CULTURA
FILRos 2026

Rosario, una ciudad que se encuentra en los libros

Con más de 300 mil visitantes y una convocatoria que supera la edición anterior, la Feria del Libro de Rosario reafirma su lugar como uno de los grandes acontecimientos culturales del país. Entre escritores consagrados, editoriales independientes, lectores de todas las edades y una programación gratuita, el encuentro celebra una tradición cultural que resiste las dificultades económicas y reivindica el valor de las políticas públicas, la lectura y la palabra compartida.

Feria del libro Rosario
La presente edición de la Feria Internacional del Libro de Rosario se desarrolla hasta el domingo 18 de octubre en el Cultural Fontanarrosa. El evento es coorganizado por Fundación El Libro, la Municipalidad de Rosario, el Gobierno de la Provincia de Santa Fe y cuenta con el acompañamiento de la Universidad Nacional de Rosario. 11 días con mesas, presentaciones, homenajes, talleres y stands de librerías y editoriales locales y de todo el país. | Mariano Oropeza

“Bellamente cumpliste tu humano destino, y tienes sed…mañana, cumplirás el divino”. Un curso dorado que desde los años de Alfonsina de los diez, en su conmovedor Canto a Rosario, marca el entusiasmo por la literatura y la cultura de la ciudad santafesina. Entusiasmo, orgullo e identidad que destacan los organizadores, editores, libreros y público de la Feria del Libro de Rosario 2026. “Basta un poco de amor y alegría” ponderaba las artes de su ciudad Storni, en uno de los grandes lanzamientos del mayor encuentro cultural del Litoral. En la cuna los sueños de Alfonsina Storni, Antonio Berni y Beatriz Guido, algunos de los nombres que colorearon de Paraná la cultura nacional, más de 300 mil personas por el momento, superando el número de la edición pasada, hasta el domingo 18 de octubre desbordan la carpa en la plaza seca y el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. Espacio céntrico que facilita el acceso, sumado a la gratuidad sostenida por el estado de la provincia en once días con todo para hacer, conferencias, charlas, talleres, lecturas y espacios lúdicos, además por supuesto del fin de que cada uno se lleve un libro bajo el brazo. “Éste es para vos, éste para mí, estos van a mamá y la abuela”, repartía bolsas con libros un padre, dentro de la feria fuente que no se agota.

Entusiasmo es la palabra que se repite en esta nueva edición, que algunos señalan de ventas superiores a la anterior. “Entusiasmo de los rosarinos por la cultura explicaría esto, no la crisis que hace que la gente deje de comprar libros”, refuerzan desde una librería, una de las muchas tradicionales que participan, y en una diferencia con las otras del país. Otra es el apoyo de los estados provinciales, municipio y gobernación, más la Universidad Nacional de Rosario, que junto a la Fundación El Libro posibilitan la segunda feria en su tipo en la Argentina. Y no solamente en la gratuidad se hace patente las posibilidades de la política pública sostenida, sino que mayores recursos fomentan que diversos públicos primerizos en estas propuestas hayan rebalsado la presentación del nuevo libro de Claudia Piñeiro, El canto invisible, decenas atiborradas de publicaciones para la firma interminable posterior en el hall. “Algunas de mi madre y mi abuela”, confesó emocionada una lectora.

Martín Kohan, Juan José Becerra, Narda Lepes y Selva Almada, algunos de los pesos pesados de la industria, en compañía de los más conocidos rosarinos, Luis Novaresio o Reynaldo Sietecase, y otros no tanto. “Desde Cultura y Educación de Rosario abogamos y apoyamos por la presencia de nuestros escritores y editoriales especialmente”, señala el secretario Federico Valentini, y amplía, “sirve de vidriera a nuestros escritores y editoriales, en la conjunción de ilustres visitantes y editores porteños, y por ello les ofrecemos espacios y participaciones en stand oficiales. Casi te diría que nuestras editoriales se ordenan en agendas y ediciones por la Feria. Y eso te da la pauta de la relevancia que tiene para la cultura de Santa Fe, que vamos por la séptima u octava edición desde que trabajamos con la Fundación El Libro, y seguimos creciendo. Pero para eso la política tiene que romper la mirada faraónica, uno no tiene que venir a inventar, ni a destruir. Esta ciudad se hizo mucho bien en relación a la cultura, y revalorizando hoy políticas anteriores, e invirtiendo en infraestructura y programas, tenemos una devolución muy importante en la mirada de los que vivimos en la ciudad sobre la misma ciudad pero también en la mirada de los que están afuera. Podemos invitar ahora a unos juegos sudamericanos magníficos, sumar 1500 metros al Museo Castagnino en abril próximo, o tener esta maravillosa feria. En menos de dos años ya no somos la ciudad de los 300 muertos anuales. Ningún país que mire hacia adelante no invierte en la cultura”. Para el último fin de semana los platos fuertes serán María O´Donnell, Facundo Pastor, Luis Gusmán y Carlos Abraham.

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Libros para crecer

“Rosario en los noventa realmente fue muy marcada su política cultural y resultó la apuesta de los gobiernos desde ese momento. Éramos una isla en la tormenta liberal. Con variaciones porque estoy haciendo una generalización de algo que se dio con particularidades, pero que aún con dificultades y con las tensiones que se dan, y con la conformación política de los distintos gobiernos, se sigue sintiendo intensamente como lo ves. A mí me parece que es una particularidad de Rosario en sus políticas culturales aún en un contexto tan difícil como el que vivimos”, señala Laura Cardini, la antropóloga CONICET que presentó la compilación Confines de las políticas culturales en Rosario (RGC) a sala llena. Y en la vivacidad y diálogo de presentaciones en las cuales no sobra una silla, al lado con el nombre la sala del notable narrador rosarino Jorge Riestra, Alejandro Horowicz afilaba sus lanzas para hablar de ¿Qué tiene para decirnos hoy el mítico 17 de octubre? (Marea). “Indocilidad del plebeyo o la indocilidad al jefe. Peronismo o mileísmo. Ahí está la diferencia entre buscar la lealtad al jefe y oponerle la lealtad al movimiento. Cuando está en discusión la lealtad al jefe, está en discusión lo constituido tal como está constituido, con poco para sumar sino observar las luchas de los poderosos. Cuando se pone el peso en la lealtad al movimiento, el gran aporte del peronismo, se invita a la intrusión plebeya”, advertía. Voces revueltas, cargadas de fricción, que se extraña, amén a los sillazos y las colas streamers, en la edición porteña.

“Además la Feria de Rosario es un espacio de resistencia de las pequeñas editoriales. Acá nos juntamos ya que otras posibilidades de mostrarnos son muy escasas”, indica la ilustradora y autora Cecilia Cirilli de Pequeña Ortiga, que produce fanzines, láminas, poesía ilustrada, grabados y objetos artísticos, y marca un panorama similar a sus colegas bonaerenses o cordobeses, “las editoriales independientes vamos caminando siempre hacia la utopía. Esa utopía que nos ayuda a seguir porque se hace muy costoso este esfuerzo a todos los actores, editores, autores y lectores. Siempre la pregunta es de qué manera autogestionamos o cómo nos ayudamos para que se sostenga. Armar un tejido editorial para que podamos coexistir”, señala desde el stand 45 Editoriales Rosarinas.

Esa mirada misma comprensiva encuentra ecos en los madres y padres que a las tardes, luego del horario escolar, llevan a sus hijos: la ubicación céntrica, otro punto fuerte y distintivo de la FILRos, que además activa el olvidado casco histórico, generando un perceptible arrastre en la gastronomía y los típicos locales de las tradicionales galerías. A pasear y leer se largan familias entre libros y los dos amplios espacios infancias.

“Venimos seguido con mi hijo, después de la escuela, y está buenísimo tenerla cerca de casa para que tomen el hábito de la cultura. Justamente está en una edad en donde tiene que nutrirse de todo eso”, señala al niño en edad escolar, y Silvina redondea: “Cada año me parece que se organiza mejor, nos sorprende todo. Y representa a la cultura de Rosario. Me gusta recorrer y comprarnos libros, depende del alicaído presupuesto, pero bueno, ya compramos. Este año hubo muchas ofertas y saldos. Y es fundamental que no haya que pagar una entrada, en particular para las familias, así vienen una y otra vez”, grafica sobre la economía real que estuvo paliada en parte por descuentos con tarjetas provinciales. La gratuidad acostumbrada no estuvo exenta de polémica al principio con la introducción de un registro y pase QR, con varias quejas en los accesos, aunque los funcionarios señalan que los datos servirán para métricas y mejoras en próximas ediciones.

Feria de ilusiones y diversidades

Entre los cientos de espectadores que aguardaban en la cola para La felicidad (Planeta) y Charly absoluto (Random House) con Pedro Saborido y Rep, Marcelo, señalaba que “Para Rosario, anualmente, este es un encuentro de mucha creatividad, en el cual nos encontramos con muchas ganas y alegría”. Esa es la ilusión por lo que Saborido desea volver cada año, “aunque no lo inviten, je”. “Es una de las ferias más lindas de la Argentina. Quizás porque es como que va sola, como que la gente viene, fluye…Quisiera buscar una mejor palabra que fluye. Y mejor que funciona, esto no es un almacén ni un remate. Hay entusiasmo de pueblo. Es como una cosa que fluye y se entusiasta al mismo tiempo. Loco. Podés encontrar problemas, acá también los tienen, pero corriendo la programación, no se sienten tanto. Y el entusiasmo, esta alegría contagiosa, suaviza cualquier inconveniente”, señala el coequiper de Diego Capusotto, y observa que la Feria atrae público rosarino y personas de las provincias cercanas.

Para Beatriz Vignoli, Premio Nacional de Poesía, es sin dudas “un lugar de encuentro y de circulación, de cultura, de amistades, de afectos. No es solo libros: el libro es la excusa para encontrarnos, para conversar y para que de esas conversaciones nazcan los libros futuros. Yo la veo cada vez más nuestra, que nos la estamos apropiando de a poco. A diferencia de otros eventos donde por ahí a veces se logra que los rosarinos participen, y a veces eso no se logra, acá sí se logra”, rubrica mientras pasan algunos para felicitarla por el premio convirtiéndola en “una embajadora nacional rosarina”. “Es que el premio me hizo dar cuenta que con mi poesía represento mi ciudad ante los demás. Es la mejor manera que tengo de habitar en el mundo”. A metros María Teresa Andruetto, que llenó la sala con el nombre de su amiga Angélica Gorodischer, “una pionera del feminismo argentino”, reflexionó sobre qué es una literatura comprometida, en “cómo captar lo más volátil de nuestra lengua, lo más inestable, lo más atractivo también, que son las hablas, las diversidades de hablas de la gente”, cerraba la poeta de Beatriz y ganadora del premio Hans Christian Andersen, considerado el pequeño Nobel de la literatura.

El hombre rosarino antes de la nieve

Entre las actividades de los próximos días la Editorial Municipal de Rosario, de un catálogo solidísimo focalizado en la cultura de su región, tiene un as en la manga, con repercusiones a nivel mundial. La segunda traducción de Phillip K. Dick en el planeta, tal vez el autor más influyente del siglo, fue argentina, más precisamente rosarina, y estará nuevamente en librerías, con la introducción del especialista en ciencia ficción Carlos Abraham. El hombre variable, en la traducción de Julio A. Echeverría, se realizó en 1953, unos meses después que apareciera en la revista Space Science Fiction, y es un eslabón perdido en el público hispano del escritor de El hombre en el castillo. “Dick en ese momento todavía seguía trabajando en la disquería, no lo conocía nadie, no había publicado ninguna de sus novelas, y recién estaba publicando unos cuentitos”, enfatiza Oscar Taborda, director de la Editorial Municipal de Rosario. Y recuerda el detectivesco trabajo de reconstrucción de la vida de Echeverría, un tesonero editor y periodista de los cincuenta, con esporádicas publicaciones como Urania, en donde salió la nouvelle de Dick, y que terminaría sus días instalando persianas en Mar del Plata y, finalmente, en Rosario. “No sabemos si Dick se enteró alguna vez de esta traducción en un país remoto”, finaliza Troncoso de una trama en el futuro donde un apocalipsis de corrupción y guerras empuja a un hombre a la salvación en el tiempo. Memorias del futuro. Faltaban cuatros años para El Eternauta. Por cierto a Echeverría corresponden también las primeras traducciones en castellano de Ray Bradbury.

Otro hallazgo que se presentó hace unos días por el mismo sello público es Canto a Rosario de Alfonsina Storni, acompañado de un imprescindible estudio de D. G. Helder. Olvidados, mezclados y mal fechados por décadas estos poemas son la carta de la poeta a la ciudad que la cobijó y la formó más de una década, “una ciudad como un punto de escucha imaginaria hacia el que convergen todos los enunciados posibles”, asevera Helder.

Lo que está en juego

De las palabras inaugurales de Marcela Tarnevasio el pasado 8 de octubre, “Ante tanto griterío, prepotencia y desmesura, donde lo impronunciable perfora el umbral de lo decible, creo que nuestro mayor desafío en tanto trabajadores de la cultura es saber administrar la palabra y capitalizar la pausa creativa en pos de construir un porvenir que ponga en valor el idioma de la democracia, el pluralismo, la igualdad y la justicia” a las de Claudia Piñeiro el martes último: “Transmitir la lectura, generar el pensamiento crítico, la posibilidad de encontrar las palabras para empezar algo, sentir que el otro no es tan diferente, y si es diferente, entender por qué es diferente y saber que podemos convivir personas diferentes. Todo eso lo entrena la lectura -y la empatía también-. Entonces, yo creo que es un arma de los maestros del poder y el terror hacer lo posible para que se lea menos. Sinceramente lo creo. Porque una sociedad que lee, va a tener muchas más posibilidades de desarrollar un discurso propio, de hacer empatía con el otro, de determinar, esto me interesa, esto no me interesa, porque están entrenados a través de la palabra para hacer eso. No es solo un juego”. Días de ferias que no son tampoco solamente de palabras, o stand con posnet, sino alternativas y sacudimiento de hojas empujadas de notas a pie, y que ocurrían entre semana a metros de una ruidosa subasta de 15 mil cabezas. La Hora de los Hornos en remix financiero, invadiendo el espacio patrimonial del Banco Nación, desvencijados sándwich de miga y gaseosas sin gas. Más allá, libros que nunca terminarán de decir lo que tienen que decir.