miércoles 25 de mayo de 2022
CóRDOBA ANÁLISIS Y PERSPECTIVA
13-03-2022 00:33

El hombre masa: “¡Argentinos, a las cosas!” (Ortega I)

13-03-2022 00:33

El hombre-masa es el vaciado de su historia, sin anclaje en el pasado y, por eso, dócil a todas las teorías irracionales. Tiene solo apetitos, cree que tiene solo derechos y no obligaciones: es un ser sin la nobleza que obliga, el “snob”. Es un caparazón y cultor natural de los “Idola Fori” a los que se refiere Francis Bacon. Los ídolos del Foro son los que propagan el fanatismo y los dogmas que conducen a la tiranía.

Somos lo que hacemos y lo que nos pasa (“yo y mis circunstancias”), y por lo tanto, se puede escapar de la “masa” si la “razón vital” se toma como modelo de superación de la razón pura. Esta es insuficiente para la vida noble. Luce superador salir de la “masa” para integrar la minoría selecta. No obstante, ella tiene como fin conducir a las masas por el camino de la racionalidad. La deserción de las minorías ha sido, en Europa, demasiado frecuente desde 1750, mediante la demagogia, para para convencer y convertir al pueblo en instrumento de la ambición.

A fines del Siglo XIX la burguesía europea entró en un estado de conformidad abúlica; las masas emergentes del fenómeno tecnológico irrumpieron en el lugar de las minorías selectas. Ya para principios del siglo XX era claro que las masas de Europa habían abandonado el “ethos”. Los griegos asimilaban la palabra a la predisposición para hacer el bien; la ética. La crisis consecuente, más el “hermetismo” sobre el pasado clásico, planteó la posibilidad cierta de que la vitalidad de Europa degenerara en barbarie. Felizmente, el fascismo, nazismo y comunismo, naufragaron.

Esta crisis (en sentido griego de  proceso de transformación en el que no se puede mantener el sistema antiguo), fue abordada entre 1927 y 1937 por Don José Ortega y Gasset. “La rebelión de las masas” es su libro que se comenzó a publicar en 1927 en forma de artículos en el diario El Sol de Madrid. En 1937 escribió un “Prólogo para franceses” y un “Epílogo para ingleses”, los cuales deben leerse con el propio libro, pues carecen de sentido per se. Ortega llega a la visualización final de que Europa no manda en el mundo, no obstante no ve (en ese momento, 1930) un sustituto de peso. Por eso, mantiene su fe en la cultura europea que era, es y será única. Pero esto, en la medida que las minorías selectas logren educar a las masas.

El madrileño viajó por primera vez a Buenos Aires en 1916, para revertir la imagen de la “España atrasada”, mostrando que se podía “pensar en español”. Algunos despertaron de su letargo dogmático. Elogió nuestro “optimismo aspirante”, pero no dejó de señalar las carencias: “falta de disciplina interior, exagerada predisposición al énfasis, un escaso interés por la ciencia”. Temía que iniciáramos una etapa de “monologuismo” e incomprensión mutua. Siempre, Argentina fue más fácil de predecir.

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