DEPORTES
Historias breves para calmar la ansiedad

Me verás crecer (2ª entrega)

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Flaco Menotti. Dejó a Maradona afuera del 78. “Quizá me equivoqué”, dudó tiempo después. | cedoc

Y bien amigos, diría Mariano Closs, es un buen momento para cerrar con un par de episodios las largas temporadas en años de relación, cercana, lejana, desde mediados de los setenta hasta entrados los 90, con Menotti-Maradona. Profesional con el Flaco, entrañable por momentos con Diego. La primera de las crónicas que resumo a continuación en unas pocas líneas se publicó en la revista El Gráfico, “El día más triste de la selección”.

Dato previo. El 29 de abril de 1978, Norberto “Beto” Alonso se incorporó a la selección. El diez de River era figura todos los partidos. Los hinchas pedían por él. El aterrador almirante Lacoste, un trepador puesto por la dictadura a manejar el fútbol, “sugirió” la convocatoria. Menotti podía cubrir ese puesto con cinco jugadores, Valencia, Kempes, Larrosa, Villa, Maradona. Con Alonso, eran seis.

El 19 de mayo, en el entrenamiento de la tarde, Menotti decidió anunciar la lista definitiva. Tenía que reducirla de 25 a los 22 que imponía el reglamento. No dio explicaciones a los jugadores sobre su decisión. Solo los nombró. Víctor Bottaniz, Humberto Rafael Bravo, Diego Maradona. En cuanto regresaron del entrenamiento, supe quiénes eran los que se iban. La tristeza estaba a la vista.

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Mi trabajo consistía en llegar temprano a la quinta de la Fundación Salvatori en José C. Paz, regresar después de la cena, escribir la crónica del día. Esa noche, fría, oscura, al salir del comedor, escuché un gemido. Me aparté del caminito. Sentado en el pasto, la espalda contra un árbol, los brazos apoyados en las piernas dobladas, la cabeza gacha de Diego Maradona sobresalía del buzo azul. Lloraba sin lágrimas. En cuclillas, junto a él, sin verle la cara, sólo sus rulos, le escuché decir: ¿Y ahora cómo se lo digo a mi mamá?, “Nunca se lo voy a perdonar a Menotti”.

Respondí al lamento con un consuelo de ocasión del que todavía hoy me avergüenzo. “Pero Diego, ¿sabés los Mundiales que vas a jugar vos? No es para tanto, el fútbol es así, siempre hay revancha, tenés que superar el momento, a todos les pasó alguna vez”. Le di un par de palmadas quedé en silencio hasta que me di cuenta de que no le servía para nada. En el camino me dije qué tarado, o algo así. Podría evitar ahora recordarme así, pero el pasado no se reescribe.

Entendí las razones de Menotti. “Tiene un gran futuro, pero ser figura a los 17 años significa un riesgo si no se está preparado para afrontarlo”, había dicho. Años más tarde, cuando ya Maradona heredaba la corona de Pelé, en el clásico debate futbolero que se abre con el diario del lunes, casi que se acusaba al Flaco de no haber sabido valorar las condiciones que le hubieran permitido a Maradona debutar en un Mundial con 17 años. El propio Menotti llegó a dudar. “Puede ser, quizá me equivoqué en dejar a Diego afuera del Mundial 78”.

Esta serie, como quedó escrito en el comienzo del capítulo uno, trata de una transición rápida que pasa al toque, entre flahses de la memoria, desde Menotti, Bilardo, hasta llegar a Scaloni. Teoría, práctica, síntesis en modo contraataque contra el olvido. Queda pendiente para la semana que viene un último episodio con Menotti de protagonista antes de pasar a Bilardo. Siempre bajo el compromiso de lealtad a los hechos.

El pasado no se reescribe.

* Escritor y periodista