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domingo 11 agosto, 2019

¿Actores o espectadores?: La visita del secretario Wilbur Ross a la Argentina

El autor reflexiona sobre cómo se inserta la política internacional argentina en el contexto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Los aspectos estratégicos a tener en cuenta y la reacción de los países vecinos.

por Rafael Bielsa

Escalada. Tanto Xi Jinping como Donald Trump parecen avanzar en una guerra que solo produce incertidumbre a nivel global. Foto: afp

La propuesta a parte de miembros del Mercosur (Brasil y Argentina) de firmar acuerdos comerciales –bilaterales e individuales– con los Estados Unidos, exige una puesta en contexto para saber de qué estamos hablando cuando escuchamos a los que repiten como mantras las consignas exigidas.

El mundo asiste a las convulsiones de la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China. Peter Boockvar, director de inversiones del Bleakley Advisory Group, sostuvo que estamos en presencia de una escalada comercial beligerante “… que se está saliendo de los rieles”. El hecho de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos haya etiquetado a China como “manipuladora de divisas”, coloca el conflicto en una nueva fase.

Incertidumbre. La pregunta es: “¿hasta dónde se puede escalar, sabiendo que a continuación habrá margen seguro para un repliegue?” Estas dosis endovenosas de incertidumbre golpean en los mercados, y afectan la economía mundial, máxime en esta fase de capitalismo global monopólico-oligopólico financiarizado, como lo caracteriza Mónica Peralta Ramos. Como se sabe, el riesgo cambiario es el más volátil, el más difícil de advertir y el que reacciona con mayor nerviosismo. Léase, los vaivenes del yuan chino.

Los cambios de atavío y maquillaje de los primeros mandatarios norteamericanos, nos hacen pensar que, con ellos, cambia la estrategia yanqui, o que no la hay. La pregunta más útil sería: ¿cómo es? No sé bien a quién le importan estas cosas, pero sí que son cosas importantes.

El conocimiento visual de época, que multiplican los medios de comunicación y las redes, produce espejismos. Resulta cansador detectar el hilo conductor, si se parte desde el kitsch tejano de Bush hijo, se pasa por el lenguaje corporal y escénico sobreadaptados de Obama, hasta llegar al Grand Guignol del Pigalle neoyorquino que montó Trump.

Sin embargo, existe lo que los especialistas llaman “La Gran Estrategia” estadounidense. Cuando cayó el Muro de Berlín, Norteamérica –bajo la presidencia de Bush padre–, llegó a la conclusión de que el mundo sería unipolar, y lo que valdría no sería el Consejo de Seguridad de la ONU, sino la Casa Blanca. El presidente liberalizó las transferencias de capitales, para que los dueños pudieran prosperar y enriquecer “por derrame” a sus conciudadanos.

China. Desafortunadamente, el capitalismo no es un proyecto político, sino el modo de ganar la mayor cantidad de dinero posible: las empresas migraron sus controladas de menor valor agregado hacia China.

Por la vía de la manipulación fiscal, en aquel momento nació la valorización financiera, según como se la conoce hoy. Estados Unidos no tenía ya necesidad de recursos naturales, pero sí de que aquellos países que los tuvieran, no negociaran con nadie a quien Norteamérica no hubiese aprobado antes.

Por consiguiente, los países que disponían de ellos, pero eran levantiscos, debían ser desmantelados y reconstruidos: eso fue el ensueño trágico de un Irak “jeffersoniano”. Murieron muchos iraquíes, pero la democracia con igualdad de oportunidades políticas, sigue siendo una asignatura pendiente.

Washington dispuso tres líneas de pensamiento y acción capitales (“La Gran Estrategia”): en el plano diplomático, materializar alianzas con objetivos de crecimiento económico basados en la garantía del acceso a fuentes de energía (postura Rumsfeld/Cebrowski). No son necesarios los hidrocarburos del mundo; sí lo es alambrar a quiénes tendrán acceso a ellos. Declaró Ross en Argentina: “Un sector muy importante es el del gas y el petróleo. Es donde Estados Unidos tiene un gran liderazgo (…). Creo que hay un matrimonio lógico entre los recursos naturales de la Argentina y las habilidades y capitales que tenemos nosotros”. Cosas, no palabras.

En el plano comercial, el eje está en el regreso a Estados Unidos de una parte de los empleos que las empresas nacionales mudaron a Asia y a la Unión Europea. Dijo Ross: el acuerdo Mercosur-Unión Europea tiene algunas “píldoras venenosas”. En otras palabras: si va a ser con “nosotros”, con los demás será en “nuestros” términos.

Guerra. En cuanto a la estrategia militar, articulada las anteriores, comenzó por el Gran Medio Oriente –con las guerras en Afganistán, Irak, Líbano, Libia, Siria y Yemen–. A pesar de los anuncios sobre “el Giro hacia Asia”, el desarrollo militar de China impidió aplicarla en el Extremo  Oriente, y ahora Washington encañona a la Cuenca del Caribe, arremetiendo como aperitivo contra Venezuela y Nicaragua.

China, por su parte, alumbró su grandiosa “Iniciativa del Cinturón y la Ruta” (BRI). Xi Jinping quiere retomar el camino de la antigua “ruta de la seda”, mediante una inversión de US$ 900 mil millones, destinada a ferrocarriles, puertos y otras infraestructuras en 65 países a lo largo de los trazados estratégicos. La BRI es la estrategia de inversión más grande de la historia.

Tanto la una como la otra, la “Gran Estrategia” y la “Iniciativa”, recogen cuotas de poder y necesidades respectivas. Pero existen. Tanto la una como la otra, muestran un denominador común: los países menos significativos, a los que les falta la capacidad institucional para valorar los acuerdos (como por ejemplo, en el caso de los riesgos asociados a la fluctuación de las divisas), son particularmente vulnerables.

El Tratado del Mercosur no prevé negociaciones de libre comercio bilaterales e individuales. Sin embargo, el ministro de Economía vecino, Paulo Guedes, declaró: “Brasil comenzó oficialmente las negociaciones (de libre comercio) con Estados Unidos”. Confiará en que la cláusula que establece esta restricción sea modificada en la próxima cumbre del Mercosur. La Casa Blanca, por su parte, tiene una autorización del Congreso para negociar reducciones arancelarias hasta junio del 2021. Es nuestro problema: llegar tarde adonde nunca pasa nada.

Conservadores de hoy y de ayer. El conservadurismo antaño, y la restauración conservadora posterior, exhortan a marchar hacia el futuro… con escala intermedia en el pasado, sin tener confirmada la conexión para continuar el venturoso viaje. Históricamente, tuvieron su espejo y sus intereses en París, Londres y Washington.

Deberían, entonces, leer atentamente la diferencia de tono y estilo que utilizó Wilbur Ross en Brasilia y en Argentina. Trump

acaba de declarar que Brasil es “aliado estratégico extra-OTAN”. Los más despiertos, con seguridad ya estarán pensando en aumentar la frecuencia de vuelos Buenos Aires-Brasilia, y en disminuir la del tramo Buenos Aires-Washington.

Hubo un no sé qué en las espinas de las rosas disparadas por el secretario de Comercio que huele a cambio de capitales. De sedes políticas, y por ende, según su importancia, de símbolos de prosperidad o de decadencia.

*Abogado, ex canciller.


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