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ELOBSERVADOR / analisis lingüistico y comunicacional
domingo 5 mayo, 2019

Los mensajes conscientes e inconscientes del libro de Cristina

Esta semana se presentará en la Feria del Libro el libro en el que la ex presidenta expone algunas de sus ideas. Dos prestigiosos académicos analizan para PERFIL su discurso, su estilo, sus tonos.

Silvia Ramírez Gelbes / Luciano H. Elizalde

Convicciones. Rescata las ideas que Néstor expresó en su asunción. También la relación con Bergoglio. Foto: cedoc

Sinceramente, muy sinceramente por Silvia Ramírez Gelbes

En el primer capítulo del Libro II de su Arte retórica, Aristóteles afirma que, para persuadir, no alcanza con que el discurso sea demostrativo y fidedigno –el argumento por el “logos”, el razonamiento–. Según el filósofo griego, el orador debe conseguir, además, que el auditorio se predisponga favorablemente –el argumento por el “pathos”, el estado del alma, la pasión que se manifiesta–. Y, también por medio del discurso, debe presentarse a sí mismo de una cierta manera convincente –el argumento por el “ethos”, las formas propias acostumbradas y recurrentes que construyen la imagen, el estilo de cada uno–.

El 25 de abril salió a la venta el libro Sinceramente de nuestra ex presidenta, Cristina Fernández. En casi 600 páginas, la autora desarrolla un relato que admite ser leído como una memoria, como una autobiografía, como un (auto) panegírico, como un balance, como un texto de campaña. Es que, en línea con esas lecturas –además de otras: la enumeración no es exhaustiva–, las claves del libro son múltiples.

En efecto, a través de sus páginas, por caso, se explican y defienden los actos de 12 años de gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (el porqué del Memorándum con Irán –“una verdadera ingenuidad de nuestra parte, que nos hizo olvidar de los intereses geopolíticos en pugna”– o cuál fue la razón por la que no recibió a los familiares de la tragedia de Once –“estaba convaleciente, no me dejaban ver televisión ni leer los diarios”–). Se ataca abiertamente a la administración actual y a los medios. (“A veces me pregunto: ¿qué es el macrismo en definitiva? Considero que es un grupo de tareas del capital financiero que ha provocado un endeudamiento vertiginoso en el país, superior inclusive al operado en la última dictadura militar… porque tuvieron la cobertura incondicional de los medios de comunicación hegemónicos”). Y se sugiere la necesidad de presentar un programa (“Se requiere un nuevo y verdadero contrato social… Hay que volver a ordenar todo, pero no en el viejo orden, sino en algo nuevo, diferente y mejor que lo que tuvimos”).

Oralidad. En un tono definitivamente oral al que quienes vivimos por aquí estamos muy acostumbrados (como si en realidad no la estuviéramos leyendo sino escuchándola), la voz que se deja oír en el texto va desarrollando una narrativa con matices que entremezclan lo personal y la historia de la Argentina. O, mejor, que le dan una dimensión épica a la experiencia personal de la narradora. Y la vuelven protagonista –que lo fue, a qué negarlo– de la historia de nuestro país.

Con todo, elegiré, entre las numerosas posibilidades de análisis que brinda el texto, la dimensión que me provee la teoría aristotélica. Y lo consideraré desde una perspectiva retórica que me permita registrar, por medio de ejemplos, algunas de sus estrategias de argumentación. A eso voy.

El logos. Solo un discurso razonable convence, eso lo sabemos todos. Fuera de que lo que se dice sea verídico, es fundamental que resulte verosímil. Y algunas estrategias argumentativas están llamadas a sustentar la verosimilitud.

Desde el lugar del razonamiento, y siempre siguiendo al filósofo griego, la causa que hace persuasivos a quienes enuncian es su sensatez. No otro aspecto busca resaltar la reflexión introspectiva que trasunta en muchas páginas de Sinceramente. “No quiero olvidarme –por esos mecanismos de defensa mental innatos a la condición humana–” o “Tardaría mucho más tiempo todavía en darme cuenta de que todo esto no era solo contra los K”, dice la narradora, verbalizando el producto de sus cavilaciones.

Pero el razonamiento correcto también es el resultado del estudio y del conocimiento. En esa línea, el texto no se priva de las referencias a obras y a autores reconocidos: el semiólogo Umberto Eco, la filósofa Hanna Arendt o, incluso, “las pasiones que se expresaron en la Antígona de Sófocles… Electra, Edipo, Medea cuando mata a sus hijos”.

Y, desde luego, la evidencia palmaria que queda verificada en la cita textual de algunos discursos (que pueden encontrarse en internet) de Néstor Kirchner, como el de su asunción el 25 de mayo de 2003 o el que pronunció en la ONU el 25 de septiembre del mismo año. Y la literalidad de algunas notas periodísticas o el comentario –repetitivo– de sus propios discursos, como presidenta y como ex presidenta.

Todo ello interpela la convicción intelectual de quien la lee. Todo ello refuta la incredulidad de quien no le cree. Cristina busca presentar una enunciadora sensata que persuade desde un juicio madurado.

El pathos. En orden a lograr de su auditorio una determinada actitud, los recursos afectivos van entretejidos con el razonamiento retórico. Para Aristóteles, la captatio benevolentiae o captación de la buena voluntad es, de hecho, tan importante como el rigor de los argumentos intelectuales.

La voz de Sinceramente se emite, en no pocos pasajes, como una exclamación, con frases interjectivas que desnudan la emocionalidad más que ningún otro recurso: “Gobernar este país… ¡Mamita!”, “¡Qué cosa! Siempre sopa”, “Voy recordando las cosas que hemos hecho. ¡Madre de Dios!”, “¡Habemus Papam… y es argentino… y es Bergoglio! Tomá mate con chocolate”.

No solo eso. La narradora revela abiertamente sus emociones en muchos segmentos del texto. Desde las evocaciones más tiernas de la infancia (“Yo amo el 25 de Mayo, no descarto que posiblemente tengan que ver en ese amor Billiken y los actos del colegio”) hasta la mostración de la pena (“[de Néstor] extraño todo”), el afecto expresado se orienta a conmover a la audiencia, a que quien lee se identifique con su humanidad.

E incluso a que se le tenga, si se me permite plantearlo así, un poco de conmiseración. Sí, Fernández no ahorra secuencias en las que se presenta como víctima: “He soportado y sigo soportando ataques, agravios, difamaciones y descalificaciones”, dice, como los apelativos que ha recibido y cita reiteradamente (“yegua”, “chorra”, “puta”). Y lo confirma: “Tengo claro que es el precio que debo enfrentar por ser Cristina”.

El ethos. Finalmente, la imagen que el orador presenta en su discurso es crucial a la hora de persuadir, aclara el filósofo griego. Una adecuada disposición moral exteriorizada por las palabras y por los modos de expresarse delinea la figura de un sujeto irreprochable. Uno no dice que es virtuoso, sino que lo muestra por medio de lo que dice y por cómo lo dice.

Para empezar, Cristina se burla de algunos de sus defectos: “Y sí, reconozco que tengo un tono de voz alto y un modo de hablar imperativo… Amo discutir y convencer… y ganar la discusión” o “Y riéndome [de la historia sobre la amante de su marido], agregué para contribuir a mi bien ganada fama de soberbia ‘Mirá si teniéndome a mí va a buscar a otra’”. Para seguir, admite tibiamente algunas equivocaciones: “Ahora, mientras escribo estas líneas, pienso que quizás fue una Ley [de medios] tan complicada y compleja que tendríamos que haber hecho algo más corto y concreto”.

Y es que el reconocimiento de los propios errores colabora con la construcción de la imagen de un sujeto reflexivo, inteligente y criterioso. Quien escribe estas páginas lo sabe. Pero sabe también que eso no es suficiente para que su imagen adquiera una estatura heroica.

En función de lograrlo, la autora se inscribe en una matriz histórica de personajes políticos trascendentes. Pone en paralelo la pareja Kirchner-Fernández con la de Eva-Perón. Compara su convocatoria popular con la de las gestas del pasado. Subraya su posición influyente con la mención familiar (¡hasta por el sobrenombre!) de decenas de individuos públicos.

Y se instala opositivamente frente a la administración de nuestro Presidente y su contexto, a partir del consabido cuadrado ideológico que postula “nosotros somos los buenos y hacemos todo bien; ellos son los malos y lo hacen todo mal”. O como ella lo nombra: “el espejo invertido”.

Si la virtud consiste en un ethos que se atiene a la ley y a la moral, su filiación con hazañas pretéritas y su rechazo de un presente siniestro le construyen un ethos digno y modélico: el de un personaje, en suma, capaz de volver a liderar el destino de la Patria.

Sinceramente. “Sinceramente”, el adverbio “sinceramente”, es una forma de comenzar un enunciado para expresar que el auditorio debe advertir el compromiso afectivo del enunciador. Pero “sinceramente” es también el modo en que puede clausurarse un mensaje epistolar, tal como hace la autora en el primer capítulo de este libro, el que –lo confiesa– escribe al final.

De algún modo, entonces, “Sinceramente” abre y cierra el libro.

Aunque de lectura fluida por su tono coloquial, las casi 600 páginas de Sinceramente dejan en el aire una pregunta: ¿a quién persuadirán? ¿A los partidarios propios? ¿A los adversarios? ¿Acaso a los indecisos? Tal vez Aristóteles tuviera la respuesta.

*Silvia Ramírez Gelbes. Directora de la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés.

 


 

El lado B de CFK, por Luciano H. Elizalde

El libro de CFK ha tenido gran repercusión. Fue lanzado de manera precisa en medio de un contexto particular. Sinceramente se vende y se distribuye en formato digital. A mí me llegó por alguien del gobierno nacional. Sin más aviso, me lo envió.

Trataré de hacer un análisis del libro desde la perspectiva de la estructura como dispositivo de comunicación. Me gustaría evaluar su posible eficacia sobre una audiencia que son ciudadanos que deberán a empezar a votar dentro de poco.

Es posible que este análisis no deje contento a nadie o a casi nadie. Algunos dirán que estoy hablando bien del libro, de Cristina y de Unidad Ciudadana. Otros pensarán que el análisis es parte de una “operación del Gobierno”. Sé lo que se arriesga intentando aplicar algunos conocimientos técnicos sobre algo tan poco técnico como la política.

Exito. Sinceramente ha sido “un éxito editorial”. No se sabe muy bien cuántos ejemplares se han impreso, pero se ha agotado la “primera edición”. Fue pensado para presentarse en la Feria del Libro y para ser el canal usado por Cristina para poder decir algo ante la estrategia de silencio que empezó a aplicar hace ya unos meses.

El libro es un dispositivo de campaña. Esto está claro para casi todo el mundo. Pero de to­­dos modos hay que decirlo. El libro (medio vetusto para muchos) se ha usado para con­cen­­trar una atención adicional sobre la voz de CFK ante la decisión estratégica de no ha­blar pa­ra no profundizar actitudes negativas hacia ella del electorado que ahora necesi­ta­rá.

El libro, además, da un indicio que muchos buscaban desentrañar: parecería que se presentará como candidata. Hace unas semanas, me encontré con un amigo que me dijo: “Estuve con el ‘Cuervo’ Larroque y me dijo que él y Máximo le están diciendo a Cristina que no se presente. ¿Para qué? Para agarrar este tremendo desastre después de que se fue con una Plaza llena”. Parecería que este vaticinio no se cumplirá. Aunque aún no hay nada definido. Sin embargo, el libro y su contenido nos están anunciando que Cristina está “en carrera”.

Leer a Cristina. El libro muestra un “lado B” de CFK. Pero el libro “no-es-el-lado-B” de Cristina. También está y aparece por todos los capítulos el “lado A”, el que todos conocemos por más de doce años de escuchar su voz y de percibir su presencia en el espacio público. El libro es el lado A y el lado B. Como un disco de vinilo, el libro tiene dos lados. Pero siempre hay un lado con canciones o con temas musicales más conocidos que otros. El libro tiene el “lado A”, pero también nos muestra el “lado B” porque necesita o se plantea como cuestión es­tra­té­gi­ca llegar a aquellos que puedan descubrir a una Cristina que no es como la presentan los me­dios de comunicación. Para comprender un movimiento estratégico es necesario cono­cer el efecto que se quiere conseguir. Esto es solo una hipótesis ya que no podemos estar nunca completamente seguros. Sin embargo, el contexto nos ayuda a “leer” una intención. CFK necesita un votante que no está entre sus seguidores. Necesita un votante que quiere escuchar el “lado B” porque el “lado A” le parece conocido, trillado y cansador. Entonces, en lugar de quedarse en los temas más conocidos, en los “hits”, se decidió agregar los temas menos conocidos de la banda, sin dejar los más conocidos.

El lado A: la desmentida. Si tomamos al libro como un mensaje unificado, como un “acto de habla” único, me atrevo a decir que el texto es una “desmentida”. Y esto es parte del “lado A”. Si bien el capítulo 10 es el que se dedica a profundizar sobre los medios, las fake news y la manipulación mediáti­ca, todo el libro está montado sobre una teoría de la manipulación comunicacional de los medios. El ataque a la comunicación institucionalizada es fuerte en cantidad y calidad. Esto es necesario para su estrategia argumental ya que no puede hacer una desmentida sin de­­nunciar a quiénes mintieron y sin mostrar las intenciones de los que mintieron. No decir es­to sería quedarse a mitad de camino.

Lo que dice a favor de ella, de Néstor y de sus gobiernos está apoyado en el argumento de que la forma normal de la política actual es el “periodismo de guerra”. Según lo que dice Cris­tina, el periodista Julio Blanck se sinceró con ella diciéndole que había hecho “perio­dis­mo de guerra” durante sus gobiernos (p. 237). Según CFK, el periodismo de gue­rra es lo que le ha­cen y le hicieron a ella los medios durante sus gobiernos. Pero el pe­riodismo no fun­ciona así con el gobierno de Mauricio Macri. En realidad, la construcción de ficciones me­diáticas y el diseño de mentiras estratégicas son una novedad “en las cam­pa­ñas electo­ra­les de los par­tidos de derecha en todo el mundo (Trump, Bolsonaro)” (p. 357).

La extensísima lista de asuntos y temas que son desmentidos por el libro son de total co­no­­cimiento por los “ciudadanos-medianamente-informados” de este país. Son temas y asuntos que fueron tratados por los medios durante los años de gobierno de CFK, pero tam­bién fueron comentados y discutidos en muchas Cadenas Nacionales o en las redes sociales de la ex presidenta. No es mi propósito probar la verdad o la falsedad de estos hechos. Cada uno lo puede hacer si quiere comparando las afirmaciones del libro con los hechos a los que podemos acceder aunque limitadamente.

Pero para desmentir los hechos (por ejemplo, las razones del no-traspaso al presidente Macri, la se­cretaria y amante de Néstor Kirchner, la “ruta del dinero K”, las diferentes dolencias y en­fermedades, los gustos y caprichos de Florencia Kirchner, la relación con Héctor Mag­netto, con Jorge Bergoglio, etcétera, etcétera) se necesita explicar las causas, razones y motivos del engaño. Este engaño es un montaje orquestado por la triple alianza entre “corporaciones+medios+Justicia”. Cristina ataca a las tres corporaciones durante todo el libro.

Una de las novedades del libro es el conjunto de detalles precisos, de anécdotas casi en for­mato de chismes apor­­tados por un observador (u observadora) en vivo y en directo de los acon­tecimientos, la misma Cristina. Esto intenta aumentar el efecto de credibilidad del texto. La idea del ar­ma­do de un dispositivo de manipulación y de control de la construcción de la realidad no es no­ve­dad en boca de la ex presidenta. Pero las anécdotas en primera persona hacen que cada he­cho cobre otro nivel de realidad. Y utiliza ejemplos y pequeños hechos para sacar grandes con­clu­siones. Por ejemplo, se asombra de que su perrita Cleo (llamada así en honor a la em­peratriz Cleopatra del Antiguo Egipto) le haya gruñido a Héctor Magnetto de modo inex­pli­cable, he­cho que considera una prueba de lo que el caniche llegaba a ver del en­ton­ces CEO del Grupo Clarín (p. 540). También cuenta una anécdota del encuentro entre Guillermo Dietrich y Gildo Insfrán, gobernador de Formosa, en la que el ministro de Transporte le dice asom­brado: “¡Vos tenés ojos celestes!”, de lo cual extrae la conclusión de los prejuicios que tie­nen los hombres y mujeres del gobierno de Mauricio Macri (p. 213).

En resumen, la desmentida ahora está apoyada en testimonios personales o hechos de la vida privada de ella y de sus cercanos, expresados en primera persona como narradora y al mismo tiempo, protagonista de la historia.

El lado B: Cristina cercana. Además de las anécdotas, el “lado A” es conocido por todos. Pero desde mi punto de vista, el principal recurso comunicacional del libro es lo que se encuentra en el “lado B”. Durante to­dos los capítulos, desde la Introducción hasta el Epílogo, el texto se orienta a la construc­ción de la imagen de “la otra Cristina”, de la menos conocida. Esta “nueva Cristina” (que en rea­lidad es la de siempre, pero desconocida por la mayoría de los argentinos) tiene todo de la conocida, pero muchas otras cosas que nadie sabía hasta ahora fuera de su círculo cer­ca­no.

Un elemento clave de esta nueva sensibilidad es el lugar de su familia. En varios lugares del libro, Cristina habla maravillas de su suegra. Habla de su admiración y de su amor hacia su suegra, por momentos, en una mejor relación con su madre. La centralidad de Néstor en su vida es conocida, pero las anécdotas de su vida como estudiantes de derecho en La Plata y sus encuentros para estudiar algunas materias de la carrera, la muestra en el rol de “enamorada” del hombre de su vida. Las referencias a los encuentros familiares con padres, suegros, cuñados, sobrinos e hijos muestran una cara diferente de la ex presidenta. Esta imagen construida intencionalmente en el texto apunta a mostrar la “normalidad” y esto, intenta conseguir “identificación”. Somos iguales.

En la construcción del texto como un dispositivo de identificación sigue aportando indicios y atributos para llegar a este objetivo. Hace algunas autocrítica (“Antes decía: No soy fe­mi­nis­ta, soy femenina. ¡Qué estupidez! ¡Qué lugar común!”). Cuenta momentos de llanto, si­tua­­ciones en las que sintió miedo, angustia, alegría, tristeza. Es decir, se muestra no solo co­mo la presidenta racional y dura, implacable muchas veces, sino que muestra la debilidad que genera humanidad y así identificación. Este es el objetivo del “lado B”: identificación.

Enlaza la muerte de Néstor, la noticia de su cáncer con el accidente y la intervención qui­rúr­gica para extraerle un hematoma del cerebro. Utiliza varias veces la palabra “cáncer” y narra el único momento en que lloró cuando le dijeron que había sido un “falso positivo”.

Cristina ensambla sus diferentes roles, conocidos y no conocidos, públicos y privados. Se pre­­senta como hija, novia, estudiante, militante, nuera, madre, abuela y ami­ga. Y lo hace en un lenguaje y con un tono que puede llegar a conmover muy fácilmente a quienes no en­­tien­den de política y ven la vida solamente desde esas posiciones.  

Las dos Cristinas y las intenciones políticas. Los textos construyen imágenes. Imágenes que pueden ser verdaderas o falsas al com­pa­rar­­las de alguna manera con la realidad externa al texto. El texto suma a la imagen de una Cristina “fuerte”, segura y autosuficiente, una imagen de Cristina sensible, cercana, “más humana”, contradictoria, dependiente de sus afectos. A la militante que nos presenta una teoría conspi­rativa, se le suma ahora la nuera que adoraba a su suegra o la madre preo­cu­pa­da por el estado de salud de su hija. Las dos Cristinas que aparecen y se construyen seguramente están compuestas con realidades y ficciones. Pero lo más im­por­tante ahora es aprender sobre el nivel de impacto y de efectividad de este libro. El libro ya cumplió la función de generar interés, atención y discusión. Veremos qué función tiene en la campaña que sigue.  

Esto mostrará también algo que creo que no siempre nos damos cuenta. No es la técnica del libro el medio de comunicación política. El libro es solo el soporte. El medio de co­mu­ni­ca­ción es CFK. Mejor dicho: Cristina sigue siendo un medio de comunicación.

Las dos imágenes y sus intenciones políticas se resumen en el siguiente fragmento ha­cien­do referencia a aquellos que la atacan: “Para ellos soy la yegua, aunque me gustaría decirle a todos los argentinos y las argentinas que no me ofende para nada ese apodo y que, además, no tengan miedo porque después de todo… las yeguas somos herbívoras” (p. 269). Veremos en breve en qué lugar de la cadena alimenticia se encuentra ahora.

*Luciano H. Elizalde. Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral.


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