El 25 de enero de 2026, el santoral católico celebra la Conversión de San Pablo, uno de los episodios más decisivos del cristianismo primitivo. La fecha recuerda el momento en que Saulo de Tarso pasó de perseguidor de cristianos a uno de los principales apóstoles de la Iglesia.
La conversión de San Pablo: de perseguidor a apóstol
Saulo nació en Tarso y se formó como fariseo, con un profundo conocimiento de la Ley judía. Según fuentes en inglés como la Catholic Encyclopedia, fue inicialmente un opositor activo del cristianismo naciente, al que consideraba una amenaza para la fe de Israel.
El acontecimiento central ocurrió en el camino a Damasco, cuando Saulo se dirigía a arrestar cristianos. Textos italianos del Santi e Beati relatan que una luz lo derribó y escuchó la voz de Cristo preguntándole por qué lo perseguía, una experiencia que marcó un quiebre definitivo en su vida.
Tras quedar ciego temporalmente, fue acogido por la comunidad cristiana de Damasco y recibió el bautismo. Fuentes anglófonas destacan que este proceso no fue solo una experiencia mística, sino una profunda transformación interior que redefinió su identidad, su misión y su comprensión de la fe.
A partir de entonces adoptó el nombre de Pablo y comenzó una intensa actividad misionera. Recorrió Asia Menor, Grecia y Roma, predicando a judíos y gentiles, y fundando comunidades cristianas que se convertirían en pilares de la Iglesia primitiva.
Las cartas de San Pablo, redactadas en este período, constituyen una parte fundamental del Nuevo Testamento. En ellas desarrolló conceptos centrales de la teología cristiana, como la salvación por la gracia, la fe en Cristo y la universalidad del mensaje evangélico.
La conversión de San Pablo es interpretada por la tradición cristiana como un signo de que nadie está fuera del alcance de la gracia. Su figura representa la posibilidad de un cambio radical de vida y la fuerza transformadora del encuentro con Cristo.
Las oraciones propias del 25 de enero piden apertura interior, capacidad de conversión y fidelidad a la vocación personal. San Pablo es invocado especialmente por misioneros, predicadores y quienes atraviesan procesos profundos de cambio espiritual.
Además de esta conmemoración, el 25 de enero marca el cierre de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, subrayando el carácter universal del mensaje paulino y su llamado a la comunión entre los creyentes.
En la Ciudad de Buenos Aires, la conversión de San Pablo se recuerda especialmente en la Basílica de San Pablo, donde cada 25 de enero se celebran misas y encuentros de oración enfocados en la misión, la unidad y la renovación interior, en sintonía con el legado del Apóstol de los gentiles.