30 sep 2020
CóRDOBA |LA PREVENCIÓN, CLAVE
domingo 30 agosto, 2020

La protección del ambiente no puede ser agenda de pocos

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Brenda Austin

. Foto: Cedoc Perfil
domingo 30 agosto, 2020

Si algo hemos aprendido en esta pandemia es que somos profundamente interdependientes. Habitamos un mundo hiperconectado donde quizás como nunca a ntes lo que pasa en un rincón del planeta impacta en todo el globo. Esta clara conciencia -a partir del impacto en nuestra vida cotidiana de un virus de origen zoonótico que empezó en China- es una enorme oportunidad para poner sobre la mesa la discusión sobre el modo en que abordamos el cuidado de los bienes globales. La protección del ambiente no puede ser agenda de pocos, sino un desafío que atraviese de punta a punta nuestro país y de lado a lado nuestro planeta.

No hay tiempo que perder. Poner en el centro de la escena el desarrollo sostenible implica concebir la idea de progresar sin comprometer a las generaciones futuras, en equilibrio con el planeta y desde una mirada ecocéntrica.

El crecimiento urbanístico sin control, las transformaciones en las dinámicas de las poblaciones y la depredación de la naturaleza constituyen hoy una de las principales amenazas de la salud de la población mundial. La pandemia se convierte, entonces, en una invitación para reflexionar acerca de cómo debe ser la recuperación desde una mirada colectiva.

Las consecuencias que provocan en la flora y fauna del delta del río Paraná las incesantes quemas en los humedales de las islas ya son visibles. Y hace pocos días hemos sumado una verdadera catástrofe ambiental en las sierras de Córdoba, donde el fuego arrasó alrededor de 40 mil hectáreas de monte nativo. Basta ver las imágenes de destrucción que estos incendios dejan a su paso, para advertir sobre la vinculación con las quemas intencionales para actividades productivas.

Es una historia recurrente la de agostos secos y ventosos que terminan siendo disparadores de situaciones críticas en Córdoba. La recurrencia puede ser o bien una condena sin remedio a la que hay que resignarse o una invitación a preparase para actuar. Estamos ante un Gobierno provincial que no tiene la capacidad de pensar con anticipación: no están los recursos, no está la prevención y no está el plan de contingencia. Se actúa sobre la emergencia. Del gobernador llegó sólo un mensaje de resignación sobre la recuperación de las pérdidas materiales, como si no hubiese allí un entramado de biodiversidad que es realmente irrecuperable. Las imágenes también hablan de esa verdadera tragedia y de cómo, ante la impotencia, empiezan a tejerse redes de solidaridad de vecinos/ as y organizaciones para hacer frente a la desidia del Estado.

En este escenario de crisis ambiental, en Córdoba resulta crucial ratificar que no puede haber modificaciones en la clasificación del uso del suelo luego de los incendios y que, además, debe ponerse en marcha -en paralelo a un plan de ayuda a pequeños productores y damnificados- un programa de reforestación de árboles nativos buscando una restauración sistematizada en las zonas afectadas.

Es urgente también diseñar una actualización en el ordenamiento ambiental del territorio con participación ciudadana y establecer un plan de manejo del fuego con presupuesto acorde, para que no sea nuestro único recurso cruzar los dedos para que la lluvia llegue o depender del heroísmo de los bomberos, que han demostrado una vez más su enorme tarea aún sin el equipamiento necesario. La puesta en funcionamiento de sistemas de alertas tempranas resulta también imprescindible para poder detectar estas amenazas a tiempo y lograr una intervención rápida de los cuerpos de bomberos.

Dos discusiones. En medio de esta catástrofe, además, se inscriben dos discusiones: la del proyecto de ley para la conservación y protección de los humedales y el incumplimiento de la Ley de Bosques, a partir del desmonte de miles de hectáreas que no tuvo freno ni siquiera durante la cuarentena. Se impone revisar los marcos sancionatorios y la inclusión de los delitos ambientales como una herramienta para poner freno a la voracidad de quienes miden los costos en términos económicos pero nunca en términos ambientales, dañando la biodiversidad, las reservas naturales y el bosque nativo. Finalmente, siempre la educación. Deberemos incluir la educación ambiental para el desarrollo sostenible con el fin de lograr un verdadero cambio en la perspectiva de todos los ciudadanos/as. La Argentina tiene que entender de una vez y para siempre que los recursos naturales son finitos y que tenemos que aprender a vivir de otra manera. No hay futuro posible sin un presente basado en el desarrollo sostenible y sustentable. Estamos a tiempo, es hora de actuar.

Brenda Austin es diputada nacional por Córdoba


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