ELOBSERVADOR
Entrevista desde Darfur, Sudán

Heridas que no se ven: ser trabajadora de salud mental en zona de guerra

Perderlo todo, no poder comunicarse con seres queridos y no tener para comer son solo algunas de las situaciones traumáticas que las víctimas de la guerra en Sudán, que se desarrolla desde hace casi tres años, deben enfrentar. Patricia Piserchia es gestora de actividades de salud mental en un campo de desplazados de Darfur y, desde la zona de conflicto, la psicóloga habla con PERFIL sobre los desafíos que las víctimas –y ella como profesional– afrontan.

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Desde Ucrania hasta Yemen, Chad y la República Centroafricana, Patricia Piserchia es una psicóloga argentina que trabaja en Médicos Sin Fronteras desde 2021 ayudando a las poblaciones afectadas por conflictos armados o desastres naturales en diferentes partes del mundo. Desde diciembre de 2025 está en el campo de desplazados de Tawila, Darfur, Sudán, donde se encarga de ser la gestora de actividades de salud mental en condiciones de lo más desafiantes.

Más de 10 millones de personas se han visto forzadas a dejar sus hogares desde abril de 2023, cuando estalló la guerra civil en Sudán entre las fuerzas armadas y las paramilitares. Sin hogar, enfrentando pérdidas, asaltos y bombardeos, los desplazados llegan a Tawila, donde los recibe Patricia, entrevistada por PERFIL, para ayudarlos a superar las situaciones traumáticas que han tenido que enfrentar.

—Creo que cuando uno piensa en medicina en zonas de guerra, lo primero que se le ocurre son los cuidados físicos. Sin embargo, también está el cuidado mental. ¿Cuáles son esas heridas que no se ven?

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—Las heridas emocionales son menos visibles y más estigmatizantes debido al preconcepto de salud mental entendida desde su aspecto negativo como locura. Las situaciones de violencia a repetición que atraviesan las personas desplazadas que atendemos en el campo de desplazados de Tawila generan efectos nocivos en la vida de las personas. Más allá del estrés generado por el conflicto armado, el miedo, la inseguridad, la pérdida de seres queridos, de posesiones, la violencia sufrida en carne propia por la población, no podemos hablar de eventos en tiempo pasado: las personas que llegan a nosotros viven en condiciones de necesidades básicas no satisfechas y desconocimiento del paradero de sus seres queridos, además de incertidumbre respecto a su futuro. Las situaciones de estrés son continuas, lo cual agrava su condición mental y dificulta la puesta en marcha de mecanismos de afrontamiento para recuperar el estado de bienestar biopsicosocial. La mayoría de los pacientes que son atendidos en nuestra clínica en Dabat Nayra, Tawila, presentan síntomas que perjudican y, en ocasiones, imposibilitan la continuidad de sus rutinas diarias; incluso el cuidado de los hijos, de sus casas y de sí mismos, según la severidad de los síntomas presentados. Algunos ejemplos de los síntomas más comunes entre la población son dificultad para dormir, pensamientos intrusivos constantes que les recuerdan los eventos de violencia atravesados, falta de energía, ansiedad, tristeza, apatía y aislamiento. Incluso, algunos pacientes llegan a desarrollar síntomas de estrés postraumático más difíciles de tratar y de recuperarse. Un gran desafío son los pacientes con síntomas psicóticos, que necesitan medicación psicotrópica; algo desafiante debido a la falta de médicos que prescriben medicación psiquiátrica en la zona. Las personas que se encontraban en tratamiento antes del conflicto se encuentran sin posibilidad de continuarlo y desarrollan nuevamente síntomas como agresividad o alucinaciones.

El acceso a sistemas de salud mental es menos frecuente que a los sistemas de atención médica tradicional, y es necesario realizar sesiones de psicoeducación con la comunidad para crear conciencia de los aspectos nocivos de la violencia y de las situaciones estresantes para la salud mental, lo que significa entender las “reacciones emocionales, conductuales y sociales normales debido a situaciones anormales”.

—Imagino que esas heridas comienzan en la guerra, pero duran más allá del conflicto, ¿es así?

—La mayoría de las personas que desarrollan reacciones de estrés normales como consecuencia de eventos de violencia a los que son expuestas no reciben apoyo ni el soporte necesario; esto trae como consecuencia el desarrollo de síntomas más severos y nocivos para la puesta en marcha de estrategias de afrontamiento positivas y el retorno a una rutina saludable, lo que conduce a mayor dificultad para recuperarse. Asimismo, el acceso a servicios de salud mental es limitado teniendo en cuenta la demanda y la necesidad de la población. Todas estas condiciones dificultan la recuperación de una salud mental satisfactoria y el retorno a una vida cotidiana.

—¿De qué trastornos estamos hablando?

—En general, la mayoría de las personas desplazadas han atravesado situaciones de violencia a repetición. Han visto a sus seres queridos ser asesinados, han debido huir para no perder sus vidas, dejando todo detrás. Todas estas situaciones generan estrés, ansiedad, miedo, incertidumbre. En general, todos fueron expuestos a estrés agudo, síntomas que, sostenidos en el tiempo, pueden desarrollar alteraciones como estrés postraumático. Entre otros trastornos, la población ha desarrollado síntomas de depresión, en algunos casos severos; incluso se han reportado algunos casos de suicido o intentos de suicidio en el campo de desplazados. Asimismo, algunos pacientes desarrollan síntomas psicóticos, agresividad, alucinaciones y delirios.

—¿Siente que la guerra también la afecta a usted, como personal que trabaja en salud mental?

—El trauma vicario o secundario afecta a todos los trabajadores humanitarios. Aun cuando los síntomas no son visibles o comprensibles en el corto plazo, el trabajo en situaciones de emergencia, la exigencia, así como el ser partícipe de las situaciones traumáticas y estresantes a las que son expuestos los pacientes, el encuentro con el sufrimiento de otras personas y el escuchar sus historias generan síntomas como agotamiento, dificultades para dormir o falta de concentración. Muchas veces los trabajadores humanitarios no somos conscientes de las consecuencias del trabajo continuo, de la afectación personal que genera la escucha activa que brindamos a nuestros pacientes en cada encuentro. Suele decirse que los trabajadores de la salud son los peores pacientes porque muchas veces olvidamos cuidar de nosotros mismos, de descansar el tiempo suficiente, realizar actividades recreativas con colegas, hacer ejercicio o compartir tiempo y experiencia con la familia y amigos.

—¿Cuáles son los eventos traumáticos que viste particularmente en Sudán?

—Los eventos traumáticos que las personas que llegan al campo de desplazados de Dabat Nayra han atravesado van desde violencia física, haber presenciado el asesinato de sus seres queridos y violencia sexual, que es muy frecuente en el camino desde Al Fasheer, desde donde llegan la mayoría de nuestros pacientes, hasta Tawila. Todos nuestros beneficiarios son personas que han debido huir, dejando sus trabajos, casas e incluso familias para salvar sus vidas. Los efectos de estos eventos son devastadores para la salud mental y es difícil recuperarse debido a la continuidad de la situación de estrés en la que se encuentran viviendo en el campo de desplazados. Al llegar, son enviados a una zona transicional en la que deben aguardar hasta cinco meses para ser trasladados a un territorio más estable, en el que deben comenzar a buscar materiales para construir sus nuevas viviendas, con materiales precarios como ramas de árboles y sábanas, para cubrir la intimidad de sus vidas familiares. No pueden siquiera comunicarse ni saber si sus seres queridos han sobrevivido a la violencia desplegada por las fuerzas armadas. Hay muchos niños solos, al cuidado de hermanos menores, que han debido madurar a la fuerza para poder hacerse cargo del cuidado de sus hermanos, buscar trabajo o mendigar por comida. Los recursos de las organizaciones humanitarias no son suficientes ante la creciente demanda de alimentos, agua, materiales para construir viviendas y elementos de cocina. Muchos no tienen agua suficiente ni condiciones de higiene, lo que aumenta la propagación de enfermedades. La base de la pirámide de salud mental son las necesidades básicas, ¿cómo podemos pretender que la condición de salud mental y los trastornos desarrollados durante el conflicto, que continúa al día de hoy, puedan ser resueltos o mejorados cuando las personas no ven satisfechas sus necesidades básicas?

—¿Hay alguna situación que haya vivido en Sudán que le parezca importante mencionar?

—En la clínica hemos recibido pacientes encadenados por sus familias por no saber cómo tratar con los síntomas que presentan. La mayoría de las personas no tienen suficiente comida, agua ni materiales para construir sus hogares. Durante la noche el clima puede ser muy fresco y muchos se quejan del frío que pasan y las enfermedades que generan en sus niños. Los niños se encuentran solos en la calle sin adultos responsables que cuiden de ellos. Muchos se ven forzados a trabajar, los vemos en el mercado vendiendo mercancía o manejando los carros tirados por burros que trasladan personas a través del campo.

—¿Cuál es la particularidad de la zona en términos del trabajo de Médicos Sin Fronteras?

—Dabat Nayra es el campo de desplazados más grande que haya conocido. Visto desde la colina, se asemeja una ciudad. Se pueden ver las “casas” de paja, troncos de árboles y sábanas como un mar en medio del desierto. El campo de desplazados cubre más superficie que la ciudad de Tawila, que se encuentra al otro lado del río, y que se verá inaccesible en época de lluvia cuando el wadi (valle o río seco) que los separa sea cubierto por el agua. Esta ciudad en pleno crecimiento aumenta su tamaño cada día. Semana a semana, al recorrer el campo en auto para supervisar el equipo de community mental health workers que realiza actividades de salud mental, las calles que antes eran avenidas se ven reducidas a calles pequeñas y las colinas colindantes se ven atestadas de casas en precaria construcción de los nuevos arribos.