domingo 11 de abril del 2021
ELOBSERVADOR recomendaciones de Unicef
11-04-2020 01:30

Infancia en cuarentena: rutina, aprendizajes y contención emocional

En la región hay 150 millones de chicos que no van a la escuela, lo que cambia la vida cotidiana de las familias y crea nuevas situaciones anímicas. Los especialistas plantean una estrategia para menores de 6 años y para adolescentes.

Cora Steinberg*
11-04-2020 01:30

Ya son 24 los países de América Latina y el Caribe que suspendieron clases presenciales, esto representa a más de 150 millones de niños, niñas y adolescentes, sin considerar a los que estaban ya fuera de la escuela. El panorama es sin duda complejo, más en un continente marcado por la desigualdad. La pandemia requiere de medidas nunca antes tomadas. Se necesitan cambios de comportamientos sociales rápidos y que la población se apropie de un conjunto de pautas de higiene y prevención que permitan mitigar el impacto. Para eso es fundamental difundir información oficial, reducir la divulgación de información falsa, organizar la continuidad de distintos servicios básicos y sociales. 

En este contexto, nos preocupan también los impactos secundarios que esta pandemia tiene para los niños, niñas y adolescentes, tanto para aquellos que estaban asistiendo al sistema educativo como para aquellos que por distintos motivos no lo hacían. En Argentina, estamos hablando de cerca de 10 millones y medio de chicos y chicas registrados en el nivel inicial, primaria o secundaria, que hoy no están asistiendo a clases presenciales. ¿Cuáles son las prioridades para trabajar con ellos? ¿Qué necesitan? ¿Cómo podemos lograr que su trayectoria escolar y su vida personal se sostengan este tiempo?

El gobierno nacional y los provinciales tuvieron una rápida respuesta, organizando plataformas multimediales que articulan medios públicos, como la programación de la TV Pública y la radio, los portales educativos junto con la distribución de materiales y con actividades escolares para fomentar la continuidad de aprendizajes en los hogares. El programa Seguimos Educando, impulsado por el Ministerio de Educación, reúne el trabajo de Educ.ar, Canal Encuentro y Paka-Paka y las distintas secretarías y coordinaciones del ministerio para dar respuesta a la diversidad de situaciones y actores orientados a promover la continuidad de los aprendizajes en casa. Se ha desarrollado un conjunto amplio de materiales y contenidos para llegar con propuestas a todos los contextos. Sin duda, estos esfuerzos acompañan el trabajo enorme del conjunto de directivos y docentes de las más de 57 mil escuelas del país. La tarea es grande, y también los nuevos desafíos y habilidades que se ponen en juego tanto para el sistema educativo como para las madres, los padres y cuidadores de los más chicos y los adolescentes. 

Inequidades. Pero esto se encuentra con otra realidad: que si bien la Argentina ha tenido programas significativos de distribución de equipamiento en las escuelas y un altísimo porcentaje de estudiantes del segundo ciclo de primaria y secundaria tienen celulares o computadoras y también los docentes, existen aún grandes brechas en el acceso a internet según sector socioeconómico. Por ejemplo: más del 90% de los estudiantes del nivel secundario tiene celular en todos los ámbitos y sectores socioeconómicos. Sin embargo, mientras que 98% de los estudiantes de nivel socioeconómico alto acceden a internet en el hogar, 77% de los del nivel medio lo hacen y solo 34% entre aquellos de nivel socioeconómico bajo (Aprender, 2016). 

Los datos indican que las diferencias por nivel socioeconómico y ámbito son altas, y que sin bien los docentes manifiestan interés por el uso de las TIC masivamente, solo cerca de 4 de cada 10 nos decían hace unos años que había utilizado las tecnologías para enseñar (Unicef, 2015). Por otro lado, recordemos que 65% de los hogares tienen conectividad, y este porcentaje baja al 40% entre los hogares de NOA y NEA (Enacom, 2019). Frente a esta dificultad, la política respondió con rápidas articulaciones con el Enacom para dar acceso libre de uso de datos para la consulta a los portales, y se han abierto canales de acceso masivo como la TV y la radio para ofrecer contenidos pedagógicos que se completan con la distribución de materiales impresos.   

Pobreza. Otro punto clave del escenario que enfrentamos en el país es que la situación de los niños, niñas y adolescentes en sus hogares es muy dispar. Los datos muestran que la mitad vive en situación de pobreza, pero ello puede implicar diversas situaciones y vulneraciones a las que están expuestos. Diferencias según el tipo de ámbito territorial en el que viven, las condiciones habitacionales, la composición de los hogares, la disponibilidad y el acceso a agua potable, la situación laboral de sus cuidadores. Esto complejiza la situación de las personas y nos debe orientar a diseñar otras respuestas. 

Estos datos no deben alertarnos, sino que debemos tenerlos en cuenta, son claves para poder clarificar el punto de partida y focalizar en acciones que posibiliten acompañar de la mejor manera a los niños, niñas y adolescentes, a los docentes, cuidadores y familiares para mitigar los impactos secundarios de esta emergencia. 

El coronavirus impacta en la vida de los niños, las niñas y adolescentes y también en los adultos que acompañan su crecimiento, genera angustia e incertidumbre. Para todos, las rutinas han cambiado y se requiere construir nuevas, lo que implica poner en juego otras habilidades y saberes. Rearmar una rutina de actividades, tener contención y apoyo emocional es fundamental. Para los padres, madres, cuidadores, el primer desafío es la organización del tiempo y el espacio. Quienes disponen de ambos recursos deben organizar los ritmos de la casa y asignar un tiempo para acompañar a los más chicos en sus actividades, acompañar y monitorear actividades sin sobrecargar. Establecer contacto con las escuelas, ofrecer retroalimentación y hacer consultas para apoyar la continuidad de actividades escolares. Para quienes están al cuidado de los más chiquitos es importante asegurar un tiempo para conectar con ellos y realizar actividades de estimulación, propiciar el diálogo y la lectura en voz alta. 

Equipos docentes. Por su parte, los directivos de las escuelas tienen que acompañar a sus equipos de docentes, brindar orientaciones para dar seguimiento a las situaciones de sus estudiantes y familias y brindar contención a los docentes y familias. Los y las docentes tienen la gran tarea de priorizar de manera oportuna contenidos y propiciar trabajos que permitan conectar con la coyuntura y el tiempo que están atravesando los chicos y chicas, proponer lecturas que los conmuevan e inviten a imaginar otras realidades, apelar a propuestas lúdicas, la exploración, la experimentación y el diálogo con la familia. 

Los adultos que están a cargo de niños, niñas y adolescentes tienen un gran desafío por delante: acompañar de manera amorosa la continuidad de actividades escolares. Y esto no quiere decir convertirse en maestros/maestras, sino ayudar a organizar el tiempo y el espacio de ellos mismos y de los niños durante el día para dedicar a la tarea escolar, interesarse por ella, consultar y conectarse con pares para acompañar este momento. 

Las formas de acompañar y las necesidades varían significativamente según la edad de los chicos y chicas. Pero lo que es común a todos es la necesidad de considerar la importancia del diálogo y la contención emocional. La palabra, la mirada y la escucha son herramientas centrales de este tiempo que toca vivir como seres humanos. Prioricemos asegurar la continuidad de aprendizajes, sabiendo que muchas cosas se están aprendiendo en los distintos órdenes, por ejemplo, a manejar nuevas herramientas de comunicación e información, a considerar aspectos de la interacción social que no conocíamos. Es necesario apoyar a los equipos de trabajo, a sus familias, y comprender que es hora de priorizar y sostener a los que más lo necesitan. También es momento de mitigar la ampliación de otras vulneraciones y la violencia doméstica. 

Sepamos que en este proceso, todos –niños, niñas, adolescentes, maestros, profesores, directores, políticos, especialistas– estaremos aprendiendo y desarrollando un conjunto amplio de saberes y habilidades para la vida, que muchas veces no se abordan en la currícula escolar como tal, pero son habilidades centrales, como la resolución de problemas auténticos, el trabajo colaborativo, la empatía frente al otro, reconocer que las decisiones que se toman en la propia vida y comportamiento impactan directamente en la vida de los otros, que no todos tienen los mismos recursos ni posibilidades para asumir los mismos desafíos, de prevención, protección y continuidad de aprendizajes. Hay que comprender el significado del espacio y el tiempo escolares para unos y otros niños en nuestro país, la enorme tarea de los docentes en un contexto totalmente inédito. En este contexto de emergencia es central ordenar expectativas y priorizar el acompañamiento de los chicos y chicas, tener nuevas rutinas, avanzar en actividades escolares pero asegurando la protección y contención emocional que necesitan. Sin duda todos ellos están aprendiendo mucho en este proceso que nos toca vivir como sociedad. Desde el sistema, es clave acompañar a los directivos y docentes, reconocer su enorme trabajo y promover el seguimiento de las familias y los estudiantes. Así contribuiremos a mitigar lo más posible el impacto secundario del actual contexto en los más chicos para que, cuando todo vuelva a una nueva normalidad, puedan retomar sus actividades escolares sin que ninguno quede atrás.

 

Recomendaciones para niños y niñas de 0 a 6 años

◆ Evitar que vean o escuchen noticias con un enfoque sensacionalista o morboso. 

◆ Evitar que se expongan mucho tiempo a noticias sobre el problema, aunque el tratamiento sea adecuado: el tiempo que dedicamos a un tema también puede generar inquietud, aunque el tono no sea alarmista.

◆ Evitar involucrarlos en conversaciones de adultos sobre la situación: aunque no estemos hablando con ellos, saben de lo que hablamos y sacan sus conclusiones.

◆ Dedicar tiempo a conversar sobre sus dudas e inquietudes, en un lenguaje adaptado a su capacidad de comprensión, pero no engañoso. 

◆ Enseñar hábitos saludables como el lavado de manos con agua y jabón. 

◆ Enseñar medidas higiénicas que protegen a los demás, por ejemplo el uso de pañuelos y servilletas, evitar compartir cubiertos y vasos. 

 

Para contener a los y las adolescentes

◆ Escuchar sus preocupaciones, responder a sus preguntas, sumar sus propuestas para mitigar riesgos. 

◆ Evitar la exposición excesiva a las noticias en internet y en medios audiovisuales. Conversar sobre los efectos de la sobresaturación y las noticias falsas.  

◆ Destacar que pueden tomar muchas medidas en la vida diaria para mitigar los riesgos para sí mismos y a los demás, como dejar de compartir el mate. 

◆ Contener las diferentes reacciones emocionales que pueden expresar y explicarles que son normales ante una situación anormal. 

◆ Animarlos a expresar y comunicar sus sentimientos.

◆ Evitar que pasen todo el día conectados a las pantallas: proponer nuevas rutinas para asegurar tiempo de estudio y actividad física. 

◆ Enseñar hábitos saludables al compartir con amigos y amigas. 

 

*Especialista de Educación Unicef Argentina.

En esta Nota