Lo de Viktor Orbán no fue una derrota sino una catástrofe electoral. Después de permanecer 16 años al frente del gobierno en Hungría (tuvo un primer mandato entre 1998 y 2002), el ultraconservador-populista líder del partido Fidesz conservó apenas 55 bancas de las 135 que sumaba en el parlamento de Budapest. El nuevo partido Tisza del conservador europeísta Peter Magyar, que tenía cero, logró 138 de los 199 escaños en juego; más de los dos tercios necesarios para desmontar la arquitectura de la “democracia iliberal” que edificó Orbán.
Esa fue la impronta del mensaje de Magyar la noche del domingo, una vez conocidos los resultados: “Hungría no ha votado por un cambio de gobierno, sino por un cambio total de régimen”, dijo. Surgido de ese mismo vientre —tuvo responsabilidades en el partido Fidesz y estuvo casado con la ministra de Justicia, Judith Varga—, Magyar supo reunir a una oposición fragmentada, harta de autoritarismo, inflación y escándalos; la impulsó a volver a las calles para protagonizar protestas multitudinarias, e hizo historia. Tiene ante él una hoja en blanco.
Como se sabe, la derrota de Orbán representa un revés para los liderazgos de la ultraderecha global, la Internacional Reaccionaria, como la denominó acertadamente hace tiempo el experto Juan Gabriel Tokatlian; o lo que bien puede ya denominarse el cuadrante MAGA, referenciado en Donald Trump. Con una particularidad: salvo el caso de Benjamin Netanyahu, Viktor Orbán se anticipó a todos.
Milei acusó recibo: se encendieron las luces amarillas
A ese mundo pertenece, desde luego, Javier Milei.
El Presidente empatizó con Orbán desde el comienzo. El húngaro fue invitado a su asunción, en diciembre de 2023, entre un elenco en el que sobresalía el presidente de Ucrania Volodímir Zelenski, a quien Orbán aborrece, dada su relación privilegiada con Vladimir Putin. Una contradicción que Milei ha sabido superar, congelando la relación con Zelenski en el mismo momento en el que Trump lo hizo responsable de la invasión de Rusia a su propio país.
La fidelidad de Milei con Orbán llevó al Presidente a participar, semanas atrás, de una nueva edición de la cumbre conservadora de la CPAC (Conferencia de Acción Política Conservadora) en Budapest, donde fue recibido por el todavía primer ministro húngaro. Aquella visita de Milei recibió un tratamiento destacado de los medios de difusión y propaganda del Gobierno libertario.
Orbán y Milei: el poder como método
Fue una de las numerosas manifestaciones de respaldo que recibió Orbán de sus socios globales antes de las elecciones, entre las que destacó la visita, el viernes último, del vicepresidente de los Estados Unidos, James David Vance. Ese mismo día, Trump subió un contundente mensaje de apoyo a Orbán en un su red social Truth Social: “Mi administración está dispuesta a utilizar todo el poder económico de Estados Unidos para fortalecer la economía de Hungría, como lo hemos hecho en el pasado con nuestros grandes aliados, si el primer ministro Viktor Orbán y el pueblo húngaro lo necesitan. ¡Salgan a votar por él!”. No alcanzó.
Milei encomendó a Pablo Quirno un curioso último gesto destinado al ahora premier saliente: en un post en X (antes Twitter), el canciller felicitó el domingo a Magyar, ganador de la elección en Hungría, a la vez que deseó a Orbán “todo el éxito en su rol de líder de la oposición”.
Israel y la adversidad de hoy
El Presidente tiene en agenda una nueva visita a Israel, la tercera desde que asumió. Será entre el domingo 19 y el martes 22 próximos, invitado a participar de los actos por el Día de la Independencia, según informó días atrás la Agencia Judía de Noticias.
Milei recibirá la Medalla Presidencial, la máxima condecoración civil del país, y participará de una tradicional ceremonia de encendido de antorchas en el monte Herzl. El gobierno israelí prevé además que Donald Trump esté presente en ese acto, el martes 21.
Ese mismo día vencería una frágil tregua de dos semanas acordada en la guerra entre Irán y Estados Unidos e Israel. El diálogo entre los dos primeros, el sábado pasado en Islamabad, con la mediación de Pakistán, terminó sin acuerdo. Pero las negociaciones continúan en torno a la suspensión del programa nuclear iraní, según informó The New York Times. Todo es provisorio.

Milei articuló una relación que considera estratégica con Trump y con Benjamin Netanyahu. Los pasos de Netanyahu se confunden con los Orbán: como lo haría el húngaro (por segunda vez) en 2010, el primer ministro israelí llegó al poder en 1996 de la mano de Arthur Finkelstein, consultor estadounidense ya fallecido, uno de “los ingenieros del caos” de los que nos habla Giuliano Da Empoli en el libro del mismo nombre.
Finkelstein, un judío gay neoyorquino, en nada cercano a los valores de Orbán o de Netanyahu, ideó para ambos una campaña despiadada, que los elevaba al lugar de auténticos patriotas llamados a derrotar a sus adversarios progresistas, por oposición, traidores a la patria. Agitando la ira contra la inmigración musulmana y la Unión Europea (Orbán) y el desprecio contra aquellos que no podían ser considerados auténticos judíos (Netanyahu) consolidaron su hegemonía fracturando a la sociedad.
Las estrategias del asesor presidencial Santiago Caputo provienen de ese universo.
Los valores de Milei ¿en retroceso en Occidente?
Como se mencionó semanas atrás, los valores que dice representar Milei parecen estar sufriendo un retroceso en Occidente. Las encuestas anticipaban la derrota de Orbán y las ultraderechas tuvieron reveses electorales en Francia, Italia, Alemania, España y Portugal. La imagen de Trump se deteriora: ayer posteó una imagen de él como Cristo y atacó al papa León XIV. A poco más de seis meses de la crucial elección de medio término, puso en riesgo su alianza con la derecha religiosa de EE.UU. Y fue repudiado por la primera ministra italiana Giorgia Meloni, una aliada que toma distancia.
Las adversidades actuales de Milei obedecen a otras razones, o no tanto. Pero seguro sintonizan.
ML