lunes 30 de enero de 2023
CóRDOBA ANÁLISIS Y PERSPECTIVA

Fútbol: la belleza prevalece

18-12-2022 00:34

Para Juan José Sebreli, en el fútbol, todo es criticable; está a tiempo de leer a Jonathan Wilson o de asistir a un partido.

En el libro “La era del fútbol” (1998) el ensayista analiza destructivamente al masivo deporte: critica al hincha y al jugador; analiza la violencia, las barras bravas, y a la “turbia” relación del futbol con la política y los medios. Más de 300 páginas son muy difíciles de resumir, no obstante, acá va un intento.

Para humillar al nacionalismo populista, destaca que es un producto de la clase alta inglesa del siglo XIX; al convertirse en uno de la clase baja, fue abandonado por la burguesía. En Argentina, entre 1890 y 1940, habría surgido la exaltación de su popularidad, por motivos políticos nacionalistas. La teoría del fútbol criollo habría sido la precursora del nacionalismo populista, que se instaló en 1943. En la última fase, el profesionalismo y la mediatización hicieron del fútbol una pasión de todas las clases sociales. El dirigente, el hincha y el ídolo serían una “micro sociedad” de la cual se pueden inferir las tendencias de la “macro sociedad”.

Escribe que no hay razones del por qué una persona es adicta a un equipo; no existe un balance racional en la elección y nunca es una actividad destinada al goce del juego. El sufrimiento es la regla y, el hincha, padecería una enfermedad mental no clasificada.

La violencia en el futbol sería “de masas”, ya que no se reduce a las barras y sería global, como un resabio genético arcaico. Incluye dentro de los violentos a los cronistas deportivos.

El jugador profesional, que solo “produce dinero para su contratante”, viviría su carrera alienado, neurótico y angustiado; las concentraciones, la necesidad de rendimiento, la incertidumbre contractual y el temor a las lesiones, lo transformarían en un ente en las antípodas de la salud mental y física, propios del deporte.

Cada vez más jugadores están ganando montos desmesurados por la televisión y los sponsors; para ello “deben mantener la complicidad con los turbios negocios de la dirigencia”. Algunos elegidos tienen la categoría de ídolo; el “crack”, vive con la obligación de mantener su fama. Los interesados se ocuparían de utilizar ese ícono con oscuros fines de manipulación social. Por su parte, esa gente “se proyecta en él, con sus sueños, aspiraciones, fobias y temores”.

El implacable análisis continúa con la analogía entre el fútbol y la religión, donde el ritual es el juego y el estadio el templo. Al tener como fin suprimir el erotismo, afirma, suplanta el placer sexual por el del movimiento. También infiere que entre los jugadores hay actividad homosexual y de ellos (inconscientemente), con los dirigentes.

Clasifica al futbol dentro de los fenómenos irracionales y como una regresión de la libertad social. Pero concluye en que resulta utópico suponer la posibilidad de cualquier cambio.

Jonathan Wilson: el enfoque lúdico. He elegido el libro de Sebreli ya que habiendo leído mucho sobre fútbol no he encontrado otra obra tan soberbia, destructiva e inútil: todo lo malo que pueda decirse o imaginarse del fútbol está allí. Creo que, como tiene tantos seguidores, los intelectuales lo aborrecen; son los que jamás jugaron al fútbol, nunca fueron dirigentes, ni concurrieron a un Estadio a alentar o a disfrutar de las destrezas de los jugadores para ver el deporte más hermoso del mundo, la “dinámica de lo impensado”.

No osaré refutar a un “erudito vano” mimado por los medios. Solo me animo a sugerir que le sería útil asistir a un partido cualquiera. Y leer la columna (09/12/2022) del periodista Jonathan Wilson (el mejor escritor de fútbol desde 2012), publicada por “The Guardian”, en la que expresa que Lionel es “un emblema de la fragilidad transitoria de la belleza humana, de la eterna marcha del tiempo”. Se lamentó así, en un tono poético,  de que Messi esté jugando sus últimos partidos.

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