domingo 25 de septiembre de 2022
CóRDOBA ASUMIÓ MASSA

En economía no hay Mesías

07-08-2022 00:44

Argentina tiene una larga historia de déficit fiscal. Algunos señalan que la excepción fue el período que va entre 2003 y 2008. Pero el superávit en esa época se sostuvo gracias a la falta de movilidad de las jubilaciones entre el 2002 y el 2009 y el no pago de parte de la deuda pública. Si en eso años el devengamiento de estos gastos se hubiesen registrado en la contabilidad pública se llega a la contundente conclusión de que para el crónico déficit fiscal no hay excepciones en nuestra historia cercana.

El gobierno de Cambiemos sacó el gasto público escondido a la luz. Arregló con los acreedores externos y salió del default y con la Reparación Histórica les devolvió a los jubilados la movilidad perdida entre 2002 y 2009. Pero esto no se hizo con bajas de gastos en otras áreas o aumento en los ingresos sino con nueva deuda en dólares. En 2018 se desata la crisis cambiaria e inflacionaria y se plantea la meta de déficit primario 0. Pero nunca se llegó a cumplir manteniéndose la regla de que el Estado siempre gasta por encima de sus ingresos.

El Gobierno actual asume en este contexto y, pandemia y confinamiento mediante, expande aceleradamente el gasto público. Esta vez la principal fuente de financiamiento del déficit es la emisión monetaria. Los impactos de la pandemia se fueron moderando, pero no la escalada del gasto público. Guzmán planteó la necesidad de disminuir el déficit fiscal, pero la idea fue rechazada dentro de la coalición de gobierno. La expansión del gasto viene siendo generalizada, particularmente en planes asistenciales y fundamentalmente los gastos de subsidios para sostener una política de tarifas de los servicios públicos muy irracional. Luchando en soledad para enfrentar el descalabro fiscal, finalmente Guzmán renuncia.

Asume Batakis y plantea el mismo diagnóstico: la urgencia de reducir el déficit fiscal. Nuevamente aparecieron las resistencias, la aceleración de la crisis y el previsible final de una rápida renuncia. 

¿Qué le espera al nuevo ministro? La situación fiscal es extremadamente precaria. En los primeros 6 meses del año, el desequilibrio fiscal ascendió a 6,2% del PBI si se suma un 2,2% de déficit primario, 2,2% el pago de intereses de deuda del Tesoro y 1,5% el pago de intereses de deuda del Banco Central. Para semejante desequilibrio no se cuenta con acceso al financiamiento externo y el financiamiento interno está muy saturado. Esto obliga a incurrir en excesos de emisión que presiona sobre los precios, incluido el del dólar. Para morigerar las presiones inflacionarios al Banco Central trata de sacar de circulación los pesos que la gente rechaza emitiendo Leliq y Pases.

El problema de esta estrategia es que no es sostenible en el tiempo, porque las Leliq y Pases pagan intereses. Los intereses se han convertido en una “bola de nieve” que suman aún más al déficit fiscal. Para dar una idea de las dimensiones de esta “bola de nieve”, alcanza con tener en cuenta que en mayo la tasa de interés de las Leliq eran de 62% anual, en junio subieron a 68% anual y julio subieron a 80% anual.

¿Qué tiene Massa que no tiene sus antecesores? Hay dos diferencias muy notables. Por un lado, su mayor “volumen político”. No solo porque es un político con una larga trayectoria sino porque es uno de los socios
–minoritario, pero socio al fin– de la coalición de gobierno. La otra gran diferencia es su mayor “volumen comunicacional”. El mayor sostén político y mediático puede ser ventaja o una desventaja, según como se usen.

Serán desventajas si inducen a caer en la tentación de que se puede salir de la crisis sin abordar el descalabro fiscal. Ir por el camino fácil de algunas medidas o ajustes puntuales sobre la política cambiaria y financiera, pensando que con política y comunicación se puede revertir la crisis. La consecuencia de esta equivocación será que rápidamente la crisis se profundizará.

Mirado en perspectiva no sería la primera vez que se plantee que para los problemas de la Argentina alcanza con encontrar a la persona adecuada. La idea de que un Mesías nos saque de la crisis es tan cómoda como equivocada. Pero es una idea que viene prevaleciendo desde hace décadas en la argentina y explica buena parte de nuestra decadencia.

Massa, ¿el nuevo Mesías? La modestia de los anuncios en el Ministerio de Economía contrasta con la grandilocuencia del acto de asunción. Esto parece apoyar la teoría del Mesías, aun cuando el propio ministro dijo que no hay Mesías. Pero una sumatoria de gestos que ponen a la persona por encima de las ideas y a lo emotivo por encima de la racionalidad sugiere lo contrario.

Hay que reconocer que en las primeras declaraciones de Massa subyace el diagnóstico correcto: es urgente e imprescindible atacar el desorden fiscal. Nada nuevo respecto a lo que, en su momento, plantearon Batakis y Guzmán. El gran problema –que aparece de diferentes maneras en los tres ministros- es el cómo. En la faz instrumental hay mucho de voluntarismo y buenas intenciones y no son pocas las contradicciones e inconsistencias. 

Que se siga planteado como meta el orden fiscal es positivo. Pero en los aspectos instrumentales la única novedad relevante es que se plantea acotar los subsidios a la energía hasta determinado monto de consumo. Desde el punto de vista de atenuar el acelerado crecimiento de los subsidios energéticos, esto parece más práctico que el intrincado esquema de la segmentación por nivel socioeconómico. Pero, si bien faltan precisiones, no hay certezas de que sea suficiente como para torcer la tendencia a un crecimiento explosivo de los subsidios.

El resto de los anuncios entran en el terreno de los enunciados voluntaristas o directamente en el de las contradicciones con respecto al dramático diagnóstico que se plantea como punto de partida. Por ejemplo, se anuncia que se va a dar un bono a los jubilados por encima del aumento que les corresponde trimestralmente por la movilidad jubilatoria o que se fortalecerá las cooperativas que gestionan los planes asistenciales cuando son estas organizaciones –en las cuales el gobierno a “privatizado” la gestión de las asistencia social- las que presionan por un aumento descontrolado del gasto en planes asistenciales–.

Es prematuro trazar conclusiones. Pero ante la gravedad del problema fiscal acumulado y la liviandad y contradicciones de los anuncios, no viene mal enfatizar que en economía no hay Mesías, como lo dijo el propio ministro. Esto no se arregla solo con despliegue político y comunicacional. Se necesita mucha audacia y seriedad para revertir la tendencia a la aceleración de la crisis.

Coordinadora de Investigación de IDESA Argentina

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