INTERNACIONAL
"El Patrón" del Cártel de Medellín

30 años de la muerte de Pablo Escobar: crónica de una guerra que cambió la historia del narcotráfico y Colombia

A tres décadas de su muerte, un repaso histórico por los eventos claves que involucran a grupos especiales de tareas, tecnología estadounidense y una anécdota inédita que prevé el destino tan fatal como destructivo del "capo de capos" del negocio narco en la década del '90.

Pablo Escobar
Pablo Escobar | Agencia Afp y Cedoc Perfil

Todo empezó por una mala decisión. A sabiendas, un día como hoy, pero hace treinta años, Pablo Emilio Escobar Gaviria, el hijo de un campesino y de una maestra pobres, nacido en las afueras de Medellín pero criado en pleno barrio de Envigado, perdió la vida en un tiroteo, versión oficial, con el Bloque de Búsqueda, versión no oficial, con Los Pepes.

Pero ese suceso, había comenzado mucho antes, un 30 de abril de 1984, cuando Pablo, que para esa época ya no era pobre, sino el hombre más rico de Colombia, y al que todos llamaban “El Patrón”,  resolvió asesinar al entonces Ministro de Justicia de Colombia, Rodrigo Lara Bonilla.

Ese día, Escobar desató una guerra contra el Estado colombiano que duraría 10 años, involucraría agencias de seguridad de, al menos, cinco países, causaría más de quince mil muertos y desaparecidos de ambos bandos y, principalmente, cambiaría para siempre lo que Estados Unidos llamaba, y sigue llamando, “la guerra contra las drogas”.

Pero ese 30 de abril de 1984, sabiéndolo o no, Pablo Escobar declaró su propia muerte. Es cierto, con esa y algunas otras decisiones, también mal tomadas. Pero, sin dudas, es a partir de esa fecha donde comienza la historia que todos conocemos. Una serie interminable de asesinatos prominentes como el del Procurador General de la Nación, Claudio Hoyos, decenas de jueces, magistrados, fiscales, policías de todos los rangos y de periodistas como Héctor Gálvez, Jorge Enrique Pulido y hasta el del director del periódico El Espectador, Guillermo Cano.

Pablo Escobar

 

Pero como en toda guerra, hay bajas de un lado y del otro. Porque si otra cosa se le puede adjudicar a Pablo Escobar es que es “el papá de los sicarios”. Y primero fueron decenas, luego cientos, y luego miles los que tuvo a disposición para pelear contra un Estado débil a nivel institucional y totalmente corrompido frente a las delicias en dólares que el cártel de Medellín les ofrecía. Pero por más miles que fueran, todos terminaron muertos, en nombre de una causa que ya estaba perdida de entrada: la no extradición de colombianos hacia el exterior.

"Preferimos una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos" rezaba el lema de “Los Extraditables”, la organización criminal que Escobar se inventó para no quedar como el único culpable de todo

"La Catedral", la cárcel vip de Escobar

La fugaz tregua se dio el 19 de junio de 1991, cuando el "capo de capos" se entregó a las autoridades para ser confinado en una cárcel cuyo terreno él mismo había comprado y adecuado estratégicamente antes y luego vendido al municipio de Envigado. Luego sería conocida como la cárcel de La Catedral.

De cárcel tenía poco: había jacuzzis, sala de bolos, pool, billares, máquinas de videojuegos y todos los lujos que en aquella época se podían tener.

Pero toda mala decisión, tarde o temprano conlleva a otra. Y a Pablo Escobar no le alcanzó con haber doblegado al Estado colombiano y gestionado su “derrota”, debiendo pasar apenas unos siete u ocho años “encarcelado” y sin posibilidad de ser extraditado a los Estados Unidos. Y allí es donde comete su segundo error.

Desde su punto de vista, fue él quien consiguió la no extradición que benefició a todo el gremio. Fue él quien pagó también los costos. Y especialmente, era él quien estaba “pagando cana”, porque “aun con barrotes de oro, cárcel es cárcel”, le decía su madre.

Pablo Escobar Documentos

De esa manera, Pablo se encontró sin poder operar, rodeado de sicarios fieles a él pero por dinero. ¿Cuál sería su destino si ya no tuviera con qué pagarles? Pragmático, decidió ir por todo y ordenó la muerte de dos de sus principales socios, bajo excusas poco creíbles.

Gerardo Moncada y Fernando Galeano fueron llamados a La Catedral el 4 de julio de 1992 y, por supuesto, no pudieron negarse a ir. Nadie podía negarse a un llamado del patrón. Nunca más volvieron a salir. Hay historias de todo tipo, desde desmembramientos, hasta que los cocinaron y los comieron en un “asado” improvisado. Inmediatamente después Escobar ordenó el asesinato de unas 25 personas más, todas pertenecientes a las familias y a los entornos de los Moncada y los Galeano.

Si existía una única regla en el gremio narcotraficante era la imposibilidad de meterse con las familias. Ese 4 de julio de 1992, Pablo Escobar terminó con el cártel de Medellín. Su hermano mayor, “El Osito”, preso con él, se lo dijo en la cara: “Te cagaste en todos”.

Las noticias corren rápido, pero las malas siempre con más velocidad. Cuando se supo que Escobar estaba matando gente dentro de La Catedral, el Gobierno colombiano ordenó su traslado a otra cárcel. Era el 21 de julio de 1992. Escobar reunió a su hombres y les dijo claramente: “De acá nos sacan con las patas pa’lante”.

Pablo Escobar

Escurridizo desde niño, Escobar ya tenía pensada la fuga desde antes de entregarse, con lo cual la operación fue sumamente fácil. Para cuando el ejército ingresó en La Catedral, “El Patrón” y una docena de sus hombres lo estaban viendo por televisión en la casa de la madre de uno de sus sicarios, ahí nomás, en Envigado.

Pero ya era tarde. Desde aquel 30 de abril de 1984 era tarde. Lo que siguió fue la cacería más espectacular jamás vivida para capturar a un solo hombre. El gobierno creó el “bloque de búsqueda”, con ayuda de la CIA, la DEA, la Embajada de Estados Unidos, el Ejército, la Policía Nacional y surgió "Perseguidos por Pablo Escobar”, un grupo ilegal paramilitar financiado por el cártel de Cali, que se hacían llamar “Los Pepes".

"Los Pepes", la injerencia de Estados Unidos y la palabra de su hijo

Los Pepes jugaron un papel fundamental en la muerte de Pablo Escobar, porque eran en su mayoría ex socios del patrón, gente muy cercana a él, que se dedicó sistemáticamente a atacar a familiares claves de Escobar, destruirle propiedades y fundamentalmente desmembrar el sistema financiero, contable y legal del capo, además de proporcionarle información vital al Bloque de Búsqueda. En pocas palabras, a aislarlo.

De esa manera llegó a su cumpleaños número 44, el 1 de diciembre de 1993. Apenas acompañado por algunos familiares y su escolta final, inmortalizado en la canción de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, "Me matan limón".

Su familia ya había viajado a Alemania para ser rechazados y devueltos en el mismo avión a Bogotá, donde la policía tomó el control y los alojó en Residencias Tequendama, un complejo de departamentos que pertenecía precisamente a la misma Policía Nacional.

“El teléfono es la muerte”, solía decir Pablo Escobar. Sin embargo, aquel 2 de diciembre de 1993 “el patrón” rompió todas sus reglas”. Llamó muchísimas veces a su familia y tardó más de los tres minutos permitidos para no ser geolocalizado. Lo tenían cercado.

Es un misterio quién, si la policía, la DEA, el ejército, el Bloque de Búsqueda, los PEPES o todos a la vez. Pero lo tenían cercado.

Pablo Escobar

Consultado por PERFIL, Juan Pablo Escobar no quiso responder preguntas. “Mientras más quieran que yo hable, más calladito yo quiero estar” fue su respuesta. Extraña, teniendo en cuenta que ha dado conferencias y entrevistas a raudales cada vez que editó un libro nuevo, aunque quizás entendible, debido a la causa que se le sigue por lavado de activos junto a su madre y al ex jugador de Boca Juniors, Mauricio “Chicho” Serna”, cuyo juicio se encuentra suspendido hasta el momento.

Lo cierto es que, en su última comunicación con su hijo Juan Pablo, hoy convertido en Sebastián Marroquín, se alcanza a escuchar una explosión con la que le estaban entrando en la casa del barrio Los Olivos, de su amado Medellín, en la que estaba “parando” hacía unas dos semanas. “Te llamo luego que aquí está pasando algo raro” fueron sus últimas palabras en el teléfono.

Diez minutos después Pablo Emilio Escobar Gaviria, “El Patrón”, el hombre que fue dueño del 80 por ciento del negocio de la cocaína en el mundo, el que salió de pobre robando placas de los cementerios, el hombre que entendió tarde, que la política es un juego más peligroso que cualquier operación de narcotráfico, estaba muerto. Eran las 14:15 hs.

Uno tendería a pensar que Pablo Escobar perdió. Sin embargo, como en todas las grandes historias, hay detalles, a veces poco conocidos, que nos pueden revelar mucho.

La anécdota es relatada por "El Malévolo" al hijo de Pablo, para su libro Pablo Escobar: In fraganti. Es el único hombre de la partida que estuvo presente junto a Escobar la noche del asesinato que cambió todo, y sigue vivo. Estaban en la hacienda “Nápoles”, el emporio ecológico desde donde “el duro”, manejaba sus negocios, recibía invitados de altísimo nivel y poseía hasta un zoológico personal.

Sentados detrás de “La Mayoría”, como le decían al casco principal de esa hacienda de mil novecientas veinte hectáreas, fumaban un porro. Pablo Escobar lo miró a los ojos y le dijo “mijo, si no mataba a Lara me suicidaba; ahora ya tengo un motivo para correr, para voltear; ya le encontré sentido a la vida”.

 

Gi