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ELOBSERVADOR / luigi zoja
sábado 21 abril, 2018

“El patriarcado fue importante para Occidente”

El psicoanalista italiano reconoce los abusos del predominio masculino, pero subraya que la paterna es la figura fundacional de nuestra civilización.

por Samuel Cabanchik

Radicalizadas. Las expresiones feministas más duras no provocaron la “caída” de la imagen simbólica paterna y, por extensión, de los varones. En realidad, fue a la inversa. Foto: CEDOC
sábado 21 abril, 2018

En su gira por Latinoamérica, Luigi Zoja, psicoanalista italiano especialista en la obra de Carl Gustav Jung, reflexiona sobre la figura paterna, el patriarcado y el feminismo, a propósito del lanzamiento en español de su libro El gesto de Héctor.

—Su obra “El gesto de Héctor” nos ofrece una imagen enriquecida del padre, en una época poco favorable a su realidad simbólica. Me gustaría comenzar por pedirle que amplíe su tesis de que el padre es el fundamento o al menos un eslabón fundamental de nuestra civilización.

—No es tan novedosa mi interpretación, sino la suma de muchas perspectivas de sociólogos y antropólogos del siglo XX. Fundamentalmente, tanto esas perspectivas como mi interpretación reconocen como su fuente la gran obra de Margaret Mead, y está bien que un varón que escribe sobre estas cosas cite la autoridad de una mujer.Mead decía que mientras las chicas cuentan con el instinto para volverse madres, los chicos requieren de una sociedad y una educación para volverse padres. Y por esto, según su interpretación, se dio y se da el gran problema de los afroamericanos, que en su esclavización conformaron un grupo con ausencia de padre, predominantemente matrilineal. Más allá de este limitado ejemplo, la historia enseña que las civilizaciones requieren el reconocimiento bastante complejo del papel paterno, y las obligaciones que conlleva. Si bien el patriarcado devino en abusos de todo tipo, fue importante para Occidente. (Dicho sea de paso, es interesante que en español se diga “padres” para ambos progenitores). Cabe recordar, como también hizo Jung, el término enantiodromía, para señalar que el patriarcado fue una exageración opuesta al matriarcado, quizá propio de civilizaciones más primitivas. Una exageración que se muestra extrema en la teoría del homúnculo, que especula que el hijo ya está en el esperma.

—Usted se refiere a esta compleja construcción del padre, señalando que encierra una paradoja. La figura legendaria del gesto de Héctor, que en su libro escenifica esta paradoja, ¿fue alguna vez realizada plenamente en la historia, o su realidad paradojal y enigmática es lo que hay que preservar y transmitir con el valor del símbolo?

—El ideal se puede ver bastante realizado en la antigüedad clásica, especialmente en la época griega, porque la época romana es ya una degeneración militarista. La paradoja contiene la tensión entre el polo agresivo masculino y el polo protector, programador incluso, consistente en el proyecto: “el padre lucha contra el tiempo”, podemos decir en ese sentido. Pone un límite, que no ha de verse en el sentido conflictual con el que lo ve Freud en su visión del Edipo y de la castración, o no solo así, sino también en su vertiente amorosa. Recordemos al lírico romano Catulo, que escribe a su amada: “te he amado como un padre ama a su hijo”, para enfatizar ese amor filial como un paradigma de amor y de ternura.

—En este tiempo de grandes transformaciones en las políticas, en la legislación e incluso en el lenguaje de género, usted le otorga poco peso a estos factores en la explicación de la caída del padre, en la generación de la actualidad del padre ausente, ¿podría explayarse al respecto?

—Disiento de amigos y colegas que señalan que el exceso de un cierto feminismo extremo es un factor condicionante. Más bien lo veo como una consecuencia de la crisis del padre, ya producida desde la modernidad, es decir, como un resultado de la renuncia a la responsabilidad que conlleva la paternidad. Sin embargo, incluso las parejas de un mismo sexo muchas veces son muy conscientes de la importancia de asumir esta responsabilidad paterna, que uno de sus miembros puede ejercer perfectamente.

—En su libro también hay una lectura política del padre.

—En efecto, por ejemplo el fascismo, lejos de reconstituir la fuerza simbólica del padre, fue más bien la instauración de un macho alfa, que es otra cosa. Mussolini llamaba a los jóvenes a ser manada, una horda en su expresión más extrema, contra  los padres burgueses.

—Es interesante notar que los críticos del presidente Mauricio Macri a veces intentan denostarlo acentuando el vínculo con su padre, Franco, imputándole una continuación, o señalando que no es él sino su padre el hacedor, en tanto empresario. No sé si puede decirnos algo al respecto.

—Bueno, no conozco lo suficiente. Sé que su padre es un empresario de origen italiano. Con Cristina era diferente, ya que no se trataba de su padre…

—El peronismo dio un lugar central a parejas: Perón y Evita, Néstor y Cristina…

—En todo caso, no se ve por qué habría que acentuar un aspecto negativo en una línea de mayor transmisión paterna, como sería el caso de Macri. Volviendo a la actual ausencia del padre, en una nota a pie de página, recuerdo en mi libro los dichos de una paciente, que me decía, respecto de su vida en el campo: “Mi abuelo era un tirano, pero era un padre; mi padre era más bien un idiota frente al televisor”. De este modo, duro y sencillo, señalaba una realidad contemporánea, porque hoy en día el padre llega a su casa y se aísla de esa manera, volviéndose poco significativo.

—¿Qué perspectivas ve para una reconstrucción de la figura del padre?

—Bueno, en mi obra he desarrollado una historia, una genealogía. No sé cuál será el porvenir ni lo que habría que hacer. Sorprende al menos el creciente interés por la obra, que ya tiene edición en doce países y su reedición goza de cierto éxito de ventas. Es importante que se hable del padre, que se reconstruya la memoria de su gravitación en nuestra historia. Hay un fenómeno actual que se observa en muchos jóvenes, que están orgullosos de su paternidad. Pero también se observa, por ejemplo en Italia, que se habla de mamo, refiriéndose al padre como a una segunda madre. Se recupera así el lado tierno y protector del padre, pero falta el otro polo, el de la fuerza que diferencia, limita y proyecta, esencial a su construcción paradojal. Ambos polos son esenciales al padre, tal como se aprecia en la figura de Héctor: en la Ilíada de Homero Héctor lleva su armadura puesta, y en su gesto de alzar a su hijo y reconocerlo, se la saca. Como sea, reitero, me pone feliz encontrar incluso el interés periodístico en tantos países –ahora visitaré Chile y Uruguay, por ejemplo–. Interés de hablar del padre, de leer y analizar un libro que intenta un aporte intelectual, más que literario, para pensar la cuestión del padre.


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