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DOMINGO / Vladimir Putin
domingo 1 diciembre, 2019

Un liderazgo sin modales

Me llamó la atención su mirada, también la contradicción entre sus ojos y la agresividad de sus palabras.

por Hinde Pomeraniec

El presidente del Parlamento ruso planteó la posibilidad de un cambio en la Constitución conforme crecen los rumores de que el Kremlin estudia formas de permitir que el Vladimir Putin permanezca en el poder más allá de su mandato actual. Foto: Bloomberg
domingo 1 diciembre, 2019












Siempre me llamó la atención su mirada, ese paisaje helado e inexpresivo. También la contradicción entre sus ojos, al borde de la indiferencia, y la agresividad de sus palabras cuando algo lo enfurece. Su grosería puede no tener límites: durante mucho tiempo esta actitud no era algo habitual en un jefe de Estado, siempre apegado a las formas sociales, sobre todo en público. Con el paso de los años, distintos líderes fueron adoptando sus modos y permitiéndose toda clase de incorrección política, alterando los consensos y generando una confusión general al punto de que en el mundo hoy conviven políticos como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Matteo Salvini y Viktor Orban, entre otros, y a partir de sus comportamientos algunos creen que el descaro, la respuesta impulsiva y brutal y la violencia son, en conjunto, una forma de franqueza.

Putin fue un pionero en esta clase de liderazgo sin modales y desde un comienzo llamó la atención su talento para incomodar a la prensa y a visitantes ocasionales, al recurrir para ello no solo al lenguaje cotidiano sino, incluso, a su variante más bestial, el argot carcelario.

La primera vez que sorprendió a todos fue cuando aún era premier de Yeltsin y nadie veía en él más que un hombre gris, un burócrata. En medio de atentados de la guerrilla chechena y en una frase que aún se recuerda por su violencia y vulgaridad, aseguró: “Perseguiremos a los terroristas por todas partes. Si están en el aeropuerto, será en el aeropuerto; si los encontramos en el baño, pido perdón por lo que voy a decir, los aniquilaremos en el retrete y listo”. Ocurrió también cuando le preguntaron por las dimensiones de su fortuna personal y respondió con una frase despectiva y letal: “Se ve que ustedes se sacaron los mocos de la nariz y lo untaron en sus periódicos”.

“¿Qué sucedió con el Kursk?”, fue la pregunta del famoso periodista de la TV estadounidense Larry King. “Se hundió”, fue su respuesta. La tragedia ocurrió durante el primer año de su primer mandato y es uno de los capítulos más oscuros de su gestión. El 12 de agosto de 2000 el submarino Kursk, uno de los más potentes y modernos de la flota rusa, se hundió durante un ejercicio naval en el mar de Barents, con 118 tripulantes a bordo. Iba armado con 24 misiles de crucero Granit y una decena de torpedos. (...)

Durante algún tiempo, la prensa europea buscó provocarlo. Un periodista francés le preguntó por el conflicto checheno y en su pregunta hizo cuestionamientos a las acciones rusas contra las poblaciones civiles. Putin lo desafió: “Si está preparado para convertirse en un islamista radical y someterse a una circuncisión, lo invito a Moscú. Somos un país multicultural y tenemos especialistas en este asunto. Es más, voy a recomendar que lo operen de tal forma que nunca le vuelva a crecer nada más”. Un detalle: muchas veces, cuando pronuncia frases como estas, se disculpa antes o durante sus dichos.

La dureza de sus expresiones también se hace evidente incluso cuando busca establecer una relación fluida con la gente. El público suele celebrar este tipo de salidas. Ocurre hasta en esas falsas entrevistas públicas anuales a Putin que produce la TV estatal, donde se lo ve durante más de tres horas respondiendo toda clase de preguntas enviadas durante los días previos por supuestos ciudadanos anónimos en las que, en realidad, un grupo de personas selecciona o prepara las preguntas que Putin va a responder en cámara. Lo saben todos y no le importa a casi nadie. En una de ellas, se le preguntó si recordaba cómo había sido su primera vez en el sexo. Con su mueca característica de media sonrisa, contestó: “No, pero sí puedo recordar perfectamente cómo fue la última”. Lo aplaudieron.

En agosto de 2008, cuando el presidente francés Nicolas Sarkozy visitaba Moscú para buscar un cese al fuego en el conflicto con Georgia, Putin, entonces primer ministro de Dmitri Medvedev, le confesó que quería colgar al presidente georgiano Mijaíl Saakashvili “de las pelotas” y que los estadounidenses habían hecho muy bien en colgar a Saddam Hussein. (...)

Luego de varios años de rumores, en 2014 el presidente reconoció que estaba enamorado y que era correspondido. En 2015 algunas versiones dijeron que su supuesta nueva novia, la ex gimnasta Alina Kabaeva, había sido madre de una niña en Lugano, Suiza. Por esos días, Putin alimentó la versión porque canceló su agenda. El Kremlin adujo una enfermedad repentina del presidente.

Durante su carrera, la ex deportista obtuvo dos medallas olímpicas, 14 en distintos mundiales y 21 en campeonatos europeos. En el Mundial de 2001 le retiraron sus premios por un control antidoping positivo y abandonó el deporte en 2007. Nacida en Uzbekistán, Kabaeva es de etnia tártara y tiene nacionalidad rusa gracias a su madre. Durante siete años fue diputada del parlamento ruso por el partido oficialista Rusia Unida, y dejó el cargo para dirigir el Grupo Nacional de Medios, una de las mayores compañías privadas del sector de las comunicaciones de su país que siempre presenta posturas favorables al Kremlin.

En mayo de 2019, medios británicos publicaron que a los 36 años Kabaeva había sido madre de gemelos en el hospital Kulakov de Moscú. “Tengo una vida privada en la que no permito ninguna interferencia. Deben respetarla”, pidió Putin.

 

*Autora de Rusos de Putin, editorial Ariel (fragmento).


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