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Retratos digitales

Música y vino unidas por la tecnología

De la mano de una leyenda argentina, en Miami se ofrecen vinos a la carta, con un QR que permite acceder a música especialmente compuesta para el descorche en una serie limitada de botellas.

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Llaves. Eduardo Pérez Guerrero es toda una institución en la ciudad de la Florida. Tienen la llaves de la ciudad y hasta un día dedicado a él. | cedoc

Don Johnson y su eterno compañero, Phillip Michael Thomas, están sentados y participan de un evento de lujo, al norte de Miami. Aparece el jefe, Marty Castillo. Conversa con ellos, interviene una chica, y se desata el tiroteo. Cuando todo el mundo corre hacia afuera, la acción cobra una belleza magnífica con la bahía de fondo, los yates, y Miami Beach como línea de horizonte.

Pues bien, mi fotógrafo Jesús Peña y yo nos encontramos en el mismo lugar donde transcurre esa escena de División Miami. No sólo eso. Aquí, en Quayside, vivió realmente Don Johnson. Ahora cae el sol, y en un martes de inicios de febrero, nos da la bienvenida Eduardo Pérez Guerrero, una verdadera leyenda argentina que se dispone a compartir el malbec que él mismo elige para convidarnos.

El 28 de octubre ha sido proclamado El día del Doctor Eduardo Pérez Guerrero, en Miami. También su esposa ostenta el privilegio. Incluso Eduardo tiene la llave de la ciudad. Semejantes honores responden a una trayectoria profesional en la que conjugó el impulso de la cultura latina (grabaron con él iconos de la talla de Luis Miguel, o el Trío Los Panchos) con labores humanitarias ejerciendo la abogacía, su profesión académica.

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Pero en el atardecer en el que nos ofrece unas copas que lo ligan con sus orígenes mendocinos, el tema es, precisamente, una nueva idea, en la que la cultura enológica se conjuga con la música y la tecnología.

“Junto con viñedos de mis tierras, en Mendoza, estamos desarrollando un proyecto que comenzó hace tiempo con la elaboración de un vino realizado especialmente para mi esposa –la actriz y cantante Nanci Guerrero– por intermedio de una prestigiosa familia bodeguera liderada por los hermanos Pedro y Patricio Santos y el enólogo Juan José Gras”. 

El toque tech del emprendimiento consiste en que un artista pueda ofrecerle a su público un vino elaborado con características que él mismo defina y que, además, la botella tenga en su etiqueta un código QR por el cual se acceda a música especialmente compuesta para el momento del descorche. “Vamos a ofrecer lo que llamamos maridaje musical, desarrollado con artistas mundialmente reconocidos que aman la uva argentina. O sea, vas a estar tomando un vino que combina con la música que estás escuchando y crea una experiencia diferente” añade nuestro anfitrión.

Es bueno considerar que Pérez Guerrero es miembro votante de la Academia Grammy en su edición latina y ha ganado ese premio varias veces. Pero el cruce entre música y vino se le ocurre en virtud de la evolución tecnológica en materia de reproducción sonora, cuyos ribetes lo entusiasman.

“La música es siempre un fenómeno que llena el espíritu. Desde luego que quizá algunos géneros que hoy se escuchan no son los que yo elegiría, pero de pronto hay cosas increíbles, como que si escaneas el QR de una botella escuches la música del artista vía Bluetooth en un equipo de altísima fidelidad. Eso que hoy es posible, hasta hace unos años era impensado”.

Más aún. Pérez Guerrero imagina que en el teléfono de quien deguste el vino de su artista favorito estará disponible el registro audiovisual de todo el proceso de grabación de eso que se escucha. O, acaso, la forma en que se elaboró el elixir. 

Por eso actualmente desarrollan un demo con su esposa, Nanci. “Sus fans son amantes de los boleros, así que hemos arreglado algunos clásicos, y mientras tanto el equipo de tecnología prepara el sitio web y app al que llevará el código de la etiqueta. El testeo del producto con todos sus detalles tecnológicos dará paso a una serie limitada de botellas, para luego salir al mercado, en marzo.

Pérez Guerrero sonríe satisfecho y pide otro malbec mendocino. Anochece en Quayside, el sitio exclusivo donde conversamos. El silencio nos envuelve, y el anfitrión nos invita a comer. El fotógrafo se desespera: cada toma es mejor que la anterior, el oleaje es suave, los veleros se mecen livianos, y el arrullo del agua convierte todo en un ensueño.

Pérez Guerrero es una caja de Pandora. Tiene entre manos otro proyecto en el que la tecnología es protagonista. Se trata de unos bares semiesféricos en los que se podrá vivir una experiencia 360 mirando, por ejemplo, partidos de fútbol, recitales, obras para chicos etc. 

La referencia no es ociosa, considerando que el año que viene se jugará la Copa América en Estados Unidos, y luego también el Mundial. En ese sentido, queda claro que mi interlocutor tiene la capacidad de vislumbrar oportunidades. 

“Son seis proyectores apuntando al material con el que están hechos los domos, y eso te genera la sensación de estar dentro de la cancha. De todas maneras, puede aplicarse a cualquier experiencia del espectáculo, más allá del deporte”.

También comprendo que gracias a sus cincuenta años trabajando en la industria del entretenimiento, se adapta con total facilidad a cada avance tecnológico, y hasta se nutre de ello para generar nuevas ideas.

“Era impensado, hasta hace dos décadas –analiza reclinado en el sillón de madera, de espaldas a la bahía de Miami– un streaming por el cual un artista salía desde cualquier lado hacia todo el mundo; lo mismo, fue increíble cómo se redefinió el modelo de negocio de la música, con las plataformas digitales… ahora bien, aún si mueren las disquerías y los discos, lo que no muere nunca es la música”.

La charla sigue, se extiende por varias horas, y Pérez Guerrero deja un puñado de reflexiones de esas que no se escuchan en la universidad. Hoy, tiene la suerte de darle impulso únicamente a las ideas que lo hacen feliz, los proyectos que lo entusiasman. 

Ha vivido, y ha vivido mucho. Recibió homenajes y rindió tributo a celebridades como Armando Manzanero. Sabe que éste es su momento de disfrutar. 

Como cuando remueve en la copa el último trago de vino, y brinda antes de beberlo.