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ESPECTACULOS / DIARIO PERFIL
domingo 6 mayo, 2018

Nancy Fabiola Herrera, discípula del maestro Plácido Domingo

La soprano de fama mundial canta por primera vez en el Teatro Colón. Consagrada con Carmen, lamenta que la música clásica no tenga la publicidad que sí tiene el pop. Reivindica su labor con el grande de la ópera.

por Hugo Bordoni

Nancy Fabiola Herrera Foto: Gza. Nancy F. Herrera
domingo 6 mayo, 2018

La vida de la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera pasó por varios países. Nació en Venezuela, donde sus padres vivieron por una década. De niña, se estableció en Gran Canaria, una de las islas frente a Marruecos, parte del archipiélago español del cual es originaria su familia. Estudió en Madrid; primero, se inclinó al turismo, pero “la vida me llevó hacia el canto”, dice. Para perfeccionarse, fue a Estados Unidos: cuatro años en la Juilliard School, de Nueva York y otros cuatro en la Academy of Vocal Arts, en Filadelfia. Su carrera ya descollaba; entonces se afincó en Nueva York, hasta hace 11 años, cuando conoció y se casó con el músico uruguayo Marcello Pérez Posse, por quien comparte residencia entre la Gran Manzana y Montevideo.
Y ahora está en Buenos Aires, para cantar por primera vez en la Argentina y en el Teatro Colón: “Uno de esos grandes sueños pendientes, que se hizo realidad”. Será Isabella, protagonista de La italiana en Argel, hasta el 11 de mayo. Esta ópera de Gioachino Rossini, que combina drama y alegría, lleva la puesta en escena de Joan Anton Rechi, en tanto que Antonello Allemandi dirige a la Orquesta Estable del Teatro Colón.

El relato original transcurre en un ambiente árabe, entre reyes, esclavos, harenes. Esta versión, según Herrera, “es muy divertida, fresca, simpática. Se ubica en un casino, en los años 30 en Argelia, y entonces tiene un gustito de revista también”.
—¿Cómo es Isabella?
—Es una mujer fuerte, de-senfadada, que está de vuelta de muchas cosas, con experiencia en la vida y con los hombres. Una mujer segura de sí misma, valiente, con sentido del humor, pícara, sensual.

—¿Qué parecidos tendría con “Carmen”, uno de los roles que te han consagrado en el mundo?
—Las dos comparten muchas cosas: fortaleza, sensualidad, libertad. Carismáticas, fascinan a los que están a su alrededor. Decididas, se valen por sí mismas. Se sienten bien con ellas mismas, son firmes, aprovechan sus atributos para manejar al hombre y llevarlo al terreno que ellas quieren. Son mujeres que aman. Pero Isabella ama de una manera más romántica que Carmen, quien más que amor tiene encantamiento.

—¿Cuándo conociste a Plácido Domingo, quien te ha reconocido con premios y eligiéndote para diversos proyectos?
—La primera vez que lo vi, yo estaba en el coro de la Opera de Madrid, que estaba usando el Teatro de la Zarzuela. Se estaba haciendo Otelo. El apareció, cantó el Esultate y yo no pude cantar cuando llegó el turno del coro: me puse a llorar directamente. Luego ya lo conocí más personalmente en el concurso Operalia, donde gané el premio “Pepita Embil”, que él da en nombre de su madre. A partir de allí, hemos colaborado en muchos conciertos y producciones. El maestro es un ser excepcional. Como artista es único e irrepetible, ha marcado historia; ha superado todos los límites. Ama cantar: cuando se sube a un escenario es pura vida; puede estar cansado, pero en el escenario se convierte en otro ser. Cantar al lado de él y tratarlo como persona es una bendición. 


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