24 nov 2020
ELOBSERVADOR |PERFIL 14 AÑOS
sábado 14 septiembre, 2019

Finalizar la grieta es recrear el vivir juntos

La autora analiza el proceso cultural que debe acompañar a la transformación política. Destaca la importancia de los fotos de discusión y debate en el proceso de llegar a una comunidad más unida.

CANDIDATOS. Hay romper con los prejuicios. Para unos, Fernández sería el fin de la república; para otros, Macri representa a los ricos. Foto: Marcelo Aballay
sábado 14 septiembre, 2019

La política como el arte de conducir una comunidad de hombres que deciden vivir juntos está en crisis. La globalización abrió una puerta en la que quienes más tienen viven creyendo que no le deben nada a la comunidad en la que nacieron, y los más pobres no se sienten contenidos por esa comunidad en la que nacieron o eligen vivir por necesidad.

En este planteo, no hay un “vivir juntos” que dé sentido al común que nos une. Porque en un vivir así, en el medio de esos dos polos, existe un sector cuya aspiración por alcanzar un nivel que haga posible ser ciudadano del mundo (en términos de bienestar, hoy quizás teñido solo de consumo), considera a la propia comunidad en la que vive, obstáculo o mal necesario.

Sospechas y grietas. La dirigencia política, cuya misión profesional es conducir esa comunidad buscando el bien de todos por sobre el de un solo sector, está sospechada de ser ella misma un sector con propios intereses, generalmente muy lejos del común de todos. Hay crisis de representatividad, pero también de la profesión. Parece a veces una casta peleando lugares de poder que nada tiene que ver con lo que le pasa al común de toda la comunidad. 

Para empeorar el escenario, nos cruzan grietas. Grietas que no hablan de la riqueza inmensa y necesaria de la diversidad, el respeto y el diálogo. Sino de que mi existencia requiere la desaparición del otro. Y ese otro está descalificado por pensar tan diferente. Esto en el vivir juntos es letal. Si la oposición actual es para algunos el fin de la República. Y si para los otros el Gobierno actual solo defiende intereses de un sector que arruina el resto. La salvación del país para unos y otros implica la negación de los otros. No hay una idea de vivir juntos. Sino de ganar e imponer una sola manera que implica la de-saparición del punto de vista del otro.

Diálogo. Cuando se trata de temas menores, es la competencia legítima. Podemos pensar que hay distintas maneras de resolver algunas cuestiones y la más convincente ganar y tener la legitimidad de llevarla a cabo. Pero cuando está en riesgo toda la comunidad en su conjunto (ocurre en las guerras), no hay posibilidad alguna de descalificar al otro. Nos necesitamos todos si queremos salir adelante. Y eso quiere decir que quien detente el poder legítimo, está obligado a sumar a los otros. Y que unos y otros están dispuestos a poner algo para sacar adelante a todos.

La dirigencia política está sospechada de ser ella misma un sector con intereses propios, generalmente muy lejos del común de todos. Hay crisis de representatividad

No tiene mucho sentido hablar de mesas de diálogos sectoriales cuando cada uno va a ver qué puede sacar, y ningún sector va a la mesa con la hoja de lo que está dispuesto a poner para salir adelante. En esas mesas, hay sectores que no están representados, y que la política debiera representar para cuidar que lo que todos pongan signifique algo para el cambio de aquellos que hoy no pueden estar ahí.

En estos últimos tiempos hay muchos espacios de intelectuales, académicos e incluso de debate político, hablando de los “necesarios consensos”. Iniciativas como “Argentina Conversa” que llevan adelante distintas personalidades de la sociedad civil; o los talleres que el Observatorio de la Deuda Social de la UCA organiza con la Fundación de la Uocra y el Centro Interdisciplinario de Estudios Avanzados de la Universidad Tres de Febrero; e incluso el accionar en favor de juntar voluntades que sostengan un “Consenso por la Función Pública”, y que ya cuenta con más de setecientas firmas de académicos y funcionarios de varios sectores. Probablemente haya muchas más en todo el país.

Acciones ante el abismo. Sin embargo, lo que falta es que las acciones se tiñan de estas ideas. La búsqueda de consensos se hace sin los dirigentes que pueden crear las condiciones para que se haga realidad… entonces fracasa y produce frustración. Si quienes están a cargo de las decisiones trascendentes no incluyen a todos y creen que pueden solos, seguimos en el mismo lugar. Cuando hay que mover piezas no se hace con los otros ni pensando en las necesidades de todos y los resultados no llegan. Volvemos a sentirnos en crisis.

La comunidad necesita de todos. La Argentina necesita de todos. De todos es todos los sectores, los que te parecen mejores y los que no te gustan, porque se construye con todos los argentinos. O no se construye. Las pruebas están a la vista. Porque cada vez que cambiamos de gobierno estamos en un abismo. Porque el planteo es terminal. Porque no podemos vernos como del mismo lugar. Porque no creemos que el destino personal depende también del otro.

Lograr que la Argentina productiva financie la reconversión de la Argentina improductiva que deja argentinos detrás requiere personas comprometidas

Lograr que la Argentina productiva financie la reconversión de la Argentina improductiva que está dejando cada vez más argentinos afuera, requiere argentinos comprometidos. Que crean que vale la pena un destino común mejor. Que no griten de la tribuna lo mal que lo hacemos, sino que entren al partido preguntando dónde me necesita el equipo. De técnicos que quieren que Argentina gane el partido, no que estén cuidando la silla que ocupan o que se vendan mejor sus jugadores. Que nuestros Messis y Maradonas, sientan que necesitan el equipo si quieren ganar con Argentina. Si no, habrá algunos exitosos ciudadanos del mundo y también cada vez más argentinos con hambre, y… el común, esa camiseta, la Patria, la Argentina, seguirá cayéndose despacio de la historia. 

*Politóloga. Directora Escuela de Política y Gobierno, UCA.


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