lunes 05 de diciembre de 2022
DOMINGO LIBRO

Ocho libros para estas fiestas

Diferentes opciones de títulos y géneros para todos los públicos.

19-12-2021 05:30

Cada uno sabe lo que ha recorrido hasta llegar aquí

Volver a correr tiene muchos significados. Cuando nuestros pies están nuevamente frente a una línea de largada, por ejemplo, y nuestro corazón late fuerte por lo que está por venir, pero también por todo lo que pasamos para llegar allí. En una carrera, la línea de largada es siempre el final de una larga historia. Volver a correr una carrera, volver a entrenar, regresar después de una lesión, o de un tiempo sin haber corrido. Es el regreso luego de haber salido a correr cada día durante mucho tiempo. Es haber vuelto a anotarse en una carrera y añorar la llegada de ese gran día. Es volver a sonreír una vez más, esperando que nuestros pies vuelen junto a nuestros renovados sueños.

Este es un libro de reencuentros. De verse y encontrarse nuevamente con amigos y fundirse en un abrazo largamente esperado. Mirarse a los ojos y reconocer en el otro el dolor que atravesamos para volver a correr. Quien lea estas líneas sabrá perfectamente de qué hablo. Nunca antes nos tocó tener que pasar tanto tiempo para regresar a aquello que más amamos.

Correr, aquello que nos hace felices, que nos da fuerza, salud y energía. La expectativa de la carrera, los entrenamientos, las competencias. También lo que pasa después de correr, cuando compartimos lo vivido con alegría y camaradería. Correr es nuestra vida.

El mundo se vio sacudido por eventos desconocidos e inesperados para nuestra generación. Los relojes se detuvieron y las competencias dejaron de realizarse. Correr, lo que nos da coraje y certezas, llegó incluso a estar absurdamente prohibido. La incertidumbre de la vida, los dolores inevitables de la existencia humana, habitualmente aplacados por la profunda plenitud de salir a correr, ahora no tenían esos kilómetros que pudieran ayudarnos a seguir, a tener esperanza.

Correr me salvó muchos años atrás y aún hoy no pasa un solo día en que deje de recordarlo. El maratón me enseñó mucho sobre la vida y en los peores momentos volvieron a mí esas enseñanzas. En el mundo de los corredores hay mucha sabiduría disponible. Yo aprendí corriendo. Yo me conocí y conocí a los demás en los cuarenta y dos kilómetros del maratón. También en los entrenamientos, en los buenos y en los malos. Siempre hay una lección ahí, lista para ser tomada. (…)

En definitiva: llegó la hora de volver a correr. (…) Yo siempre digo, sin exagerar, que el running me salvó la vida. Es un contrafáctico establecer qué clase de existencia hubiera tenido yo sin el running, pero sí estoy convencido de que mi vida mejoró, y mucho, tras encontrar el amor por correr. En mi caso fue un proceso de varias etapas, pero a otros les puede llegar de golpe. Corrí de forma aislada en diferentes momentos de mi vida, arranqué a entrenar con timidez en el año 2008 y en 2009 corrí mi primera carrera. Tenía 38 y creía que no iba a encontrar algo completamente nuevo en mi vida. Me equivoqué profundamente. Al pasar el arco de mi primera carrera de 10 km pude sentir el antes y el después de ese momento, y eso no se me borró jamás de la memoria. Fueron meses de alegría y locura, de cambios muy fuertes en mi vida cotidiana, mis actividades, mis conversaciones. Quise empezar a compartir con todos lo que me pasaba y sé que aburrí a muchos, pero también sé que fasciné a otros tantos. Me volví un convencido del poder sanador. (...) del running. No solo en lo físico, también en lo mental.

☛ Título Volver a correr

☛ Autor Santiago García

☛ Editorial Aguilar


 

Comer implica poner en juego múltiples mecanismos 

Para nuestras tatarabuelas, sugerir que se necesitaría una visita al médico para charlar sobre qué tiene que comer un bebé sería tan sorprendente como sugerir una consulta sobre cómo tiene que hacer pis. Sin embargo, desde la década de 1980 aproximadamente, se han medicalizado sistemáticamente todos los procesos de salud, además de los de enfermedad, y la alimentación pasó a ser algo científico, lleno de números, calorías y nutrientes.

No queda muy claro cuándo desde la pediatría empezamos a entregar listas fotocopiadas de alimentos ni por qué alguien determinó un orden en los mismos. Al que lo inventó, ¿le gustaría más el zapallo que la palta y por eso lo puso primero? ¿Le pareció que era más fácil hacer sopa de sémola que de arvejas? ¿Qué pasó que todo se estandarizó tanto que compramos una especie de alimento balanceado para bebés sin importar qué tiene?

Se suele hablar de la alimentación como el acto más complejo que realiza el ser humano. Comer implica poner en juego múltiples mecanismos motores, sensoriales, psicológicos y sociales. Comer implica siempre un otro, y la dimensión social de comer es uno de los determinantes más fuertes de este asunto.

¿Cómo venimos comiendo las adultas y los adultos cuando nos convertimos en mapadres? En medio del cambio radical en nuestras vidas que implica mapaternar y ser absolutamente responsables de una o más pequeñas vidas, la alimentación muchas veces nos toma de sorpresa.

Durante mi primer embarazo, atravesé la residencia de Pediatría (el sistema con el cual nos formamos como especialistas). En medio de guardias y trabajo intenso, aunque había buscado soporte de una nutricionista, no recuerdo haber comido jamás una legumbre durante esas 37 semanas, y haber transitado la vida a base de barritas de cereal, pizza y gaseosa (es muy común en las guardias médicas consumir litros de esa bebida, que nos mantiene despiertos por su contenido de cafeína). Realmente buscaba nutrirme bien para nutrir a mi bebé, solo que no sabía cosas que hoy sí, como que los sabores de lo que comemos pasan por el líquido amniótico e impactan en la aceptación de alimentos de ese bebé más adelante, o que la microbiota de la boca de la madre tiene que ver con la microbiota del nacimiento.  (…)

Solemos pensar que la “alimentación” de los chicos empieza cuando los sentamos con un platito a la mesa. La realidad es que, silenciosamente, la placenta, un órgano que se forma durante el embarazo, y que tiene células de la persona gestante y células del bebé (cosa que al día de la fecha me sigue asombrando… ¡Un órgano nuevo y transitorio hecho de células de dos personas distintas!), selecciona y envía nutrientes, anticuerpos y otras sustancias nutritivas constantemente al bebé. Durante las semanas que dure la gestación, el alimento llega suavecito, constante, plácido. El bebé succiona por reflejo, por placer, por las ganas de succionar, pero no necesita esforzarse para que su cuerpo reciba alimento. Tampoco tiene que regular la temperatura, respirar ni pedir que lo levanten a upa y lo abracen.

Y de pronto, el nacimiento. Nacimiento que puede venir con un aviso, como es el trabajo de parto, que desencadena hormonas que alertan al bebé y lo preparan para un cambio radical en su vida. (…)

☛ Título Comer y criar

☛ Autor Sabrina Critzmann

☛ Editorial Planeta


 

Diego y el Sindicato Internacional de Futbolistas

Diego Armando Maradona no solo fue un artista colosal en una cancha de fútbol, también batalló para que los jugadores de fútbol pudieran ser reconocidos y respetados en su vocación deportiva. (…)

Durante su carrera deportiva entendió que la poderosa FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación), de Joan Havelange y Joseph Blatter, había transformado al fútbol en un gigantesco negocio multimillonario, en el que los verdaderos hacedores del espectáculo eran pobres esclavos sin participación alguna en la toma de decisiones de un sistema corrupto, transformado en simple mercancía en cuya lógica de capitalismo salvaje y depredador, solo importaban las ganancias. Y Maradona lo entendió, no lo aceptó y enfrentó esos poderes hasta sus últimos días.

Son varias sus peleas, pero han tenido mucha repercusión internacional sus enfrentamientos con la FIFA durante algunos de los mundiales: en México 86, Maradona, Jorge Valdano, el alemán Harald Schumacher y otros jugadores protestaron porque los partidos se jugaban al mediodía cuando el calor sofocante hacía estragos en sus cuerpos. El mandamás de aquel entonces, Havelange, les respondió amenazante: “Que jueguen y se callen la boca”. (…)

También el Mundial de Italia 90, disputado en tierras donde Maradona era un Dios venerado por el Sur pobre de Italia, pero despreciado por el Norte rico, estuvo atravesado por lo deportivo y político. 

En la semifinal, Argentina jugó contra Italia en el estadio San Paolo de Nápoles (hoy rebautizado Diego Armando Maradona). Un partido tenso no solo en lo futbolístico, también en lo que refiere a la política turbia de la FIFA, que creyó que la poderosa Italia sería finalista y campeona de ese Mundial, por ser la anfitriona del evento y por el dinero que estaba en juego. Nada de eso ocurrió, Argentina logró ganar en los penales, luego de un empate 1 a 1. (…) Después de este Mundial, en el que Argentina perdió la final 1 a 0 (tras un penal dudoso) con Alemania, se desató una cacería implacable contra Maradona en Italia (todavía era jugador del Napoli) desde el terreno deportivo, económico-fiscal y humano. Maradona supo siempre a lo que se enfrentó, aunque eso le produjera sangre, sudor y lágrimas.

Luego vino el Mundial de los Estados Unidos en 1994. Maradona había logrado una recuperación atlética asombrosa gracias a Fernando Signorini, su histórico preparador físico personal y su médico personal Néstor Lentini, provocando una gran ilusión en los hinchas argentinos. Pero luego del segundo partido y con la victoria ajustada 2 a 1 ante Nigeria, ocurrió uno de los sucesos más tristes que se recuerden en la historia del deporte argentino: el Diez, a la vista de todo el público, fue retirado de la mano por la enfermera Sue Carpenter, para realizarse un control antidoping. Días después se confirmó el positivo del astro por haber ingerido efedrina y su expulsión del torneo. “Me cortaron las piernas”, disparó Diego en una de las frases que todavía retumban en la memoria de los futboleros. (…)

Maradona debió cumplir los quince meses de suspensión impuestos por la FIFA durante el Mundial de 1994. La suspensión, que vencía en septiembre de 1995, le impedía desempeñarse como jugador de fútbol, pero no como director técnico.

☛ Título Maradona. Fútbol y política

☛ Autor Julio Ferrer

☛ Editorial Punto de Encuentro 
 


 

Mi peso era claramente un problema: Mi problema

Cuando era pequeña era una niña gorda, segura de mí misma, mandona, ridícula y novelera. Si de repente en mitad de la cena se me ocurría que quería hacer un concurso de talentos de tres cuartos de hora conmigo como única protagonista, esto se veía como un comportamiento totalmente normal y, de hecho, loable. Siempre fui excéntrica. Mi madre, mi abuela y mi abuelo son personas que iban muy a la moda. Mi madre era una maestra del ahorro: a menudo compraba en la tienda de ropa de segunda mano que había en nuestra calle, cosas como polleras u overoles, y las acortaba hasta que eran versiones en miniatura del original, a los que añadía puntillas y pintura con volumen. El resultado eran unos intrincados conjuntos rococó. Mi abuela era un poco más reservada pero le encantaba un buen detalle  con muchos brillos. Con la vejez se aficionó mucho a un esmalte de uñas de purpurina de la marca Daiso. Mi abuelo era un pavo real: siempre iba de amarillo, verde, rosa intenso, a veces incluso con estampados de flores. Tenía dientes de oro y un Ford Thunderbird dorado de 1993, que heredé cuando murió en 2015.

Mi familia no es perfecta. De hecho, mi familia es muy disfuncional, pero siempre se les dio muy bien hacerme sentir como la reina del mundo. Crecí sintiéndome adorada de muchas maneras. De pequeña siempre me llamaban reina. (…)

Salir adelante sin ayuda de nadie, el famoso bootstrapping, es algo que he visto hacer a mi familia con orgullo durante todos los días de mi vida. La idea tras el bootstrapping es que cualquiera puede conseguir lo que sea, siempre que lo desee con la suficiente fuerza. Esta es una de las piedras angulares de la estética y la ideología estadounidenses. También es uno de los cimientos de la cultura de la dieta.

A diferencia de otras partes del mundo, donde se considera que el destino es algo que está fuera del alcance del ser humano medio, en Estados Unidos el destino es algo que está de forma rotunda dentro del alcance y el control de cada individuo. El fracaso es un problema individual, nunca colectivo, cultural o político. La idea es que si no tenés algo es porque no lo deseaste lo suficiente, o no te esforzaste lo suficiente. Aunque el atractivo de esta idea es innegable, en esta narrativa no hay mucho sitio para consideraciones serias como la justicia o la desigualdad histórica. Pero es esta fantasía —el sueño americano— la que fue el canto de sirena para muchos. Y también era un canto de sirena para mi familia y para mí. El bootstrapping es tan estadounidense como la tarta de manzana. (…)

Tal y como yo lo entendía, mi peso era claramente un problema: mi problema. Y descubrí que era mi responsabilidad arreglar mis problemas. No me enseñaron que a alguna gente no le gustan las personas gordas porque son intolerantes, y que es responsabilidad suya no ser intolerantes. Me enseñaron que todo el planeta odia a las personas gordas porque es una verdad universal e innegable que las personas gordas son malas. Presentado de esta manera, no tenía sitio para considerar que el tratamiento que yo recibía era poco ético o siquiera raro. Lo acepté como la verdad que había existido desde siempre. No fue hasta que empecé a investigar la historia y sociología de la gordura cuando descubrí que la manera en la que tememos a la grasa es un constructo social. “Gordura” y “delgadez” son categorías de mentira, al igual que lo son “gay”. “hetero”. Se crearon con la única intención de controlar a la gente.

☛ Título Tenés derecho a permanecer gorda

☛ Autor Virgie Tovar

☛ Editorial Godot
 


 

He menospreciado el impacto de lo que vivimos en nuestra psiquis

Intentar seguir con una normalidad inexistente. Eso es lo que siento que hacemos, intentamos a menudo hacer como que no pasa lo que pasa. 

Ayer estaba en la fila del supermercado y me largué a llorar. Podría haber sido por los precios, pero no. Demasiadas cosas contenidas. Y tanta gente que no entiende. Que no entiende casi nada de lo que pasa. No entiende que este virus no respeta si tenés 25 o 70 años, si sos gordo o flaco, si fumaste o nunca prendiste un pucho en tu vida. Ni siquiera respeta si te diste o no la vacuna, porque vemos con frecuencia pacientes vacunadxs que igual requieren oxígeno extra para poder seguir. Gente que no entiende que no somos héroxs de nada, que muchas veces no nos queda demasiado por hacer, que de este lado el agotamiento puede llegar a ser muy extremo y devastador, con todo lo que eso conlleva. 

Y sin embargo hay gente que sigue sin entender. Necesitamos que entiendan. Por ellxs, por nosotrxs, por todxs. 

Hoy tuve que ir a una guardia de emergencias en un sanatorio de la zona en la que vivo. 

Me quedé en la sala de espera y a mi lado, en una mesita (teníamos una silla vacía de por medio), se sentó una mujer sin barbijo. A los gritos, hablaba por celular y le decía a su interlocutor que llamara a unx abogadx si en su trabajo le decían que debía vacunarse. “No, a mí no me dicen nada porque ya saben lo que pienso de estas pelotudeces”, le seguía diciendo. Todo esto en la sala de espera de una guardia de emergencias, en una pandemia. Increíble. (…)

Busco refugio. Le mando un mensaje por su cumple a Patricia, una amiga cardióloga. Me responde con un audio, la voz entrecortada descubre una garganta que traga el llanto. Tuvo noticias tristes de gente querida y no hay ánimos de festejo. “Igual te quiero ver, aunque sea de lejos. Hay que ponerle vida a la vida, porque un día te morís y cagaste. No ves más a los que querés”, me dice. Le contesto que quiero abrazarla y que este virus se vaya a cagar. 

Realidades paralelas (Eugenia)

***

Salimos a hisopar a escuelas y jardines y nos encontramos con docentes y no docentes bien predispuestos. También me encontré con Daniela, a quien vi crecer en lo personal y lo profesional; hoy es vicedirectora del jardín que nos esperó con los brazos abiertos en épocas de pocos abrazos. La vida me ponía ahí, como médico, cuidando desde donde puedo a Daniela y a su equipo, y a otros equipos, y todos en equipo para que cuiden a nuestros hijos. 

Estoy sensible y la mañana transcurre con una jornada fuera del hospital, de esas que recordás porque hace mucho que el territorio está muy delimitado. Las horas de pasillos y gestos de lejos hoy se contrastan con la calidez de un jardín de infantes. Todo transcurría bien hasta que recibo la llamada del laboratorio: uno de los tubos estaba sin el hisopo. No lo dudé, me di cuenta de que, en un movimiento involuntario y erróneo, después de más de un año de hisopar todos los días, tiré el hisopo. 

No es algo dramático, pero a mí me avisa que estoy muy cansado, que ya lo automático no es suficiente, o que lo emocional no encuentra refugio en el automatismo de lo cotidiano, sino por el contrario, interfiere en mis movimientos obsesivos y compulsivos. Tiré un hisopo, y ese acto sencillo que se solucionó volviendo a hisopar a la docente, ese acto que tenía fácil remedio, para mí fue una llamada de atención. 

Difícil de explicar cómo puede angustiarme eso, un error, algo que puede dejarse pasar, mucho más luego de tantos días difíciles. 

Yo siento que he menospreciado el impacto de lo que vivimos en nuestra psiquis. (…) 

Estoy viendo a diario situaciones que me muestran las secuelas que no se ven en un consultorio post covid-19, son secuelas silenciosas, de órganos que no se palpan ni se auscultan. ¿Cuántos de nosotros en nuestros días tienen en cuenta que hace cuatrocientos días o más que estamos viviendo situaciones atípicas? Creo que la llamada “nueva normalidad” nos remite a un lugar donde no tenemos en cuenta el impacto de todo lo que hicimos, todo, desde lo más simple a lo más complicado, en un escenario absolutamente traumático. La muerte estuvo cerca de todos como nunca antes en la historia. Ese hecho, ese solo hecho, ya hace de este momento algo que debemos analizar y diagnosticar para sanar.  (…)

“Nueva normalidad” (José María) 

☛ Título Detrás de los barbijos 

☛ Autores Celeste del Bianco, Eugenia Traverso Vior y José María Malvido

☛ Editorial Marea


 

Cuando el cuerpo se llena de dolor 

Todos los días una familia, una comunidad, un colegio, un lugar de trabajo, una sociedad es sorprendida y enlutada con un nuevo femicidio; así se le ha denominado a los crímenes letales de naturaleza sexista, es decir, aquellos que son perpetrados por uno o varios hombres que piensan que las mujeres son inferiores, que son objetos o que son de su propiedad.

Cuando nos enteramos de un nuevo femicidio a las mujeres se nos llena el cuerpo de dolor por esa mujer que ha sido asesinada, de miedo por lo que pudiera pasarle a las niñas y mujeres de nuestra familia o de nuestra comunidad, a nuestras compañeras, amigas y a nosotras mismas; y se nos llena también de rabia y frustración al pensar en la desprotección, el desamparo y la impunidad a nivel estatal, esa que ignora las violencias que vivimos, que no recibe las denuncias, que no persigue a los agresores; pero sobre todo, que se conforma con tipificar el delito para cumplir con los estándares internacionales y con agregar un número más en un Excel en un departamento ministerial cuando otra mujer es asesinada. 

Pero ante la ocurrencia de estos crímenes y la exigencia al Estado de investigación sin dilaciones, justicia y no repetición, la respuesta institucional siempre es la misma: “no contamos con los recursos suficientes”, “la información disponible es escasa”, “debemos convocar a una mesa de discusión y trabajo con las familias y el movimiento feminista”, al mismo tiempo que prometen crear “un área especializada para sistematizar el número de víctimas y poder contar con información para el diseño de políticas públicas”; las cuales por supuesto nunca son implementadas porque no existe voluntad para transformar esta situación, y porque, cuando terminan de sistematizar los casos del año anterior se reinicia todo el ciclo con la llegada de una nueva autoridad o gestión gubernamental. 

Pero aunque los gobiernos continúen dilatando la atención y actuación ante los femicidios bajo la excusa de no contar con información, según las estadísticas oficiales de 16 de los 18 países de América Latina que han tipificado el delito como femicidio o feminicidio y que recopilé para esta investigación, se evidencia que, entre los año 2010 a 2018 han ocurrido 12044 femicidios, equivalente a 1338 casos al año, 111 al mes, por lo menos 4 al día y una cada 6 horas. No obstante, estas cifras pueden ser más elevadas debido a que la mayoría de los países comenzaron a registrar y publicar las cifras de los femicidios a partir del año 2014, algunos invisibilizan las motivaciones sexistas y misóginas de los crímenes y los procesan como homicidios comunes, en algunos países los femicidios no se contabilizan de forma regular, confiable, oportuna y transparente; y en aquellos en los que existen altos niveles de polarización y gobiernos con características antidemocráticas es común la negativa a publicar las estadísticas de femicidios con el fin de evitar los señalamientos por su inoperancia y negligencia ante la grave situación.

Pero a ello, estas estadísticas ponen en evidencia que las principales víctimas de femicidio son mujeres con edades entre los 18 a los 49 años, y que en América Latina prevalece el femicidio de pareja íntima, el cual consiste en el asesinato de una mujer por parte de su pareja o ex pareja en el contexto de la violencia machista (hayan existido antecedentes o no), la cual tiene lugar principalmente en la vivienda que la víctima compartía con el hombre, donde ella residía sola o con familiares, en la vivienda del agresor o en algún lugar donde fue citada por este para conversar, tratar de “arreglar las cosas”, o entregarle algunos recursos para la manutención de los hijos en común. 

A esta modalidad le sigue el asesinato de niñas o adolescentes por parte de algún familiar en el contexto de la violencia incestuosa, el asesinato de una niña o mujer por parte de un compañero de estudio o de trabajo, un vecino o amigo, maestro, médico, jefe u otro hombre con quienes existía una relación de poder y desigualdad en el contexto del acoso; el asesinato de niñas o mujeres por parte de desconocidos en el contexto del ataque sexual, así como, el asesinato de mujeres en el contexto de la trata con fines de explotación sexual por parte de hombres consumidores de prostitución, proxenetas o tratantes.

☛ Título Morir por ser mujer

☛ Autor Esther Pineda

☛ Editorial Prometeo


 

Recoleta: Un museo al aire libre

El cementerio de la Recoleta no solo es una necrópolis, es la historia de una ciudad, de una nación. Es el homenaje a héroes, a próceres y algunos que no lo fueron tanto. Es un museo al aire libre, es una galería de esculturas, es el panteón argentino. 

Fue el enterratorio de monjes recoletos cuando era este sitio un lugar lejano, una “tierra del fuego” de bandidos y contrabandistas.

Recoleta nació con ánimo festivo porque allí se celebraban los 12 de Octubre, la fiesta de la Virgen del Pilar. Bailes y cantos, carreras de sortijas y destreza criolla se reunían en las vecindades de la iglesia para recordar la aparición de la madre de Cristo sobre el pilar del puente sobre el Ebro. El apóstol Santiago fue testigo de la aparición, antes de convertirse en el Matamoros, el santo español por antonomasia.

La Recoleta nace con aires de modernidad y también, hasta cierto punto, anticlericales. Por disposición de Bernardino Rivadavia, ministro de Martín Rodríguez, se prohibió enterrar en las iglesias, hábito cristiano que nace casi con la misma religión, pero que en los tiempos que corrían eran fuente de miasmas y enfermedad. (…)De hecho, proliferan en la Recoleta símbolos masónicos, escuadras como la del arquitecto Pedro Benoit, o cadenas de 33 eslabones (como la tumba de Rufino Elizalde), (…)

Los símbolos y alegorías se suceden en sus pasillos, bóvedas y mausoleos. Códigos olvidados como los claveles de Dorrego, el memorial monumental de la bóveda de Ortiz Basualdo, el bronce bruñido por miles de manos que tocan el hocico de Sabú, el perro que custodia la bóveda de Crociati, los versos de Jorge Luis Borges en la bóveda de Lafinur, honrando a sus ancestros y el espacio que no ocupó para ser un habitante eterno de Ginebra.

Lugar de ritos secretos, a la puerta de Panteón de los Alvear, acudía cada sábado Regina Pacini a hablar con su Marcelo, hasta el día en que los dos se unieron. Acá Facundo esperó de pie el momento de presentarse ante el Creador. Luz García Velloso recibió el llanto poético por su precoz partida y se convirtió, en el imaginario popular, en la dama de blanco. Rufina Cambaceres intenta abrir la puerta de su encierro al volver de una falsa muerte, eternizada en la obra de Aigner.

En este lugar, Martín de Álzaga volvió a unirse a sus hijas, que pasaron años sin salir de su casa por el castigo indigno infligido a su padre, y lo acompaña Felicitas, víctima de celos enfermizos que hoy recuerdan con miles de papeles blancos.

En sus callejones terminan las rencillas de hombres cuando el tiempo los reduce a polvo. 

Aquí están Eva Perón y el general Aramburu, están Dorrego y Lavalle, Rosas y Alberdi, Facundo y Sarmiento en silencioso debate, las antípodas que Cronos diluye. (…)

En Recoleta se conjugan antiguos esplendores y piadosos reclamos, versos de un ultimo adiós y anhelos de esperanza, amores eternos y también no correspondidos. 

Todas las tumbas son símbolos de la imaginación, de los deseos y las esperanzas con las que cada época y cultura han interpretado la muerte. En Egipto el arte mortuorio representaba el concepto de la continuidad de los asuntos terrenales en alguna parte del más allá. Así emprendían su último viaje con las cosas queridas, necesarias en la otra vida que los esperaba.  (…) 

Los griegos transmitían la impresión de una sutil existencia entre las sombras, donde la vida se esfumaba en un hermoso recuerdo, como un eterno ocaso. 

Fue entre los romanos que nació la idea de una compensación, después de la muerte, por una vida virtuosa, sentimiento compartido por la mitología germana en el Valhalla, recreo eterno de los valientes guerreros. El cristianismo primitivo cortó todo lazo con este mundo, en espera de uno mejor, después de este valle de lágrimas. (…)

Ahora que la sociedad ha separado la muerte del culto y la religión, esta se ha convertido en una experiencia subjetivamente limitada, sin más capacidad simbólica que la bucólica imagen de integración con la naturaleza, con sus verdes campos y escuetas lápidas. Fue Borges quien dejó de lado su sarcófago histórico junto a las glorias familiares para enterrarse en la calvinista Ginebra de su adolescencia. (…)

En Recoleta, el pasado es hoy y el olvido se esfuerza en hacer memoria. En Recoleta, el pasado es hoy y el olvido se esfuerza en hacer memoria.

☛ Título Ciudad de ángeles

☛ Autor Omar López Mato

☛ Editorial El Ateneo


 

Ver los problemas de la educación pública y privada

En 2020 se cumplieron veintisiete años de la primera edición de mi libro La escuela vacía. Recuerdo que algunos colegas no entendieron el sentido simbólico de ese título (quizás porque solo leyeron eso). Yo usé esa expresión un tanto provocadora para mostrar que las aulas escolares estaban llenas de alumnos y alumnas, el sistema lograba incluirlos en las instituciones, cada vez había más docentes, pero a la vez se podía percibir un vacío de significado y contenidos.

Los años fueron acrecentando la conciencia de los graves problemas que atraviesa el sistema escolar. Este tiende a aumentar en número de alumnos y alumnas, de docentes, de establecimientos, pero a su vez se incrementa también la sensación de que muchas de las personas escolarizadas, pese al tiempo que transcurren en el sistema escolar y aun cuando logran apropiarse de diplomas y títulos, no poseen los conocimientos esperados. Este desfase explica que la escuela contemporánea ya no esté más allá de toda sospecha, como supo estar durante las primeras décadas de su fundación, junto con el Estado nación moderno.

A todo esto, los sucesivos gobiernos y ciertas instancias internacionales impulsaron y llevaron a cabo en las últimas décadas programas sistemáticos de evaluación de la calidad de la educación. En la Argentina, se instaló con la sanción de la Ley Federal de Educación de 1993. Desde entonces, la escuela, que era la institución evaluadora por excelencia, se constituyó en objeto de evaluación.

La evaluación como dispositivo central de política educativa, que comienza en ese momento, se volvió a enfatizar durante el gobierno de centroderecha del presidente Mauricio Macri (2015-2019), que puso la evaluación en el centro de su política y realizó operativos anuales con una finalidad manifiesta, disponer información para racionalizar la política educativa, y otra latente, pero que expresa los efectos reales de las evaluaciones, que es la denigración de la escuela pública para legitimar reformas orientadas por la lógica del mercado en la prestación del servicio educativo. Como era de esperar, estas iniciativas suscitaron el lógico rechazo de los defensores de la educación como derecho y de la escuela pública. Estos tienden a negar las deficiencias que, pese a sus imperfecciones y reiteraciones, muestran los resultados de las evaluaciones. El rechazo a la evaluación educativa no es una característica exclusiva de la Argentina, en mayor o menor medida el fenómeno se repite en muchos otros países de la región. (…)

Al mismo tiempo que se denuncia el “programa oculto” detrás de las evaluaciones sistemáticas y simplistas de la calidad de la educación, es preciso tomar nota del hecho cierto de la concentración de conocimientos y competencias, que constituye un obstáculo mayor para la formación integral y la inserción social de las nuevas generaciones (en términos políticos, culturales y socioeconómicos). (…)

Este libro, pues, busca aportar algunas consideraciones sociológicas sobre ciertos factores histórico-estructurales que configuran la particularidad de los problemas que enfrentan los sistemas escolares de las sociedades de alto y mediano desarrollo de la Argentina y América Latina, y que en general se asocian con un determinado modo de masificación de la escolaridad.

Este se caracteriza por la conjunción de “dos pobrezas”: la de los sectores sociales de escolarización más reciente (sobre todo en el nivel secundario) y la de las políticas educativas. Por otro lado, todos los cambios que se desarrollan en los espacios sociales más relevantes de estas sociedades ponen en crisis las instituciones y los “modos de hacer las cosas” en las instituciones escolares. Mientras tanto, distintos sectores sociales esperan cosas diferentes de la escuela, que se ha convertido en una institución sometida a una serie de demandas excesivas y muchas veces contradictorias. Sostendremos que estas y otras razones contribuyen a generar una especie de insatisfacción difusa acerca de lo que hace y produce la escuela. Como resultado de lo anterior, la escuela parecería estar sometida a políticas de reforma permanente que, en la mayoría de los casos, no alcanzan los resultados esperados.

☛ Título la escuela bajo sospecha

☛ Autor Emilio Tenti Fanfani

☛ Editorial Siglo XXI editores

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