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los partidos libertarios toman protagonismo en las facultades

“Batalla cultural” en las universidades

Se acercan las elecciones de la UBA y este año aparece en las facultades un espacio que años atrás apenas pasaba como un murmullo los partidos libertarios. Los seguidores de Javier Milei quieren también un espacio en las facultades.

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El 17 de abril de 2024, Rocío Gómez (21), una estudiante de Economía, cruzó el patio de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se acercó al Centro de Estudiantes y pidió que la anotaran en la lista de oradores para hablar en la asamblea. En aquel momento, la comunidad universitaria se preparaba para la primera Marcha Federal Universitaria y el objetivo de aquella reunión era discutir las consignas que llevarían a Plaza de Mayo. Cuando Rocío dijo el nombre de su agrupación, se produjo un silencio incómodo. Hubo dudas, pero al final accedieron. “Si quiere hablar, que lo haga”, escuchó por lo bajo.

Apenas tomó el micrófono, declaró: “Soy una piba liberal y joven que estudia en la UBA. Tengo la necesidad de decir que quiero a esta facultad, y también me preocupa la situación”. En un discurso que duró poco más de 2 minutos Rocío aclaró que quienes “defienden las ideas de la libertad” también estaban a favor de la educación pública. No obstante, para ellos, el problema del presupuesto no había surgido a partir de Milei, sino varios gobiernos atrás. Además, propuso exigir una auditoría con el fin de conocer más sobre la gestión del dinero público.

Uno de sus compañeros de militancia filmó la escena y subió el video a las redes sociales. La publicación se volvió viral. Al día siguiente, unas treinta personas se acercaron a la mesa de Somos Libres para empezar a militar; hoy el partido cuenta con alrededor de 300 adherentes. La mayoría son estudiantes de Economía, Ingeniería o Medicina, aunque también hay representantes de carreras de ciencias sociales.

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Este año habrá comicios en la UBA para elegir centros de estudiantes y representantes de graduados y, en ese contexto, los libertarios apuntan a conseguir un lugar en los consejos directivos de algunas facultades e incluso, en ciertos casos, aspiran a ganar la elección.

“Nosotros representamos a una mayoría silenciosa que se dedica a estudiar y no a hacer política. Por suerte, cada vez más gente se anima a decirlo”, explica Juan “Col” Agosti (26), médico, docente universitario y presidente de Somos Libres. Según relató, al principio, la agrupación no fue bien recibida en su facultad, la de Medicina: “En nuestra primera semana, nos robaron la mesa varias veces e incluso la pintaron con el color de otro espacio”. Tres años después, asegura que la “mesita” libertaria está firme y que aquellas disputas no fueron más que un cobro por el derecho de piso.

Al igual que Gómez, Agosti sostiene que el principal problema de las universidades públicas no es el financiamiento, sino la falta de transparencia. “Decimos que nuestra universidad es eficaz porque forma profesionales de excelencia, pero no es eficiente en la gestión de los recursos. Si el presupuesto no se destinara a cosas que los estudiantes no piden, habría mejor infraestructura y podrían aumentar los sueldos docentes”, explica.

A fines de 2025, el Congreso Nacional aprobó la Ley de Financiamiento Universitario. La normativa contempla la actualización periódica del presupuesto, la recomposición salarial docente en línea con la inflación y el financiamiento destinado al mantenimiento edilicio, entre otros puntos. Aunque la ley fue promulgada en octubre de 2025, nunca llegó a entrar en vigencia debido a un decreto del Poder Ejecutivo que dejó sin efecto su aplicación.

En los últimos días de febrero, el gobierno nacional envió al Congreso un nuevo proyecto que modifica la norma aprobada en 2025. Según el texto oficial, la iniciativa busca “armonizar las necesidades de financiamiento de las universidades con las posibilidades reales del presupuesto 2026”. El Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) ya expresó su rechazo a la propuesta del Poder Ejecutivo y exige que se cumpla la ley sancionada por el Poder Legislativo. En relación con el conflicto, Agosti sostiene que el propósito del Ejecutivo no es ir en contra de la universidad pública, sino corregir las fallas de un sistema que, a su juicio, funciona de manera deficiente: “Aprobar una ley sin realizar auditorías previas es como darles un cheque en blanco a las universidades para que sigan sin explicar qué hacen con el dinero”.

La “batalla cultural” libertaria en las universidades. La presencia de las agrupaciones afines a Milei en las universidades públicas no fue –ni es– sencilla. En primer lugar, porque disputan un terreno que, desde la década de 1960, se caracterizó por la fuerte presencia de agrupaciones peronistas y de izquierda. Por eso mismo, organizan charlas abiertas con referentes libertarios, como Alejandro “el Profe” Álvarez, subsecretario de Políticas Universitarias, o el economista Juan Pablo Fara, con el objetivo de difundir sus ideas. En paralelo, brindan cursos gratuitos de capacitación acordes a las necesidades de cada carrera, o coordinan visitas al Congreso.

Hasta el momento, Filosofía y Letras y Psicología son las únicas dos facultades en las que los libertarios no tienen presencia formal. En la Facultad de Ciencias Sociales, donde el ambiente es más hostil para las agrupaciones de derecha, ni siquiera evalúan la posibilidad de instalar una mesa. En cambio, recurren a la virtualidad o al boca a boca.

Joaquín Iglesias (20) se encuentra en la mitad de la carrera de Ciencia Política y es el principal referente libertario en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Para él, una de las dificultades de las agrupaciones libertarias para instalarse en la facultad se relaciona con el fuerte vínculo de los estudiantes con la política. “Yo soy un fiel creyente de que la competencia y la pluralidad de voces siempre es beneficiosa, pero al haber tanta polarización, a muchos les cuesta aceptar la presencia de una lista de derecha”, remarca.

A pesar de esto, destaca que el grupo de WhatsApp de Somos Libres en Sociales ya cuenta con unos 40 miembros: “La mayoría somos de Ciencia Política, pero también hay gente de Comunicación e incluso Sociología”.

El resto del país. Universitarios por la Libertad (UPL) es la agrupación que articula a todo el movimiento universitario libertario a nivel nacional. El 28 de febrero de este año, el espacio realizó su lanzamiento oficial en un acto que contó con la presencia de Karina Milei.

Mientras tanto, en la provincia de Buenos Aires coexisten dos agrupaciones libertarias que responden a distintos funcionarios. Por un lado, Universitarios de La Libertad Avanza (ULLA) cuenta con mayor presencia en la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Nacional de José C. Paz. El espacio es cercano a Las Fuerzas del Cielo, una organización que se referencia en Santiago Caputo. La otra agrupación se llama Crear + Libertad y es afín al armador bonaerense Sebastián Pareja. Casi todos sus militantes provienen de la juventud libertaria de la Provincia y están distribuidos entre la Universidad Nacional de San Martín y la Universidad Nacional de Mar del Plata. En esta última, ya cuentan con cinco secretarías y cinco vocalías.

Si bien los integrantes de estos espacios comparten el reclamo de la transparencia, también aparecen otras demandas. Por ejemplo, Federico Rivarola (27), estudiante de Sociología en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y militante de Crear + Libertad, señala que uno de los principales problemas de su carrera se vincula con la falta de pluralismo en los planes de estudio: “La mayoría de los autores están en contra del capitalismo, tienen un lineamiento socialista o son críticos de este sistema, pero no proponen otra alternativa. Casi no vemos a los liberales y, siempre que los dan, los presentan como los malos de la historia”.

Victoria Gutiérrez, referente de ULLA del Departamento de Ciencias de la Salud y el Deporte de la Unpaz, argumenta que en muchas carreras pertenecientes a la rama de salud hay materias de relleno que exceden el conocimiento científico: “Deberíamos recibirnos en cinco años, y por ese tipo de materias terminás tardando siete. Está bien que existan, pero deberían ser optativas”.

Más allá de los resultados electorales, la presencia de estas agrupaciones libertarias da cuenta de un desplazamiento en las formas de politización juvenil dentro de la universidad pública. Sus militantes recuperan repertorios clásicos de la vida estudiantil –mesas, asambleas, elecciones–, pero los articulan con lenguajes y dinámicas propias del ámbito digital y de la llamada “batalla cultural”.

En ese cruce, lo que está en juego no es solo la competencia por los espacios de representación política, sino también la posibilidad de interpelar consensos históricos sobre el sentido de la universidad pública, los mecanismos de financiamiento y el lugar que debe ocupar la política en la vida académica.

*Periodista y antropóloga especializada en nuevas derechas.