ELOBSERVADOR
El granero del mundo

América Latina: la batalla por el valor añadido

La región latinoamericana concentra más del 25% de las mejores tierras de potencial agrícola. Aparentemente condenados al eterno papel de exportadores de materias primas, las posibilidades de superar este rol pueden encontrarse en Washington, China o la Unión Europea.

2023_02_03_granero_mundo_america_latina_cedoc_g
La región latinoamericana concentra más del 25% de las mejores tierras de potencial agrícola. | cedoc

Ante las dificultades de la ratificación del Tratado de Libre Comercio que negocia el Mercosur desde 1999 con la Unión Europea, en la cumbre de julio en Puerto Iguazú del año pasado, Luiz Inácio “Lula” da Silva advirtió que al bloque sudamericano no le interesan los acuerdos que lo condenaran al “eterno papel” de exportadores de materias primas. 

El presidente brasileño, quien fue obrero metalúrgico en el cinturón industrial paulista antes de ser sindicalista, conoce por experiencia propia los efectos de lo que los economistas llaman una “desindustrialización prematura”. 

En el país, las manufacturas suponen hoy solo el 10% del PBI, frente al 30% en los años ochenta. Ese proceso ha sido paralelo a la reprimarización de su tejido productivo. Desde 2000, el sector agrícola se cuadruplicó en relación al Producto Bruto (40%), convirtiendo al gigante suramericano en el cuarto mayor productor mundial de alimentos. 

En 2022, cuando las cosechas de granos superaron los 285 millones de toneladas, seis veces más que en 1977, el Banco Estatal de Desarrollo destinó al sector el 25% de sus créditos, frente al 9% en 2009.

El primer país tropical en convertirse en una superpotencia agrícola es el mayor exportador de café, azúcar y carne avícola, y el tercero de soja. El departamento de Agricultura de Estados Unidos estima que en 2031 el país sumará 20 millones de hectáreas más de tierras cultivadas (25%).

Granero global. Lula sabe que, si no añaden valor, los acuerdos comerciales aportan poco al desarrollo de la región: 21 de sus 33 países obtienen más de la mitad de sus ingresos exportando bienes primarios. En doce de los suramericanos es el 62%. En Paraguay, la carne y la soja suman casi el 70% de sus exportaciones y un 30% del PBI. El 62% de las divisas que ingresan a Argentina se originan en un campo cada vez más vulnerable por las sequías y el cambio climático. 

Aún así, debido a su baja densidad demográfica, la región es hoy el mayor exportador neto de alimentos del mundo, cuya población llegará según la ONU a los 9.700 millones en 2050. 

Unos 3 mil millones de ellos se integrarán a las clases medias y, por ello, clientes naturales de los granos y cereales, que crecen en las grandes llanuras del Cerrado brasileño y las pampas argentinas. 

En conjunto, la región concentra más del 25% de las mejores tierras de potencial agrícola, en momentos en los que el 44% de los cultivos de trigo, arroz (43%), maíz (32%) y soja (17%) están en zonas de riesgo climático, que amenaza cosechas de 314 mil millones de dólares anuales, según estimaciones de Morgan Stanley.  

La agricultura absorbe el 70% del agua dulce. Sus mayores reservas están en la región, especialmente en acuíferos como el Guaraní –el tercero del planeta, con reservas aproximadas de 37 mil kilómetros cúbicos– y que se extiende a lo largo de 1.200.000 kilómetros cuadrados por debajo de los cuatros países de Mercosur. 

La capacidad de la región para saciar el voraz apetito del dragón, explica en gran parte el aumento del comercio con China, que pasó de los 12 mil millones de dólares en el 2000 a los 445 mil en 2022. Cofco International, el gigante alimentario chino, está dirigiendo el 40% de sus inversiones a Brasil, donde está construyendo en el puerto paulista de Santos una segunda terminal que aumentará su capacidad exportadora de tres a 14 millones de toneladas en 2026.  

Un futuro verde. En minería, Argentina, Perú, Bolivia y Chile concentran el 60% de las reservas explotables del litio, y Chile y Perú concentran el 30% del cobre. Un vehículo eléctrico utiliza entre dos y cuatro veces más cobre que uno convencional. 

En Brasil, que genera el 45% de la energía que consume con energías limpias, solo el 30% del subsuelo fue explorado en busca de metales valiosos. A escala global, en 2023 las inversiones en energías renovables aumentaron 40%, hasta los 1,8 billones de dólares, entre otras cosas, porque setenta países que representan el 80% de las emisiones prometieron que alcanzarán la neutralidad carbónica en 2050. 

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), para cumplir esas metas van a tener que multiplicar por 15 y 25, respectivamente, su generación de energía eólica y solar, y usar 35 millones de toneladas de “metales verdes” al año.   

Boom inversor. En 2022, la inversión extranjera directa en la región alcanzó los 224 mil millones de dólares; 55% más que en 2021. El 38% procedió de EE.UU. y el 39% de la UE. Brasil captó el 41%. En el resto del mundo la cifra se redujo 12%. 

No es la única buena noticia. En 2023, entre las monedas de los mercados emergentes con mejor desempeño estuvieron las de Colombia, México, Brasil y Perú. En julio, México superó a China como mayor socio comercial de EE.UU. por la reconfiguración de las cadenas de suministro globales. 

Cuando ocupaba el Palacio de la Alvorada, Fernando Henrique Cardoso solía decir que una de las grandes ventajas de Brasil era estar “lejos de todo”. De hecho, desde que en 1994 EE.UU. envió tropas a Haití, no se produjo una intervención militar extranjera en la región, casi sin conflictos fronterizos.  

Mover un contenedor desde Vietnam a Seattle toma al menos un mes. Desde Guatemala, al que Columbia Sportswear está trasladando la producción desde sus plantas chinas, solo una semana. 

La maldición de las materias primas. Por su pasado, nadie en la región ignora lo que significa la “maldición de los recursos naturales”: los altibajos de su cotización y su impacto en los ingresos de los gobiernos y los tipos de cambio, entre otras variables macroeconómicas.

En 2023 el valor del litio y el níquel cayó un 70% y un 40%, respectivamente, según Benchmark Mineral Intelligence (BMI), un fenómeno que sus analistas consideran un regreso a la normalidad tras años de exuberancia irracional. Los avances tecnológicos pueden sustituir al litio, el cobalto y el níquel por otros minerales tan abundantes como el sodio de la sal marina. 

La batalla del valor agregado se va a librar cada vez en campos como la I+D (investigación y desarrollo), en la que la región apenas invierte un 0,6% el PIB. El tiempo apremia.

Miedo a la competencia. En abril del 2023, el Parlamento Europeo decidió que a partir de 2025 los productores de materias primas que quieran acceder al mercado comunitario deberán certificar que sus exportaciones no contribuyen a la deforestación. 

En Brasil, la ganadería, que representa el 8,5% de las emisiones globales, es responsable de buena parte de la deforestación. JBS, la mayor exportadora mundial de carne, fue repetidamente acusada por Greenpeace de comprar ganado proveniente de terrenos deforestados.

Según escribe Andrés Malamud en Política Exterior, mientras que Mercosur exhibe su proteccionismo sin inhibiciones, el europeo se esconde “detrás de los árboles”. Al final, señala, la región más “eurocompatible” resulta más compatible con el euro que con una UE que le tiene miedo a la competencia.

Cuentos –y riesgos– chinos. China no es un competidor menos implacable: sus inversiones se concentran en sectores extractivos –energía, minería, petróleo– que aumentan las emisiones, los daños medioambientales y la deuda con bancos estatales chinos. 

Pero Beijing sabe que tendrá que competir con Washington y Bruselas si quiere mantener sus posiciones. BYD, ya el mayor fabricante mundial del vehículo eléctrico, va a invertir 624 millones de dólares en una planta en Bahía, la primera fuera de Asia y que producirá desde 2024 unos 150 mil vehículos eléctricos y procesará también litio para sus baterías. 

En 2021, la también china Great Wall Motors compró la planta de Daimler en Sao Paulo y en la que va a invertir 2 mil millones de dólares hasta 2032. 

Gracias a su pertenencia al Usmca, México juega ya en las grandes ligas. En Nuevo León, Tesla planea construir una planta, la tercera fuera de EE.UU., donde tiene cuatro, además de las de China y Alemania. 

Brasil quiere replicar el modelo mexicano con la ayuda tecnológica de China, que fruto de décadas de inversiones en minas y refinerías prácticamente monopoliza la producción del cobalto (75%), compuestos de litio (58%), grafito sintético (69%) y esférico (100%), sulfato de níquel (69%), manganeso (95%).

China restringió sus exportaciones de galio, germanio y grafito, esenciales en las baterías ión-litio. El procesamiento de esos minerales es caro y contaminante, lo que propicia la laxa legislación medioambiental china, a la que Bill Cassidy, senador republicano por Luisiana, acusa de “dumping ecológico”.   

Las cartas de Bruselas. La UE, que importa un 93% de los minerales procesados que consume, también es consciente que para competir con China debe hacerlo en su propio terreno. En enero, Margrethe Vestager, vicepresidenta de la Comisión, viajó a Chile, Colombia y Brasil, a los que prometió “su parte” de valor añadido. 

En su visita a Brasil, Argentina, Chile y México, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, prometió que la iniciativa Global Gateway duplicará la inversión europea en proyectos de energías renovables, hasta los 10 mil millones de euros hasta 2027. Bruselas ha aprendido la lección.

En 2018, Wolfgang Schmutz, empresario metalúrgico alemán, firmó un acuerdo con la minera estatal boliviana YLB para extraer litio del salar de Uyuni y proveer el “oro blanco” a VW, BMW y Daimler-Benz. Al final, La Paz concedió el proyecto a un consorcio chino liderado por CATL que presentó una oferta imbatible: una inversión de mil millones de dólares para suministrar electricidad a las plantas de procesamiento de litio en 32 salares de Potosí y Oruro. 

Chile, por su parte, un 64% de cuyo litio va a manos chinas, ofrece un modelo minero con estándares laborales y medioambientales europeos, y precios preferentes a compañías que inviertan en su industrialización. En abril, BYD anunció que invertirá 290 millones de dólares en una planta de cátodos de litio en Iquique. 

En Washington. EE.UU., cuyo comercio bilateral con la región superó los 1,5 billones de dólares, tiene muchas cartas que jugar. En una ceremonia en la Casa Blanca que creó la Alianza para la Prosperidad Económica en las Américas (APEP), Joe Biden dijo que el grupo–que integra a doce países, todos ellos con acuerdos de libre comercio con EE.UU.– movilizará grandes inversiones para trasladar al hemisferio eslabones de las cadenas de suministro de energías limpias, semiconductores y medicinas. 

En la sede del BID, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, dijo que para EE.UU. era prioritario reducir su dependencia de China, anunciando que el Banco Interamericano aumentará en 20 mil millones de dólares sus créditos en la próxima década. En agosto, Intel anunció que invertirá 1.200 millones de dólares en una nueva planta de chips en Costa Rica.

En junio, Uruguay anunció inversiones de 2 mil millones de dólares en proyectos de hidrógeno limpio. En 2022, la región atrajo 2 mil millones de dólares en inversiones en fuentes renovables, solo el 4% del total mundial.

En los pulmones. Muchos analistas advierten sobre el peligro de que la región quiera competir con su propio “dumping” ecológico en momentos en los que las protestas populares contra las actividades extractivas les ponen límites cada vez más estrictos. 

En el último lustro, Chile registró los mayores incendios forestales de su historia y Argentina y Uruguay sus peores sequías. En Panamá, el descenso del nivel del lago Gatún por la sequía ha forzado a reducir el tráfico del canal interoceánico. Las multitudinarias manifestaciones contra una mina de cobre a cielo abierto de la canadiense First Quantum Minerals han paralizado sus operaciones y obligado al Congreso a aprobar una moratoria indefinida a nuevas concesiones mineras. El cobre representa casi 5% del PBI panameño.

En la Amazonía, la actual megasequía redujo los cauces de ríos como el Negro, afluente del Amazonas, diezmando sus poblaciones de peces y dejando sin agua a comunidades rurales que ya sufren el impacto simultáneo de la deforestación y el avance de la frontera agrícola y la minería ilegal.

Desde principios del 2023, los fuegos han consumido más de 46 mil kilómetros cuadrados de bosques amazónicos. En Manaos, una gran ciudad de dos millones de habitantes, el caudal del río Negro ha bajado a la mitad. El humo de los incendios la ha hecho que su aire sea hoy uno de los más sucios, según los datos del World Air Qauilty Index.

En octubre pasado, el 68% de los ecuatorianos votó a favor de prohibir la minería en el Chocó andino, una reserva de la biosfera rica en oro, plata y cobre; y el 59% contra la extracción de petróleo en el parque nacional de Yasuní, dando la espalda a 13 mil millones de dólares en ingresos proyectados para los próximos 20 años.

Entre 2017 y 2021 en Chile se necesitaron unos 311 días de media para obtener una licencia minera. Entre 2002 y 2006 solo eran 139.

*Periodista, analista internacional y colaborador de Análisis Sínico en: www.cadal.org