El 25 de junio de 1994, Argentina venció 2 a 1 a Nigeria en el Foxboro Stadium. Diego Maradona completó los noventa minutos de un encuentro intenso. Al finalizar el cotejo, la enfermera australiana Sue Carpenter lo retiró del campo para el control antidopaje.
Aquel examen de orina se transformó en el eje de una crisis institucional sin precedentes para la AFA. El análisis posterior reveló la presencia de cinco sustancias estimulantes derivadas de la efedrina, prohibidas por la FIFA en aquel reglamento deportivo.
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La noticia del resultado positivo trascendió los límites del fútbol. El 29 de junio, la FIFA anunció la suspensión provisional del capitán argentino. La prensa mundial se concentró en la concentración del equipo en Dallas esperando una confirmación oficial.
Julio Grondona, presidente de la AFA, informó la decisión de separar a Maradona del plantel. El organismo internacional ratificó la inhabilitación del jugador por quince meses, quedando fuera del torneo que se desarrollaba en tierras norteamericanas.
"Me cortaron las piernas", declaró Maradona en un diálogo con Adrián Paenza, frase que quedó grabada en la memoria colectiva. Esta expresión sintetizó su frustración tras haber vuelto al seleccionado con el objetivo de conquistar su segunda Copa del Mundo.

En el libro "Yo soy el Diego de la gente", el astro insistió en que su preparación física fue honesta. Señaló al cuerpo técnico, encabezado por Alfio Basile, y a su asistente personal, Daniel Cerrini, como responsables de los suplementos nutricionales ingeridos.
La FIFA, bajo el mando de Joao Havelange, mantuvo una postura rígida frente al caso. El organismo argumentó la violación de las normas sanitarias vigentes. Se desestimó la defensa del jugador, quien alegó una ingesta involuntaria mediante un producto energizante.
Impacto histórico y consecuencias en el fútbol argentino
El retiro forzado de Maradona alteró el rendimiento futbolístico del equipo. Tras la victoria ante Nigeria, Argentina cayó ante Bulgaria y fue eliminada por Rumania en octavos de final, cerrando una participación marcada por la ausencia de su referente.
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Historiadores deportivos, como el periodista Andrés Burgo en su obra "El último Maradona", analizan cómo este episodio fracturó la relación entre el jugador y la cúpula del fútbol mundial. El evento es considerado un punto de quiebre en la FIFA de los noventa.
La repercusión mediática fue global y constante. Las agencias de noticias internacionales informaron sobre el proceso administrativo. La defensa legal de Maradona, liderada por Marcos Franchi, intentó impugnar el procedimiento del control sin éxito alguno.
El médico de la FIFA, Michel D'Hooghe, explicó años después que los controles eran obligatorios y estandarizados. A pesar de las especulaciones sobre posibles intereses políticos para perjudicar al seleccionado, nunca se presentaron pruebas fehacientes.

La sanción dejó a Maradona fuera de las canchas hasta 1995. Su regreso se produjo con la camiseta de Boca Juniors. Este periodo de inactividad fue documentado por diversos cronistas que cubrieron la carrera del jugador desde sus inicios en Argentinos.
El episodio del doping de 1994 es estudiado como un hito trágico en el profesionalismo. El impacto psicológico en el resto de los jugadores argentinos fue evidente en los partidos restantes del mundial, afectando la moral y el planteo táctico del equipo.
La figura de Maradona continuó siendo central en el debate deportivo. Este hecho, sin embargo, ocupa un capítulo distintivo por sus ramificaciones legales, médicas y emocionales. La historia oficial de los Mundiales registra este caso como un suceso único.
A más de tres décadas de aquel acontecimiento, los archivos periodísticos mantienen vigente el análisis técnico sobre la composición de los suplementos utilizados. El caso sigue siendo una referencia obligada al tratar los controles en el deporte.