viernes 23 de julio de 2021
COLUMNISTAS Investigación
02-09-2020 07:27

Caso Facundo Astudillo Castro: "La verdad molesta"

El periodista Germán Sasso, responde a las acusaciones del abogado Leandro Aparicio, quien denunció al medio La Brújula por "plantar pruebas y desviar la investigación".

02-09-2020 07:27

Ejercer el periodismo de investigación es una tarea muchas veces ingrata. La búsqueda de la verdad no siempre viene acompañada de aplausos y lisonjas. Intentar recrear la verdad histórica de un hecho puede incomodar.

En la investigación por la desaparición de Facundo Astudillo Castro, la hipótesis planteada por la querella se fue alejando de la prueba objetiva (y subjetiva) que se acumulaba en la causa judicial. Se fue armando una tesis mediática, llena de mentiras y falsas interpretaciones, muy diferente a la que reconstruía el expediente.

Como padre uno se compadece del inconmensurable dolor de una familia que perdió a su ser querido. Uno lamenta que la revelación de las pruebas del caso incomode a la querella, pero no hay otro camino posible. No podríamos seguir ejerciendo este oficio si repitiéramos como un mantra la historia instalada por abogados que asesoran a los dolientes. Honrar este trabajo y la memoria del joven significa perseguir la verdad sin claudicaciones. Y lo seguiremos haciendo aunque sigan los ataques y difamaciones por "sacar los pies del plato" y no comprar el guion que tantos medios decidieron repetir.

La causa en cuestión comenzó a tramitarse el 5 de junio, más de un mes después de la desaparición de Facundo. Ese día su mamá radicó la denuncia y comenzó la investigación. En las primeras semanas intervino la Justicia provincial. El 4 de julio, la actual querella, presentó a tres testigos que declararon haber visto a un chico, de similares características, acercarse a un patrullero.

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Según los declarantes, el día 30 de abril –cuando Astudillo Castro salió de Pedro Luro hacia Bahía Blanca–lo vieron acercarse a un patrullero cerca del acceso a Mayor Buratovich. Esos testimonios son los únicos en lo que la querella basó su teoría de desaparición forzada. Tras ello, la Policía Bonaerense fue apartada de la investigación y la Justicia ordinaria giró la causa a la Federal, ya que el delito que se planteaba es de su exclusiva competencia.

Antes de enviarla a su par Santiago Martínez, el fiscal Rodolfo De Lucía dejó en claro que hasta el momento en que se despidió del expediente no había encontrado un sólo indicio de la participación de la policía en la desaparición del joven. Así las cosas, comenzaron a investigar las fuerzas federales a órdenes del fiscal Martínez. Se llevaron a cabo cientos de medidas de prueba con el único objetivo de confirmar o descartar la participación de la Policía en la desaparición. En dos meses y medio de investigación no sólo no encontraron evidencia que abonara la hipótesis de la querella, sino que todos los elementos recolectados la desmentían.

En la reconstrucción del recorrido de Astudillo Castro se acreditó que no fue secuestrado en Mayor Buratovich, sino que siguió camino por la Ruta 3 hacia Bahía Blanca. Las circunstancias reales se certificaron con testigos -ajenos a la policía- y con prueba dura como ser antenas de teléfonos, geolocalización de los patrulleros y lectoras de patentes, entre otras. el joven tuvo contacto con policías a lo largo de todo ese trayecto. Y así quedó demostrado en la causa. Pero ninguno de los cuatro efectivos acusados por la querella lo desapareció.

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Los de Mayor Buratovich lo infraccionaron por violar la cuarentena, luego una efectivo de civil lo acercó desde ese pueblo a Origone. Y ya en Origone, y ante el llamado de un peón rural y una estudiante, que señalaron que un chico estaba circulando por la ruta, otro policía -de apellido González- concurrió a identificarlo. Las comunicaciones y el movimiento del móvil policial quedaron demostrados con informes técnicos. En resumen, en el mismo momento -a las 15.30 del 30 abril- en que la querella afirma que lo estaban secuestrando en Buratovich, el joven, en realidad, ya estaba en el próximo pueblo: Origone.

Los testigos acercados por la querella mintieron o se confundieron. Luego, para completar el recorrido realizado por Astudillo, los investigadores obtuvieron el testimonio de una productora rural. La mujer relató un episodio, que es calcado al del policía González, que sostuvo que luego de identificarlo afirmó que el joven subió a una camioneta negra.

Es su declaración, la testigo cuenta que estaba haciendo dedo al lado de un patrullero en cercanías al acceso a Origone, que lo llevó y que lo dejó en las vías del Ferrocarril. Allí, le manifestó que pretendía llegar a pie a Bahía para evitar nuevos controles. La veracidad
de la testigo no solo quedó objetivada por una lectora de patentes que registró el paso de su camioneta -que coincide en el tiempo y el lugar donde lo levanto-  sino porque también relató cosas que sólo le pudo contar Facundo. Y que constan en la causa. El cuerpo hallado en el cangrejal está próximo a las vías por las que transitó para llegar a la ciudad.

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Además del dato que aportó la productora rural, el teléfono de la víctima comenzó (después de las 16) a tomar señal de una antena ubicada en la zona portuaria de Bahía Blanca. Es decir, se acercaba a la ciudad. El aparato estuvo activo hasta pasadas las 20 horas de ese día. En uno de los últimos mensajes registrados, habló con un amigo y le contó que estaba sin señal y sin batería. Poco después no hubo nunca más movimiento. Los investigadores creen que algo le sucedió allí, en un lugar que es una trampa en horas de la noche. La respuesta final, probablemente, la den peritos y científicos.

A contramano de la evidencia acumulada en la causa, la querella sostiene un expediente exclusivamente mediático. Y afirman, según sus elucubraciones, que Astudillo Castro fue secuestrado y asesinado en Buratovich. Que luego el cuerpo fue trasladado más de 70 kilómetros para ser plantado.

Para que la tesis querellante cierre, debió producirse una conspiración con niveles de la KGB o la CIA. Los ignotos policías de Villarino debieron contar con la complicidad de un ejército de personas. Además de que todas esas personas debían estar organizadas y coordinadas para el encubrimiento, debieron realizar las siguientes acciones: ubicar testigos truchos en simultáneo al secuestro y se tuvieron que alterar las antenas de teléfonos y las lectoras de patentes.

La empresa privada que está a cargo del sistema de AVL de los patrulleros (ubicada en La Plata) debió estar en combinación con los intrascendentes efectivos de Villarino. El teléfono debió ser manipulado por sus asesinos o sus cómplices, que necesitaron buscar las antenas adecuadas para armar la coartada y, como si fuera poco, simularon ser el chico e intercambiar mensajes con el amigo y su exnovia.

¿Y la testigo clave que lo llevó hasta las vías? Para eso la querella parece ya haber fabricado una explicación: hicieron un casting y le plantaron un doble muy parecido para confundirla. Lo vistieron igual y con un speech aprendido. Y todo eso debió suceder en el mismo
instante en el desparecían al verdadero Si lo ves en Netflix no lo crees. Un insulto a la inteligencia. Y a la memoria del pobre Facundo.

*Germán Sasso es periodista y editor de La Brújula 24, de Bahía Blanca.