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CóRDOBA / Coronavirus
domingo 5 abril, 2020

Hemoderivados proyecta un tratamiento para Covid-19 con plasma de pacientes curados

El Laboratorio de la UNC elevó al Ministerio de Salud de la Nación un pedido para desarrollar anticuerpos -inmunoglobulina- obtenidos de la sangre de pacientes recuperados. Se podría utilizar en enfermos graves.

REFERENTE. El Laboratorio de Hemoderivados es la única planta en Sudamérica que puede procesar insumos derivados de la sangre. Foto: Cedoc Perfil
domingo 5 abril, 2020

El Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba se enc uentra trabajando para desarrollar un tratamiento contra el coronavirus utilizando la sangre de pacientes curados de la enfermedad. El laboratorio cuenta con la capacidad de emplear el plasma de los pacientes que hayan desarrollado anticuerpos contra el COVID-19 y transformarlos en inmunoglobulina, que se aplicaría en pacientes en grave estado.La propuesta fue llevada al Ministerio de Salud por parte de Hugo Juri, el rector de la casa de estudios, y en este momento se encuentra bajo proceso de estudio por parte del organismo que conduce Ginés González García.

Gabriel Tavella, director Ejecutivo de la institución universitaria dialogó con PERFIL CORDOBA y explicó que “el laboratorio está en condiciones de producir inmunoglobulina enriquecida a partir de sangre de pacientes curados de coronavirus”. “Hemoderivados, a través de su rector, le elevó el informe al Ministerio y ellos se comprometieron a brindarnos su apoyo. El tema es que aún hay variables que no podemos manejar, ya que no sabemos cuántos pacientes van a estar en condiciones de donar sangre y cuántos van a querer. Mucho va a depender de cómo evolucione la crisis”, agregó y destacó que en Córdoba se encuentra la única planta en Sudamérica que puede procesar insumos derivados de la sangre y desde hace más de 50 años produce inmunoglobulina”.

Acerca de las posibilidades de contar con inmunoglobulina anti COVID-19 ‘made in Córdoba’, Tavella pidió cautela y remarcó que hay tiempos científicos y procesos que deben cumplirse para avanzar. “Estamos ante una epidemia donde es todo nuevo. Los tiempos los dirá la marcha de la epidemia, la disponibilidad de sangre y la capacidad de titularlo, entre otros factores. Es un proceso lento, los donantes tienen que cumplir un protocolo que aún no está estudiado porque es una enfermedad nueva, pero se está avanzando. Si le ponés anticuerpos a una persona extraídos del plasma de otra persona debe haber protocolos respecto a cómo manejarse”, agregó.

“En España ya hay un protocolo y seguramente acá esté en poco tiempo. En todo el mundo se está trabajando contrareloj. Una vez que se cumpla el proceso, se puede comenzar con la extracción sistemática de sangre de pacientes recuperados, una de las claves para avanzar con la generación”.

Tiempos. Si el Ministerio de Salud decidiera avanzar en este desarrollo y dieran su conformidad de extracción de plasma los pacientes curados (con la correspondiente verificación de que hayan desarrollado anticuerpos), a partir de allí se podría comenzar a elaborar inmunoglobulina, proceso que dura alrededor de dos meses. “Una vez que se recolecte un volumen adecuado, ese plasma entra en un proceso de producción industrial, el cual incluye tiempos biológicos ya que se realiza, por ejemplo, una cuarentena del producto que hace que desde que ingresa el plasma hasta que se lo saca a distribución transcurran unos 60 días. Eso son los tiempos del proceso industrial ya que uno debe tomar una serie de recaudos”, añadió Tavella.

Respecto al impacto que tendría este producto en los pacientes enfermos, Tavella graficó: “Si vos le ponés a una persona anticuerpos generados contra una determinada enfermedad, hay una acción terapéutica clara. La medición de esos resultados se puede hacer una vez que tenés una muestra importante de gente tratada y entonces allí podés hablar de porcentajes, pero el mundo no tiene aún esos resultados estadísticos. Están todos los países trabajando contrarreloj, pero aún sin resultados. Lo mismo pasa con algunos medicamentos, como la hidroxicloroquina, de la que se habló de buenos resultados pero sin ensayos clínicos ni porcentajes”.

Jama, una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo, lleva en su última edición un estudio realizado en China con pacientes graves y las conclusiones son alentadoras.

Capacidad. El número de infectados no sería un condicionante para Hemoderivados. El propio Tavella considera que el laboratorio fundado en 1964 por el presidente Arturo Illia (que le da nombre a la institución) no tiene restricción de producción. “Hay una capacidad instalada muy importante y se tratan 150 mil kilos de plasma humano al año, los cuales se reparten en Argentina y en países vecinos como Chile, Uruguay y Paraguay, quienes envían plasma para la generación de inmunoglobulinas. Nuestra planta de producción de hemoderivados es única en Argentina y también la única planta que está en producción en Sudamérica. Hoy tenemos en producción de inmunoglobulinas en dos formas: endovenosa e intramuscular. También tenemos aprobada la subcutánea, variedad de la cual aún no hemos hecho ningún lote, pero que estamos en condiciones de hacer”, completó con orgullo. A mediados del 2019 el Laboratorio de Hemoderivados fue galardonado con el Premio al Servicio Público de Excelencia que otorga la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que reconoce el aporte de instituciones de bien público para garantizar el acceso a los medicamentos y el derecho a la salud.

 

 

Fernando Riera: “Es una alternativa muy interesante”

El doctor Fernando Riera es jefe de infectología del Sanatorio Allende y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología. Consultado por este medio respecto a las posibilidades del tratamiento que podría surgir del Laboratorio de Hemoderivados, consideró que se trata de “una alternativa muy interesante”.

“Esta forma terapéutica funcionó en el virus Junín (generador de la Fiebre Hemorrágica Argentina, causante de miles de muertes). En este momento estamos en una etapa alocada en la que hay que ir a estudios de investigación clínica, que den certezas de que el tratamiento realmente sirve”, subrayó y consideró que hay que establecer pautas de trabajo para poder aplicar esta terapia en el futuro.

“Hay que desarrollar una buena estrategia, de lo contrario es mucho trabajo que se pierde y tal vez se necesite en una próxima pandemia. Es una buena perspectiva, un buen horizonte, pero requiere de estudio. Es uno de los puntos que hay que tener en cuenta porque con esta pandemia creo que ha quedado claro que el mundo debe estimular la investigación clínica”, finalizó Riera.


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