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ESPECTACULOS / El pasaje
domingo 14 abril, 2019

Vampiros, complots, fin del mundo y otros lugares comunes

La serie de Fox es entretenida pero deja al espectador con gusto a poco.

por Diego Grillo Trubba

La serie es producida por el gran Ridley Scott. Foto: Fox
domingo 14 abril, 2019

Calificación: Regular

El argumento es relativamente sencillo. Un grupo de científicos cree que dar con una persona de más de 200 años les permitirá desarrollar la inmunidad absoluta en los seres humanos. Cuando se encuentran con el individuo/leyenda, en una cueva de Bolivia, resulta que se trata de un vampiro que de inmediato muerde a uno de los científicos. Cinco años más tarde, descubrimos como espectadores que ya no hay un transformado sino varios, ya que el gobierno de Estados Unidos confabula con laboratorios para, en secreto, desarrollar la inmunidad a las enfermedades, por más que para eso deban utilizar cobayos humanos, seleccionados entre condenados a muerte, a quienes se les inyecta el virus del vampirismo.

El problema, como si no hubiera ninguno hasta entonces, es que se desata una gripe aviar galopante, por lo que los científicos deben apurar el desarrollo de la investigación, y para ello deben comenzar a experimentar con niños sobre los que nadie pueda hacer reclamo alguno. Envían a un agente a buscar a una flamante huérfana de una adicta, se presume al crack, y el pobre oficial de repente descubre que posee conciencia y no le gusta mandar a la niña al muere. Fuga, persecución, etc. Como no podía ser de otro modo, la niña encuentra en el oficial una figura paterna, y él en la chica ve la imagen de su hija muerta. Por si fuera poco, se suma la exesposa del oficial, una médica que lo sigue queriendo aunque se está por casar con otro (¿?), a la espera de que su otrora cónyuge comprenda que están destinados el uno para el otro. En el medio, oficiales despiadados con el único objetivo de cumplir su misión, científicos con problemas de conciencia y vampiros que se empiezan a comunicar telepáticamente.

El problema con El pasaje no es que sea un bodrio, porque no lo es. La serie se deja ver, resulta entretenida, y posee un hallazgo como la brillante niña actriz Saniyya Sydney. El problema, decíamos, es que no aporta absolutamente nada nuevo. El espectador la puede ver mientras hace otra cosa (al fin y al cabo, es televisión), ya que no ocurrirá nada que no se espere. En fin. Una catástrofe desatada por un gobierno insensible al dolor en connivencia con empresarios al menos dudosos, una población que no sabe lo que se le viene encima, y en el medio, escenas de acción como para cumplir con el género. Un día en Argentina, podría decirse.


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