martes 07 de febrero de 2023
CóRDOBA ANÁLISIS Y PERSPECTIVA

@ELONMUSK

11-12-2022 00:32

Elon Musk compró Twitter el 26 de octubre, lo que abrió una nueva incertidumbre sobre el futuro de la compañía.

El genio cósmico y hombre más rico del mundo (por ahora), está embarcado, luego de comprar en un desesperado intento para revalorizar Twitter, cambiando ingresos de publicidad por suscriptores “blue” a un costo de US $ 8,99 mensual.

Musk se involucró a principios de este año cuando acumuló más del 9% de acciones. Después de anunciar que se había convertido en el mayor accionista de Twitter, Musk aceptó y luego rechazó de una oferta para formar parte del directorio. A continuación, ofreció comprar, con prima, amenazando con una adquisición hostil y finalmente firmó un acuerdo de compra. En semanas expresó su preocupación por las cuentas falsas y de spam y finalmente intentó rescindir el trato; Twitter demandó el cumplimiento y cuando la batalla se acercaba al juicio, Musk, concretó el acuerdo original.

Tras completar la compra por US$ 44.000 millones, despidió al CEO, a otros ejecutivos y a la mitad del personal. En un curioso enfoque maximalista de la “libertad de expresión”, plantea ahora indultar a los usuarios prohibidos y justifica (con su ejército de trolls) lanzar una guerra preventiva contra Apple; ésta odiaría la citada libertad al dejar de anunciarse en Twitter. Si Apple bloqueara Twitter de su tienda los nuevos usuarios no podrían descargar la aplicación en sus iPhones e iPads, y los existentes no podrían acceder a las actualizaciones. Twitter necesita desesperadamente a Apple.

Otro potencial anunciante que se perjudicó fue Eli Lilly, cuyas acciones cayeron, después de que la cuenta de su imitador, tuiteó “estamos emocionados de anunciar que la insulina es gratis ahora”.

Luce como que no entiende la libre expresión ni el libre mercado. El fracaso parece asegurado ya que, por un lado, combate a los anunciantes y por otro permite integrarse a la red a un universo de villanos; pocos pagarán US$ 8,99 para participar.

Burla general a los políticos. Los progresistas sostienen que la aplicación está muerta y que Musk la ejecutó. Sin embargo, Twitter está mofándose con un flujo de incongruencias (con la sustancia para mantenernos atrapados). Es que a Twitter no le importa la política de nadie; es un negocio, no un termómetro de rectitud. Musk se burla de los progresistas, pero también de la derecha, al twittear imágenes de “Pepe the Frog”, un símbolo popular de la ultra derecha. Así no tendrá ingresos por contratos con el Estado.

Vaticinio. Opino que Musk destruirá Twitter de la forma en que Facebook destruyó Friendster: provocará un largo período de declive, durante el cual la relevancia se disipará a medida que el negocio muere. Incluso si algo como una bancarrota sucede, la plataforma seguirá funcionando mucho después de que haya dejado de cumplir una función significativa, pero su valor tenderá a cero.

Bancarrota e impuestos. De los US$ 44.000 millones, 22.500 han sido provistos por Morgan Stanley, garantizado por las acciones de Twitter y Testa de Musk; los 21.500 millones restantes han sido pagados por Musk, con la venta de otros bienes. El año 2022 de Elon tendrá un costo fiscal de al menos US$ 6.500 millones, por sus ventas; si el valor de Twitter y/o Tesla bajan, para reponer garantías Musk deberá inmovilizar o vender: en un caso habrá más intereses y en el otro más impuestos. La fortuna estimada en noviembre de 2022 en US$190.000 millones del “genio” ya ha bajado y disminuirá más en 2023; depende el momento, pero si Twitter quiebra en el próximo año, entre impuestos, disponible y bienes, Musk habrá malgastado, US$ 60.000 millones.

Parece que el temor de no llegar a tener el chip cerebral o no poder viajar a Marte, hace de Musk un temerario.

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