martes 03 de agosto de 2021
COLUMNISTAS Liderazgo
26-06-2021 22:57

Una hegemonía, dos sistemas

26-06-2021 22:57

Analicemos la historia reciente como la “realidad de un proceso en su totalidad” en términos de Hegel. De esta forma, podemos razonar bajo estas premisas que serán útiles para romper con la grieta internacionalista en sus dos miradas epistemológicas –empiristas versus interpretativistas y realistas versus constructivistas–; pero sobre todo en su expresión política normativa –un sistema mundial con asimetrías naturalizadas– o una comunidad internacional con capacidades de gobernanza distributiva.

La dialéctica de la historia moderna se expresó de manera impensable: un comunismo soviético “oriental no asiático” (tesis) fue derrotado por un capitalismo occidental (antítesis). Ahora se ha generado una confluencia entre el capitalismo triunfante como estructura económica del mundo, que ha construido una potencia que lo asimila y lo gobierna desde un Partido Comunista centenario (síntesis).

La hegemonía unipolar capitalista que gobernó desde la segunda posguerra expandió ese sistema de producción y estructuró el mundo entero con su traslado matricial al Asia, para completar su lógica de expansión y su totalidad sistémica.

Si bien puede situarse la muerte de Mao Zedong como el inicio del despegue del país en 1976, éste tiene lugar en el tercer plenario del XI° Comité Central del Partico Comunista Chino en 1978 al enunciarse las Cuatro Modernizaciones: la defensa, la agricultura, la industria y la ciencia/tecnología; los Cuatro principios Cardinales de 1979: la vía socialista, la dictadura del proletariado, el liderazgo del partido y el marxismo-leninismo-maoísta; y la creación de las Cuatro Zonas Económicas: Shenzhen, Zhuhai, Shantou y Xiamen para la atracción del capital internacional.

A su vez, la incorporación de China a la OMC en 2001 ha obligado a este país a realizar reformas para la desregulación de las inversiones y diluir el estatismo centralizado –tan bien analizado por John Leonard en La OMC define el futuro de China–.

Capitales norteamericanos, europeos y japoneses –con incentivos estratégicos de sus gobiernos– han “conquistado” el país del centro pensando en su mercado y su población. Lo que lograron fue trasladar la lógica del capital justamente a la zona del mundo que iniciaba su modernización y el nuevo equilibrio del mundo. El resultado fue crear su propia contra-hegemonía que ahora disputa cada espacio de su desarrollo.

Todos los indicadores que iremos desarrollando a lo largo de otras columnas, muestran un ascenso difícil de detener: se acelera el liderazgo en el capital financiero, las bolsas de valores, la inversión extranjera directa, las exportaciones y las importaciones, la producción de bienes y servicios y el PBI. Queda el contrabalanceo del poder militar con Estados Unidos, pero este indicador es difícil colocarlo en una hipótesis de conflicto tradicional –y menos aún nuclear– por el costo para ambas partes en su posible actuación.   

Ahora bien, este crecimiento imparable que se sustenta en la modernización y la apertura económica, se consolida a partir de un partido único que afirma sus principios. Entonces, debemos plantear dos cuestiones centrales: ¿La dinámica económica se trasladará a un cambio de su sistema político? y ¿qué nuevo orden mundial emergerá si el régimen interno influyera en una nueva normativa internacional?

El mundo estará regido en su totalidad por las leyes del mercado como sistema económico y gobernado por una potencia hegemónica cuyo sistema político es completamente diferente a las poliarquías de occidente: ¿estaremos ante una nueva hegemonía bajo dos sistemas?

A partir de esto, tres expectativas se esperan de China: que se plasme la proclama sobre la “Diplomacia para la paz y el Desarrollo” de 1984 basada en la cooperación, el “Nuevo Concepto de Seguridad” de 1997 que instala el valor de la seguridad cooperativa y el “principio de desarrollo pacífico” definidos por Hu Jintao oportunamente.

*Politólogo y Doctor en Ciencias Sociales. Profesor e Investigador de la Universidad de Buenos Aires.

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