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Vida y destino

1-11-2020-Logo Perfil
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Alguna vez, alguien verdaderamente dotado para el género biográfico debería escribir  la historia de una vida concebida como el arte del zigzag. Pienso, como objeto posible de su arte, en alguien que hoy es solo una nota al pie en un libro perdido.  Se trata de Néstor Ivanovich Mahkno (1888-1934), un anarcocomunista ucraniano que comandó el pomposamente llamado Ejército Insurreccional Revolucionario Independiente de Ucrania, que se conoció también como Ejército Negro (tal vez para distinguirse del Ejército Blanco, nostálgico del zarismo, y del Ejército Rojo, bolchevique). Su ejército jugó un papel durante la guerra civil de los primeros tiempos de la Revolución Rusa. Mahkno  buscaba crear una sociedad anarquista y apátrida organizada  sobre la base de comunas libertarias de obreros y campesinos, algo, obviamente, muy distinto de los rígidos y verticalistas soviets, y defendió el territorio del Sur de Ucrania de los ocupantes alemanes –que tanto habían auxiliado a Lenin– y de los nacionalistas de su país.

Con la sangrienta inercia de la época, los bolcheviques terminaron desplazándolo y Mahkno se exilió en París, donde no se sabe si conoció a Nabokov y a Joyce. Lo curioso es que previamente se había puesto del lado rojo para derrotar a los blancos. Colores aparte, en esa mezcla terminó perdiéndose. Desgastado por el signo de los tiempos, murió anónimamente en la cama desvencijada de un cuarto de hotel empapelado de flores rosas. Sus últimas palabras fueron: “La vida es compleja y estoy confundido. Enciendan la luz”.