DNU significa decreto de necesidad y urgencia. Según el diccionario de la RAE, necesidad es “impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido”. Urgencia, para el mismo “mataburros”, según la definición coloquial de los diccionarios es, entre otras cosas “necesidad o falta apremiante de lo que es menester para algún negocio”. Quizás haya que pensar en la polisemia, la variedad de significados posibles de la palabra “negocio”, para entender la lógica de la modificación vigente de la Ley de Inteligencia Nacional que rige desde el último diciembre. Allí se dice taxativamente: “La estructura formal del Sistema de Inteligencia Nacional (SIN) no resulta suficiente para el abordaje integral y detallado de la multiplicidad de temáticas que comprende la Inteligencia Nacional, siendo necesaria la participación informativa de otros órganos del Estado nacional, generadores de insumos específicos que contribuyen a la producción de la Inteligencia Nacional”, y se agrega que “el adecuado intercambio de información permitirá incrementar la efectividad del Sistema de Inteligencia Nacional (SIN) a efectos de la identificación de los hechos, riesgos y conflictos que afecten la Defensa Nacional y la Seguridad Interior, así como las oportunidades para la consecución de los intereses estratégicos de la República Argentina”.
La habitilitación de nuevas tecnologías en materia de inteligencia, sumada a la mayor libertad de las fuerzas de seguridad para obrar en materia de inteligencia, abre una alerta sobre un avance autocrático en la Argentina.
Crecen las sospechas sobre los posibles resultados de las medidas en curso y sobre la posibilidad de que el gobierno de Javier Milei tenga su propia ICE y ejerza, tanto en la virtualidad como en el plano real –dos categorías que tienden a fusionarse en el capitalismo de la aceleración– mayores niveles de control en la población.
Apenas aparecido el nuevo instrumento, desde la Secretaría de Inteligencia aclararon en el texto que “permite proteger al país frente a las amenazas contemporáneas, delimita competencias, reduce su estructura y fortalece los controles estatales”. A su vez, destacaron que los cambios responden “a los más altos estándares democráticos y republicanos”.
Sin embargo, la polémica está en marcha. Organismos vinculados al derecho, como el bloque de Unión por la Patria, los diputados de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro y Mónica Frade y el socialista Esteban Paulón, presentaron un amparo en la Justicia. “El decreto no se limita a una reorganización administrativa interna de la SIDE, sino que introduce facultades punitivas o de detención directa, lo que invade de manera manifiesta la materia penal, reservada al Congreso. Esta extralimitación vulnera una prohibición constitucional expresa”.
Aquí es donde la palabra “negocio” puede resignificarse. Y el nombre de Palantir, la empresa privada que asesora al gobierno de los Estados Unidos, al de Israel y a la policía de Alemania, y que parece haber nacido de la distopía de la serie Black Mirror, utiliza distintos softwares para detectar “enemigos” no solo a partir de información fría que aparece en las redes, sino también del conocimiento más profundo de la vida de las personas.
Catolicismo apocalíptico y filosofía posmarxista a favor de los megarricos
Uno de los hitos culturales del fin de la década anterior fue la serie Breaking Bad. Es la historia de un profesor de Química que se entera que tiene cáncer y decide fabricar una metanfetamina para dejar una herencia. “Breaking Bad” puede traducirse como “volviéndose malo”. Bien podría ser el título de la historia de los creadores de Palantir, la empresa que parecería estar ligada al DNU 941. Sin embargo, esa historia ya se filmó por la Deutsche Welle, fue estrenada a fin del año pasado, puede verse en YouTube y se llamó “¿Quién está detrás del software de vigilancia ‘Palantir Gotham’ en Silicon Valley?” Resulta indispensable para comprender cómo dos amigos, uno de derecha y ultracatólico y el otro discípulo de Jürgen Habermas inspirándose en El señor de los anillos, crearon la empresa de inteligencia. Thiel es, a nivel intelectual, una influencia de la ultraderecha global. Si Elon Musk está detrás de la figura de Donald Trump, su exsocio en Pay Pal es quien financió la carrera del vicepresidente J.D. Vance. Sus escritos sobre el Apocalipsis y el anticristo (una figura que ve reflejada en las universidades, el progresismo y la propia líder ambientalista Greta Thunberg) representan sus ideas.
Karp, en el mismo documental, y quienes lo conocieron hablan de su origen de izquierda. Ambos socios iniciaron, hace 17 años, con financiamiento de la CIA, el emprendimiento que hoy es la empresa de vigilancia pública más poderosa del mundo, un conjunto de nerds con vuelta de tuerca intelectual que trabaja a favor de la seguridad de los millonarios y sus estructuras políticas en el mundo.
Una de sus unidades de negocios se llama Ontología. En la página de Palantir se describe su sentido: “La Ontología de Palantir es una capa operativa para la organización. Se asienta sobre los activos digitales integrados en la plataforma de Palantir (conjuntos de datos, tablas virtuales y modelos) y los conecta con sus contrapartes reales, desde activos físicos como plantas, equipos y productos hasta conceptos como pedidos de clientes o transacciones financieras. En muchos entornos, la Ontología actúa como un gemelo digital de la organización, que contiene tanto los elementos semánticos (objetos, propiedades, enlaces) como los elementos cinéticos (acciones, funciones, seguridad dinámica) necesarios para habilitar casos de uso de todo tipo”. El sistema fue aplicado por el gobierno de Netanyahu en Gaza. También se dice que se aplicó en la búsqueda de Osama bin Laden en 2011.
Otro documental, el podcast Estado de malestar, del periodista Nicolás Lantos, describe ese mecanismo.
Alex Karp y el miedo a lo desconocido *
El problema no reside en un debate extenso y polémico sobre las ventajas de incorporar nuevas tecnologías en el contexto policial o de las investigaciones criminales. Más bien, el miedo a lo desconocido se utiliza con demasiada frecuencia para eludir la responsabilidad de gestionar cualquier grado de incertidumbre o complejidad, e incluso la posibilidad de un mal uso de la tecnología. Los intentos de implementar software junto con las fuerzas del orden en ciudades estadounidenses han seguido generando escepticismo y desconfianza. En 2012, Palantir comenzó a colaborar con el Departamento de Policía de Nueva Orleans para proporcionar a los agentes acceso a la misma plataforma de software que habían utilizado las Fuerzas Especiales y los analistas de inteligencia estadounidenses en Afganistán para predecir la ubicación de bombas en las carreteras y capturar a quienes las fabricaban.(...) Las críticas, sin embargo, fueron rápidas y feroces. La reacción, de hecho, fue visceral para muchos.
* Fragmento del libro La república tecnológica, deAlexander Karp y Nicholas Zamiska.