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ESPECTACULOS / Bruno Gelber
sábado 20 abril, 2019

A la noche, gimnasia de manos

El célebre pianista toca en el Festival Konex y asume el desafío de llegar a un nuevo público. Elogia a Martha Argerich, y prefiere las emociones antes que la tecnología.

Analía Melgar

Precoz. A los 4 años leía música y tocaba el piano. A los 5 ya brindó su primer concierto. Foto: Konex
sábado 20 abril, 2019

El martes, el célebre pianista Bruno Gelber tocará dentro del 5º Festival Konex de Música Clásica. Esta edición, dedicada a Chopin y el Romanticismo, se desarrollará entre el 23 y el 28 de abril en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131). Robert Schumann, Johannes Brahms, Niccolò Paganini, Felix Mendelssohn, Franz Liszt y Franz Schubert serán algunos de los compositores interpretados por la coreana Hyo-Joo Lee, el polaco Pawel Kowalski y el argentino Horacio Lavandera, entre otros, y también contará con la presencia de las primeras figuras de ballet Karina Olmedo y Nahuel Prozzi. Con este programa como disparador, Perfil conversó con Bruno Gelber, en una entrevista que se desarrolló cerca de la medianoche:

—Es usted muy noctámbulo…

—Sí, no por lo que normalmente se hace de noche, sino porque estudio, veo algún film viejo y hago gimnasia de las manos al mismo tiempo. Estoy tranquilo. Todo está en paz. Me encanta la noche.

—Ha llegado a altísimos puntos en su trayectoria. ¿Era lo que anhelaba siendo niño?

—He nacido en una casa donde la música era el idioma común porque en cada habitación había música; mi padre, con sus alumnos; mi madre, con los de ella. Creo que esas vibraciones me llegaron en estado fetal. Cuando se iba un alumno, me quedaba con mi madre y, con un dedito, yo repetía los temas que tocaban. Entonces mis padres se miraban aterrados, porque no querían que yo fuera músico. Tenían sus lógicas razones, porque la música no es, para una persona común, lo más redituable. [Pero] insistí tanto, porque nací con carácter: empecé a llorar, a patalear, hasta que mi madre se apiadó y cedió a darme lecciones. Así que a los 4 años yo leía la música, leía el idioma normal y empecé a tocar el piano. A los 5 di el primer concierto.

—¿Cumplió sus expectativas? ¿Se siente satisfecho?

—La satisfacción es el amor que uno le lleva a la música; la música no lo decepciona jamás. Lo que pasa es que uno no está siempre contento con lo que hizo. No. Uno no está siempre satisfecho con lo que ha logrado en el concierto, y eso es absolutamente independiente de cuánto uno ha invertido en estudio y preparación. En arte, nada es seguro.

—¿Qué le queda pendiente?

—Gracias a Dios que me quedan cosas por hacer. Me encantaría ir a países donde no he estado: me encantaría ir a Cuba y tocar en los países de los Emiratos.

—Ahora participa del Festival Konex. ¿Dónde se presenta más habitualmente: en la Argentina o en el extranjero?

—Yo viví 57 años fuera de Argentina, así que tengo un estatus, digamos, de ciudadano del mundo y toco en todas las partes en las que me llaman, pero me encanta tocar en la Argentina porque es mi país. Yo nací aquí, tiene una cultura musical muy grande, y no solo en Buenos Aires, en las provincias hay también gran amor por la música, así que el hecho de tocar en Buenos Aires es un placer enorme para mí. En el Konex es un público diferente del cual

estoy acostumbrado, del público de los teatros que hacen música clásica corrientemente, y entonces es una especie de conquista nueva.

Colegas, docencia y tecnología

—Martha Argerich, Daniel Barenboim, Horacio Lavandera… ¿qué opina de otros grandes pianistas argentinos de proyección internacional?

—Yo siento un amor enorme, tremendo, por Martha Argerich, desde los 6 años. Tenemos la misma edad y el amor por la música. Fuimos condiscípulos en lo de Scaramuzza. Es una de las personalidades artísticas y pianísticas más perfectas del mundo.

—¿Le interesa la docencia? ¿La practica?

—Me encanta. Yo creo que es una de las partes más importantes de la misión de un artista profundamente músico. En la primera clase que yo di tenía 8 años. Mi alumna fue Delia Colombo, la vecina de casa, que estudiaba con mamá. Me encantaba prepararle las clases; aparte le cobraba; yo me quería comprar un sweater muy lindo, que mis padres no me querían comprar. Entonces, le cobraba [a mi alumna] 50 pesos la hora.

—¿Por qué le gustan especialmente compositores del Romanticismo?

—Es el mundo que me gusta, el mundo de la expresión, del amor, de las pasiones, de los sufrimientos, de las alegrías… Me gusta mucho la música muy expresiva. Lo contrario es el tecnicismo. El mundo va cambiando. Estamos en la era de Acuario, era del tecnicismo. Desde hace 15, 20 años, todo se ha transformado. Yo soy una persona eminentemente del siglo XX. Soy más del teléfono. He usado mucho el teléfono cuando estaba inmóvil por mi pierna mal [padeció poliomielitis], cosa que me acompañó a lo largo de mi vida. [Los celulares] son inventos maravillosos, pero a veces hacen dispersar a los jóvenes.


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