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Grooming

Videojuegos interactivos: alerta pedofilia

Los videojuegos en línea son, cada vez más, un lugar óptimo de cacería para los groomers: pedófilos que piden contenido erótico a menores de edad mediante internet. A través de un chat, los criminales se acercan a su víctima para entablar, primero, una relación de amistad online. La industria de los videojuegos crece, y seis de cada diez chicos que juegan en la web son menores de 12 años.

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Grooming. | shutterstock

El groomer es, en pocas palabras, un pedófilo que utiliza internet para llegar a sus víctimas. “Su intención principal es poder generar contenidos íntimos con connotación sexual”, define Felipe Sala, director ejecutivo de la ONG Faro Digital, dedicada al estudio de la ciudadanía en los territorios digitales. 

“El primer mito que hay que desandar es que no siempre los groomers son ‘viejos verdes’, ni siempre son desconocidos. El grooming es el abuso de una persona mayor a un menor: alcanza con tener más de 18 años. Cada vez se ven más los casos de personas que tienen relación con el menor y que aprovechan la instancia digital para conseguir una comunicación directa con la víctima; contacto que no consiguen fuera de línea. Existen, en menor medida, casos de groomers mujeres”, introduce Sala. 

“El groomer es muy hábil porque sabe en qué tipo de personaje convertirse para atrapar la atención del niño. Es un psicópata y es una persona a la que no le interesa el daño que causa”, indica Marcela Scarafia, perito con experiencia en delito de grooming, psicóloga forense y magíster en neuropsicología. 

La consultora Newzoo, que se dedica a la investigación del mercado de videojuegos, estima que a finales de 2023 el mercado global de juegos generará ingresos de 187.700 millones de dólares, un crecimiento interanual de 2,6%: definitivamente, una industria en crecimiento.

Además, seis de cada diez niños que juegan al Fortnite, uno de los videojuegos más populares, son menores de 12 años, de acuerdo con un informe de las universidades españolas de Cataluña y de Lleida. De modo que cada vez son más pequeños los menores expuestos a las redes. 

Hay juegos web que son individuales –los más recomendados para los menores de edad– y otros que son interactivos; es decir, que los jugadores pueden relacionarse a través de la plataforma, mediante diversos chats, con otros jugadores. Es en este grupo donde el peligro existe. 

El paso a paso. “Son mayormente hombres. El 99% de los groomers son varones y, por supuesto, esconden su identidad. Se hacen pasar por un niño o por un adolescente y comienza, en primer lugar, un trabajo de ingeniería social del niño. Es decir, tratan de ver cuáles son sus gustos, cuáles son sus intereses, sus tendencias y, entonces, así, acceder a la empatía del niño y captar su atención”, explica Scarafia. 

“A partir de ahí intentan convertirse en su amigo y jugar con el niño o con el adolescente. Y luego, después de que se aceita la relación, empiezan a develar secretos, cosas más personales, inventan situaciones del estilo ‘me llevo mal con mi papá’, ‘tuve un problema con un amigo’, por ejemplo. E invitan al menor a que comparta este tipo de intimidades también. La relación se va estrechando en búsqueda de la empatía del otro. El groomer, de alguna manera, se plantea como víctima de una situación fea o desagradable, y esto despierta la compasión del menor y las ganas de compartir su propia vida privada. Se vuelven confidentes y el groomer se convierte en un apoyo para el niño o el adolescente”, relata la licenciada. 

“Últimamente, y cada vez más, los groomers o abusadores sexuales, entran en contacto con niños, niñas y adolescentes a través de videojuegos, plataformas de streaming o redes sociales. En primera instancia, lo que se busca es generar un vínculo de confianza. Por esto, de un chat de videojuegos se puede pasar a conversar por cualquier red social o bien por Whatsapp, Telegram u otro servicio de mensajería. La idea es generar una conversación privada”, indica el especialista Sala.

“Luego de generada esta intimidad, y una vez que se aseguran que su víctima no tiene vínculos sólidos de confianza con otras personas adultas de su entorno, comienza la manipulación. Pueden pedir un secreto o cualquier información que les permita ir escalando en la extorsión hasta obtener imágenes, audios o textos de contenido sexual. Los casos de grooming no siempre buscan generar encuentros presenciales, pero sí pueden ser un puente para otros delitos”, afirma. 

“El groomer contiene al menor, lo orienta, y también se divierten juntos. El niño o adolescente empieza a depender emocionalmente del groomer. Incluso hay algunos menores que prefieren la compañía del groomer a pasar tiempo con sus propios pares. En general, mientras más solitario se sienta el niño, mientras más aislado se sienta de su grupo, más fácil le va a resultar al groomer captarlo”, coincide Scarafia.

“Después empieza la etapa de seducción. El groomer comienza a invitarlo a sacarse fotos, con algunos signos de desnudez, como sin la remera o sin el pantalón. Y después empieza a pedirle otro tipo de imágenes, más explícitas. Lo que trata de hacer es familiarizarlo con imágenes y actitudes sexualizadas. Puede ser que el niño o el adolescente se resista, y ahí llega la extorsión emocional diciéndole ‘yo soy tu amigo’ o ‘voy a dejar de ser tu amigo’, ‘mirá todo lo que hice por vos’, ‘vos no me querés’, ‘es mentira que sos mi amigo’”, relata la perita.

Continúa: “Así, el niño empieza a ceder. Hasta que escala a situaciones más graves, y cuando el menor se resiste con mayor firmeza, empiezan las amenazas de que va a difundir todas las fotos y todos los videos que ya tiene. El niño está tan atrapado que ya no puede salir. También, por supuesto, el groomer no quiere que los padres se enteren de lo que está haciendo el chico porque ‘es un secreto entre los dos’”. 

Espacio público. “Internet es un espacio público más, como lo es la calle. Sin embargo, las redes, las plataformas digitales y los videojuegos aparecen como espacios individuales, en donde el mundo adulto no acompaña a los niños, niñas y adolescentes en sus trayectorias. Lo virtual es real y muchos de los peligros de las redes son problemas sociales que siempre existieron y existen fuera de línea, como la pedofilia”, dice Sala. 

“El equilibrio entre la libertad de recorrer el espacio web y el cuidado ante los peligros se llama autonomía progresiva. Para poder lograr la independencia de chicos en internet hace falta que las personas de confianza que acompañan, madres, padres, cuidadores, familias, docentes, creen instancias de escucha y diálogo para conversar sobre lo que pasa en la web. La mejor receta para el cuidado y el acompañamiento es estar presentes, conversar con ellos, que sientan que estamos para ayudarles, no desde la vigilancia o control, sino desde el cuidado y el respeto. Del mismo modo que preguntamos cómo te fue en la escuela, es clave preguntar cómo te fue en internet”, explica.

El grooming es un delito desde el año 2013, con la Ley 26.904, que incorpora el artículo 131 del Código Penal: “Será penado con prisión de seis meses a cuatro años el que, por medio de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos, contactare a una persona menor de edad, con el propósito de cometer cualquier delito contra la integridad sexual de la misma”. 

El artículo comenzó a delimitar el delito de grooming, y se consolidó en 2020 con la Ley Mica Ortega (27.590), que lleva el nombre de una niña de 12 años asesinada en abril de 2016 cuando fue contactada por un pedófilo por internet. 

La popularmente llamada Ley de Grooming es un Programa Nacional de Prevención y Concientización del Grooming o Ciberacoso contra Niñas, Niños y Adolescentes. En la norma se recomienda a los menores utilizar perfiles privados en las redes sociales y se remarca la “importancia de conservar todas las pruebas tales como conversaciones, mensajes, capturas de pantalla, etcétera, en caso de haberse producido una situación de acoso”. 

“Frente a los perfiles falsos, la clave es dejar la investigación en manos de la Justicia, y como familias acompañar a los chicos y a las chicas en cualquier circunstancia que les pueda generar incomodidad. El grooming es responsabilidad total de quien lo comete, no de quien lo sufre. Sin embargo, el groomer hace sentir responsable a su víctima y suele amenazarla con hacer público el contenido. Emociones como la vergüenza y la culpa son buscadas por el acosador para que los chicos no se acerquen a hablar con personas adultas de su confianza, mientras que ellas tampoco se acercan a sus hijos porque creen que Internet es un espacio individual. El producto de esta realidad es más soledad para las víctimas”, indica Sala. 

“Es clave trabajar desde la prevención, más que reparar un daño ya hecho. Construir vínculos en donde el diálogo acerca de lo que hacen, les pasa o sienten en internet esté presente. Es clave no utilizar la tecnología como premio o castigo y tener el abrazo pronto para cuando los chicos y las chicas se nos acerquen a contarnos que algo en la web les incomodó. Es fundamental que los chicos sepan que como personas adultas estamos para cuidarles y ayudarles y no juzgarles o prohibirles”, concluye.