efecto que la anterior, y pululan informes que indican que la ex presidenta estaría pensando en su retiro de la política argentina, cosa al menos, dudosa. También se plantea que no hay candidatos alternativos, con la excepción de Sergio Massa. ¿Tendría interés el presidente de la Cámara de Diputados de ir a unas primarias con Alberto Fernández? Esa es la puerta que abrió el Presidente en el acto por el Día de la Militancia. Este pacto reelectoral incluiría a Axel Kicillof para tratar de obtener su propia reelección, y plantearía una distancia con Máximo Kirchner, incómodo en un esquema que busca excluirlo de la mesa chica de decisiones.  En definitiva, todo el castillo de naipes se basa en que Cristina no entronice a otro candidato o que ella misma se presente en las primarias.

En busca de la tercera perdida. En cambio, no sorprendió el nombramiento de Jorge Macri como ministro de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El intendente de Vicente López que tenía mandato hasta el 2023  pidió licencia para integrarse al ejecutivo de otra jurisdicción. Un hecho al menos curioso, que no tuvo costo político. La movida tiene varios objetivos simultáneos: por parte de Macri esquivar la prohibición de una tercera reelección consecutiva que impone la ley impulsada en su momento por la propia María Eugenia Vidal en el distrito. De todos modos, la licencia no le alcanzaría, pero si no prosperan las propuestas para reintroducir las reelecciones no tendría problema en renunciar. Sería el caso testigo de las renuncias en dominó de los intendentes del PBA. Dejar las intendencias en manos de algún alfil para volver a la tierra prometida de los ocho años en 2023.

Los otros objetivos no son personales para Jorge Macri, sino pertenecientes a Horacio Rodríguez Larreta de cara a su campaña presidencial. Por una parte, debe despejar las equis de la ecuación interna de Juntos por el Cambio, Macri será el primo, pero es un Macri y ahora está adentro. También el alcalde buscar incorporar a la alianza a Patricia Bullrich, quien presuntamente tendría la llave para desactivar o incorporar a los libertarios.  

Sin embargo, tras el nombramiento de Macri se esconde un objetivo licencioso, pero mucho más importante: conquistar el Conurbano Bonaerense. Entre las PASO y las generales el Frente de Todos sumó en los 24 distritos del Conurbano 834.905, que las permitió a sus candidatos bailar mucho en el festejo, mientras que Juntos solo pudo sumar 674.611 votos, lo que significó menos baile. Ojo que José Luis Espert prácticamente duplicó sus votos entre una instancia y otra. Pero la conclusión es que nadie es totalmente presidente en Argentina si no gana en la Tercera Sección electoral de la PBA, que se compone de 19 partidos que reúne a casi 4.800.000 votantes, ochocientos mil menos que Córdoba y Santa Fe sumados. Jorge Macri tiene su expertise en la Primera donde ya Juntos empareja al peronismo desde hace tiempo. Pero ahora se trata de expedicionar a los distritos donde se concentra la población más pobre del país y llave para destronar al peronismo.

 

*Sociólogo (@cfdeangelis)