ELOBSERVADOR
Violencia de género

Rechazo, resentimiento y Obsession

El éxito en taquilla protagonizado por Inde Navarrette y Michael Johnston muestra una nueva forma de violencia contra las mujeres escondida bajo una aparente buena intención.

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Íncel. Término usado para definir a quienes viven el “celibato involuntario”; frustración a menudo canalizada en misoginia. | cedoc

La palabra “íncel” viene del inglés “involuntary celibate” o celibato involuntario en su traducción. Es como se llama en las redes al prototipo de hombre frustrado por no lograr el vínculo deseado con el sexo opuesto. El íncel, enojado con las chicas que lo rechazan, culpa a las mujeres por su falta de acceso a ellas mismas. Las mujeres son caracterizadas por este tipo de hombres como desagradecidas.

El “íncel” no llega solo. El íncel, a menudo, una vez fue el “nice guy” (“buen chico”), término también usado en el mundo de la web. Un amigo paciente o un compañero agradable que cree que da mucho de sí mismo mientras espera su oportunidad con esa chica que le gusta. El problema comienza cuando la mujer, a pesar de todos los esfuerzos que el íncel cree hacer, aun así no quiere salir con él. O cuando el “buen chico” ha dado cosas a la chica que ella no pidió en primer lugar, o que ella no considera valiosas, como un ramo de flores o un café en un mal día, y el supuesto hombre bondadoso no recibe lo que esperaba. Luego, el “nice guy”, frustrado con la mujer que, según él, le había dado esperanzas (aunque quizá ella solo estaba siendo amable o lo apreciaba como un amigo) pasa de querer una cita, a creer que la merece, que es su derecho. Y aquella frustración no llega gratis: viene con conductas violentas, desprecios, agresiones verbales o físicas.

El éxito en cartelera Obession lo muestra a la perfección. Bear, el protagonista, pasa de “buen chico” a íncel en la película. Primero, intenta conquistar a su amiga Nikki. Nikki es buena con él, pero no mucho más. Él la lleva a su casa después del trabajo e incluso le compra un regalo. Luego (spoiler), con una especie de deseo embrujado, tuerce la voluntad de Nikki para que ella “lo quiera más que a nadie en el mundo” y a toda costa.

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Bear sabe que Nikki está sufriendo —escucha sus gritos desgarradores o ve que quiere autolesionarse—, que está actuando en contra de su propia voluntad, y aun así, a pesar de que su amiga, a quien él teóricamente quería, le pide literalmente que la mate antes de seguir soportando el sufrimiento de actuar en contra de su voluntad, Bear le pregunta: “¿Qué tiene tanto de malo estar conmigo?”. Bear, entonces, se va, dejando a Nikki sola en agonía.

Entonces, los detalles de Bear para con Nikki, ¿fueron porque la quería o porque quería algo de ella? La película (que es excelente, si no la viste te la estás perdiendo) muestra que la bondad inicial no era tal, ni desinteresada, sino que esperaba algo a cambio. En el film, incluso cuando el protagonista ya sospecha que algo raro ocurre con su compañera, Bear tiene un encuentro íntimo con ella, quien llora todo el rato, sin que él siquiera se dé cuenta.

Y él no se da cuenta porque no la mira. Porque está demasiado enfocado en sí mismo, en lo que «él» quiere, en lo que «él» cree merecer, en lo que «él» siente que le corresponde. Muchos críticos señalan esa escena como una de abuso.

En nuestra vida real esto se puede ver con un hombre que cree que su cita le debe algo a cambio por haber pagado una cena (que él mismo invitó y que ella aceptó para conocerlo y ver si siquiera le interesaba avanzar en conocerlo más). Vale la pena aclarar: nadie debe nada por una cena. O se puede ver también en quienes reclaman una relación “luego de todo lo que hice por vos”.

El “chico bueno”, que no es tan bueno, reconvertido en “íncel”, aparece como una nueva forma de violencia contra las mujeres, que se enmascara en la buena voluntad, pero que esconde un profundo egoísmo y resentimiento.