Tras el último partido de un Mundial excepcional, donde la Selección argentina, conducida por Lionel Messi, mostró una vez más su talento para desafiar lo impensable, miles y miles de personas inundaron los puntos más emblemáticos del país en un festejo agridulce.

Sobre el Obelisco se proyectaron imágenes alusivas a la Selección y el Mundial, mientras toda la avenida 9 de Julio se poblaba de banderas, tambores y hasta fuegos artificiales que iluminarion el cielo.

A pesar de no haber ganado el campeonato mundial de 2026, se celebra el subcampeonato y se homenajea la entrega absoluta de la Scaloneta, un conjunto de jugadores que brilla como el mejor de la historia del fútbol argentino, y uno de los mejores del mundo.

Las demostraciones de afecto popular parecen decir que no todo es triunfalismo en la Argentina. Algunas banderas lo explicitaron con mensajes como "Soy argentina en las buenas y en las malas".

Los festejos preparados no se suspendieron por el resultado del partido.

Decenas de miles rindieron tributo a una Selección que representó el espíritu de lucha hasta el final.

Incluso bajo la lluvia, miles de personas de todas las edades se concentraron para celebrar. Se vieron hasta paraguas de color azul y blanco, entre miles y miles de camisetas de la Selección de distintos modelos y años.

También hubo multitudes reunidas en otras esquinas porteñas, como Cabildo y Juramento o Acoyte y Rivadavia, y en el centro de Córdoba, Rosario, La Plata, Mendoza, Tucumán. En todas las ciudades del país, los hinchas embanderados salieron a las calles a compartir las emociones mezcladas que dejó la final.

Las calles del microcentro porteño se inundaron de música, baile y color, en un desahogo popular después de días de altísima tensión.


La concentración de personas decididas a celebrar en una noche lluviosa y fría parecía decir que ni la realidad de la derrota podría impedir que los argentinos dieran rienda suelta a su orgullo y sus ganas de festejar.

Los retratos de Lionel Messi se repetían en carteles improvisados, así como mensajes de amor y agradecimiento a los jugadores de la Selección.

En los subtes porteños, miles de personas viajaron al centro cantando y golpeando techos y paredes. Muchos decían que no podían quedarse en su casa después del partido. Otros, que había que celebrar y agradecer a la Scaloneta por toda la alegría que regaló al país.

Los festejos se disociaron del resultado de la final para dar rienda suelta a una emoción alimentada durante cinco semanas de Mundial: la del orgullo de ser argentinos.
MB