Tengo una idea para sociólogos en temporada baja, esto es, cuando no están haciendo encuestas electorales o expresando su apoyo al Gobierno con la ceguera y la obsecuencia que los caracteriza (por supuesto, no quiero generalizar). Sería interesante contar con un libro, una publicación o una página web que mida la vigencia de los escritores a lo largo del tiempo. Vigencia es una palabra engañosa para lo que pretendo (un genio puede ser ignorado aunque su obra sea de rabiosa actualidad), que es saber cuánto se leyó, se publicó y se citó a un determinado autor en distintos momentos históricos. Digamos, durante los últimos dos siglos, aunque me conformaría con un siglo y medio. Me gustaría contar con una página en la que si uno escribe, por ejemplo, “Henry James” y luego aprieta enter, aparezcan unos gráficos que indiquen lo que el autor fue leído desde que empezó. Luego, se podrían comparar las curvas de James con las de Poe, por ejemplo, y sacar una serie de lúcidas conclusiones. Por ahora estamos lejos de ese invento fabuloso que, entre otras cosas, habrá de revolucionar la historia de la literatura al agregarle a cada escritor la infinita vida de su obra a través del tiempo. Como en el caso Menard, no importará qué escribió alguien, sino en qué se transformó su obra con el correr de los años.
Por ahora estamos lejos de un instrumento de ese alcance. Los científicos tienen unos índices que miden la eficacia de sus papers, pero los escritores comunes ni eso. O apenas el Google, que nos sirve para saber que a James se lo nombra en dos millones y medio de páginas, mientras que Poe aparece en más de cinco millones. Pero esto es ahora: no sabemos cómo fue la serie a lo largo de las décadas. Es posible que James esté recuperando terreno. Por otra parte, el sistema es engañoso, ya que si ponemos “Shakespeare”, accedemos a 51 millones de citas, mientras que “William Shakespeare” sólo nos lleva a 10 millones. Así resulta que “Borges” le gana a “García Márquez” pero “Gabriel García Márquez” le gana a “Jorge Luis Borges”. Por diferencia de millones, en ambos casos (hay otros Borges, como sin duda lo sabía JLB).
Todo esto se me ocurrió a partir de un librito de Chesterton sobre William Blake que publicó la editorial española Espuela de Plata. Es una edición muy bonita y muy cuidada (la traducción es buena y no tiene errores tipográficos, como ya es raro en estos días). Pero viene con un prólogo de André Maurois (1885-1967), escritor prolífico, especializado en biografías y en frases célebres temibles tales como: “Es difícil crear ideas y fácil crear palabras; de ahí el éxito de los filósofos”. Maurois coincide con todas las ideas conservadoras de Chesterton, las resume con una chatura implacable y lamenta que sea un escritor y no un ideólogo: “Tan sólo cuando el centelleo de la forma se apaga podemos descubrir el bello edificio de sus doctrinas”. Curiosamente, a Chesterton le pasa algo parecido con Blake cuando intenta discutir su teología: se pone pesado, en contraste con la gracia del resto del libro.
Los responsables de Espuela de Plata eligieron seguramente ese prólogo porque les salió barato y ya estaba hecho. Y porque el nombre de Maurois suena vagamente. Aunque (otra tarea para los sociólogos) es probable que ningún argentino menor de sesenta años haya leído una línea suya. Uno pensaría que la curva de Maurois está destinada a parecerse al balance de una compañía en quiebra. Sabemos que la de Chesterton, tras una larga impasse, ha repuntado, en parte porque los reaccionarios lo tomaron como uno de los suyos. Blake, en cambio, parece haberse mantenido más estable. Si vamos al Google, descubrimos que Blake mide tres millones (apenas un poco más que Saramago), Chesterton un millón setecientos (un poco menos que Cortázar) y Maurois casi medio millón (igual que Sabato). Habría que dejar que los sociólogos trabajen y volver en cien años.
Un invento revolucionario
Tengo una idea para sociólogos en temporada baja, esto es, cuando no están haciendo encuestas electorales o expresando su apoyo al Gobierno con la ceguera y la obsecuencia que los caracteriza (por supuesto, no quiero generalizar).