"La pérdida de las piezas dentarias, además de las consecuencias estéticas evidentes para el paciente, puede producir una serie de alteraciones anatómicas, funcionales, e incluso psicológicas”, dice el Dr. Nicolás Ariel Canessa (m.n 5003/02-reg. esp. 0235-02), especialista en cirugía y traumatología Buco máxilo Facial de la Universidad maimonides.
¿Cuáles son los trastornos funcionales más habituales?
Alteraciones periodontales y de la masticación, trastornos en la fonación, problemas de oclusión y disfunción de la articulación temporomandubular, provocando ruidos al abrir o cerrar la boca, dolores de cabeza, oído y/o contracturas de los músculos masticadores y cervicales.
Los pacientes difícilmente relacionan estos problemas a las perdidas dentarias ocurridas, lo que los lleva a consultar con especialistas de otras ramas de la medicina. Además, se producen movimientos dentarios por la tendencia de los dientes adyacentes de ocupar el espacio que queda libre. esto provoca dolor, fractura o caries, y en encías, sangrado o inflamación.
Asímismo, con el paso del tiempo, el hueso circundante al diente perdido comienza a atrofiarse debido a la falta de función. La pérdida ósea tiene un gran impacto, porque limita el reemplazo de la pieza mediante implantes dentales.
¿Hay alternativas quirúrgicas para recuperar el material óseo perdido y su funcionalidad?
Sí, desde injertos óseos hasta procedimientos de distracción osteogénica. Los injertos óseos pueden ser autólogos, homólogos o heterólogos. A su vez, para estas regeneraciones se puede utilizar plasma rico en plaquetas obtenido de la sangre del paciente, logrando mejores resultados.
Por otro lado, la distracción osteogénica es un método que se basa en la separación gradual de dos fragmentos de hueso mediante un dispositivo de titanio para permitir la formación ósea en ese espacio.
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