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El Topo, entre Córdoba, los Wallabies y su taxi en Sidney

11-7-2021-Topo Rodríguez
Ahora da charlas de coaching, fundó y dirige la Bipolar Educación Foundation y el ERC Group y es reconocido en todo el mundo. | CEDOC PERFIL

Fue consagrado como “Mejor Pilar de la Historia del Rugby” en el 2020 por una Junta de Notables. Se formó en Córdoba, en la Ciudad Universitaria y Villa Warcalde y también fue taxista encubierto en Sidney.

Le decían El Topo y cuando dejó de ser capitán de los Wallabies la vida se le puso difícil. Se le manifestó el llamado trastorno bipolar y él, que por su edad debió retirarse del rugby, tuvo que aprender a dominar ese problema, el mismo que tuviera, desde siempre, Winston Churchill.

Por necesidad empezó a trabajar de peón de taxi en Sidney. Y le pasaban cosas curiosas. En uno de los países del mundo donde el rugby es casi una religión, él, el argentino que casi no hablaba inglés, había llegado ser el Sumo Sacerdote: el capitán del Seleccionado, los Wallabies.

Por eso la gente que subía al taxi casi siempre lo reconocía. Le preguntaban si él no era Rodríguez, “El Topo”. Y él lo negaba: les decía que ojalá lo fuera. Que si fuera ese Topo tan famoso no estaría en ese momento, ahí.

Hasta se daba el caso de que él les pedía que le hablaran de ese jugador tan destacado, porque muchos ya lo habían confundido antes. Así, le relataban jugadas heroicas e inolvidables que hasta él había olvidado que había protagonizado.

¿De qué cueva había salido este Topo? Aunque nació en Concordia, se formó jugando en Universidad Nacional, el equipo de la UNC, el de la Ciudad Universitaria, en Córdoba.

Luego, brilló en el mítico Tala, de Villa Warcalde, ese club al que el Dr. Carlos Bassani Arrieta dotara, como entrenador, de una mística casi espartana. Cuando en Buenos Aires no pudieron mirar más para otro lado, lo convocaron a Los Pu,as, aún siendo del interior.

El Topo no era un hombre, precisamente, de fortuna. Tenía una cantina en la Ciudad Universitaria, cerca de la cancha de hockey y de rugby. Cuando jugaba en Los Pumas los sábados viajaba a Córdoba y llegaba el domingo justo a tiempo para entrar a la cancha a jugar para el Tala, la segunda parte del partido del torneo local, en medio de la euforia de sus simpatizantes.

No había habido mucha magia en la creación de un jugador así. Gran parte de la capacidad para jugar se la dio, a este hombre de estatura y físico normal, el tener una enorme voluntad para trabajar con pesas en el gimnasio. Y para transformar totalmente su cuerpo. A tal punto que terminó él poniendo un gimnasio donde trabajaba, en calle Lavalleja, en el tradicional barrio Alta Córdoba, con un nombre no muy creativo pero inconfundible: Topo's.

En el puesto de pilar, el más duro que siempre tuvo el rugby, él fue el más duro. Algunas revistas europeas lo consideraron el mejor pilar del mundo. Cuando en el 2020 una Comisión de Notables eligió al Mejor Pilar de Todos los Tiempos, el veredicto fue unánime: era el Topo Rodríguez. Y cuando en Australia, en el ‘83, los Wallabies se cansaron de perder en las formaciones fijas frente a esos argentinos que tenían el mejor scrum del planeta y que le hicieron, en un partido, dos tries humillantes con esa instancia del juego, empezaron a ver qué hacían para mejorar.

El Topo había quedado, tras esa gira, maravillado con Australia. Y decidió ir a vivir allá con su familia, a los 32 años, cuando ya creía que su carrera deportiva estaba casi terminada. Cuando los Wallabies se enteraron de su llegada al país se sorprendieron.

Cuando empezó a jugar en el club Warringah, lo convocaron. Lo hicieron jugar para ellos y le pidieron que les enseñara sus secretos como pilar. Terminó siendo su capitán. Algunos argentinos dijeron que recibía un sueldo como jugador -es decir profesional- algo prohibido en ese momento. El Topo era un profesional, sí. Pero del esfuerzo, del gimnasio y de la voluntad. Además, era un caballero en la cancha. De una época en el que el respeto se imponía mediante una mirada o un acto de coraje, él era respetado como ninguno.

Ahora da charlas de coaching, fundó y dirige la Bipolar Educación Foundation y el ERC Group y es reconocido en todo el mundo. Nombrado embajador honorífico, vive entre Sidney y Argentina.

Escribió el libro The Art of the Scrum, un tratado increíble sobre esa formación que se lee en todo el mundo, aunque donde casi no se lee -ni siquiera se tradujo al español-, irónicamente, es en Argentina.

También da clínicas de rugby, en las que enseña, además de técnicas del scrum, el más importante secreto de esos gladiadores de la Vieja Guardia: ser leales en una cancha y sobretodo, afuera de ella. Tener valores, esos que no solo están en el rugby: los de la gente buena nomás. Los de cualquier deporte. Esos valores que tanto había antes. Esos que tanto necesitamos ahora, en todos los ámbitos. Están faltando más Topos.

(*) Autor de cinco novelas históricas bestsellers llamadas saga África