Ingresando a la selecta mesa en la que se sientan los 8 mejores de la Copa Libertadores, Platense es la gran revelación del torneo más importante del continente. Le ganó a Coquimbo en los penales con destreza y una perfección en la ejecución de los remates desde el punto del penal magnífica, pero demostrando a lo largo de la serie debió haber ganado en el tiempo reglamentario. La llegada de Martín Palermo le dio una brisa de aire fresco, un incentivo que parecía haber extraviado, y ahora recuperó para jugar contra Fluminense con toda la ilusión. Platense va a ir al Maracaná, y eso solo ya va a ser un dato muy significativo para su historia.

Estudiantes de La Plata es el otro clasificado para los cuartos y se va a medir contra Corinthians. Probablemente no haya demasiados equipos en el mundo educados para ganar, como a lo largo de su historia se ha instruido el equipo platense. Estudiantes tiene todo lo que hace falta para mostrar qué es la mística. Hay historia, hay presente, hay futuro en algunos nombres que son los que van a tomar la posta, y hay una identificación, un ADN en la genética Pincharrata que enseña día a día a cada futbolista de Estudiantes cómo competir, y, sobre todas las cosas, cómo salir victorioso en las contiendas más importantes del continente, sin saber aún hasta dónde lo va a llevar esta participación en la Copa Libertadores de América.

Se terminó el tiempo de Independiente Rivadavia de Mendoza, que vivió una gran aventura y que estuvo muy cerca de la hazaña contra Fluminense, y el último eliminado fue Rosario Central. Al Canalla le faltó un poquito de ambición, le faltó sentirse más protagonista, algo que en algún momento de su carrera era un detalle que caracterizaba a Jorge Almirón. El ser un entrenador intrépido, no temerario, pero sí con una dosis de riesgo interesante sin perder de vista que el juego del fútbol necesita equilibrio.
Central reaccionó tarde, nunca terminó de convencerse de que podía lograr la clasificación en Brasil, esa de la que no se terminó nunca de convencer que podía lograr o empezar a lograr en el Gigante de Arroyito. Esperó que las cosas pasaran, pero no fue a buscar que pasen y terminó con el castigo de una eliminación que obviamente le duele a todo el mundo Canalla.
Boca y River en la Copa Sudamericana 2026
Mientras tanto, en la Copa Sudamericana, Boca resolvió su serie contra Recoleta con la diferencia en cuanto a cantidad y calidad que mostraba su plantel comparado con el del equipo de Paraguay. 7 a 1 en el global marcan una distancia demoledora en cuanto a la jerarquía de uno y otro, pero después hay que jugar los partidos y en un deporte como el fútbol, que casi nunca es lógico, Boca fue capaz de darle cierta previsibilidad a la serie.

Como puntos positivos, sobre todo en la revancha, el saber jugar sin Leandro Paredes resulta un destacado, sumado al crecimiento de algunas individualidades como Milton Delgado o como Santiago Ascasíbar, que le dan a Boca mucho juego en la mitad de la cancha, más la recuperación de Villa, la vuelta al gol de Merentiel, como a todas señales muy importantes para un equipo que seguro va a dar pelea en el torneo continental.
River empató en Colombia con una formación mucho más parecida a la anterior de la llegada de las grandes estrellas que se sumaron al plantel de Coudet, producto de una conformación de un equipo en donde hubo más remiendos, hubo más necesidades de disimular algunas imperfecciones que el equipo ideal que hubiera soñado el entrenador.

El “jugamos a lo que pudimos” de Coudet casi que define lo que fue el paso de River por Bogotá, con la ilusión concreta de que en el Estadio Monumental, y con algunas otras caras, vuelva a aparecer algo de lo que mostró contra Argentinos Juniors en el primer triunfo del año. El que quedó eliminado fue Tigre, en una serie muy condicionada ya en el partido de ida, cuando cayó contra los uruguayos de City Torque.
Con un dominio que se profundiza, que se acentúa, que se hace cada vez más evidente de los equipos brasileños en ambas competiciones, uno puede confiar igual en el futbolista argentino. En el gen competitivo, en el perfeccionismo, en la exigencia que tienen cada uno de los equipos nacionales como para soñar que en la próxima instancia, e incluso para poder imaginar algo todavía más grande. Los conjuntos de nuestro fútbol van a estar peleando cara a cara con los brasileños para, por qué no, soñar con alguna nueva vuelta olímpica.
*El texto corresponde a la desgrabación de Román Iucht en el programa Cueste lo que Cueste
NZ