Los colombianos votan hoy en una de las elecciones presidenciales más polarizadas de los últimos años. El oficialista Iván Cepeda y el opositor Abelardo de la Espriella llegan al balotaje separados por pocos puntos y con un clima político atravesado por la incertidumbre, la desconfianza y el temor sobre lo que ocurrirá después de conocerse el resultado.
Más de 41 millones de ciudadanos están habilitados para participar de una jornada que definirá si el país continúa con el rumbo político iniciado por el presidente Gustavo Petro o si gira hacia una propuesta de derecha encabezada por De la Espriella.
Para el periodista y politólogo colombiano Juan Camilo Gómez, la elección se desarrolla en un contexto especialmente tenso. “Llegamos a esta segunda vuelta con dos candidatos profundamente distantes y sin que hayan protagonizado un debate entre ellos. La campaña terminó desarrollándose principalmente ante simpatizantes propios y con fuertes ataques cruzados”, explicó.
El especialista considera que diversos acontecimientos políticos y judiciales de las últimas semanas profundizaron una fractura social que ya venía creciendo desde la primera vuelta. Entre ellos menciona la detención en Estados Unidos de un activista vinculado al petrismo y la investigación abierta contra el expresidente Álvaro Uribe, uno de los principales apoyos políticos de De la Espriella.
Una elección dominada por las emociones. A diferencia de otros procesos electorales, Gómez sostiene que la definición no gira principalmente en torno a propuestas de gobierno sino a factores emocionales. “La crisis de salud, la seguridad o la situación fiscal son temas importantes, pero en esta segunda vuelta lo que termina predominando es el miedo”, señaló.
Según el analista, una parte del electorado teme que un eventual triunfo de De la Espriella implique retrocesos en derechos de minorías o una política de seguridad excesivamente dura. Del otro lado, muchos votantes observan con preocupación la continuidad del proyecto político de Petro y la posibilidad de avanzar hacia reformas institucionales profundas.
“La gente no está votando únicamente por expectativas de futuro. También vota para evitar aquello que considera un riesgo”, resumió.
El peso de los indecisos. En una elección que se anticipa ajustada, los votantes indecisos aparecen como uno de los factores centrales.
De acuerdo con Gómez, quien más necesita captar ese segmento es Cepeda, ya que las encuestas previas mostraban una ventaja para De la Espriella.
“Los indecisos serán fundamentales. También quienes no participaron en la primera vuelta. Ninguno puede dar la elección por ganada”, afirmó.
El analista también observó que el voto en blanco perdió protagonismo frente a una creciente percepción de que los ciudadanos deben optar por alguna de las dos alternativas en competencia.
La principal preocupación: el día después. Más allá del resultado, uno de los mayores desafíos será preservar la estabilidad política y social una vez finalizado el escrutinio.
Gómez advirtió que existe preocupación por posibles episodios de tensión o protestas en algunas ciudades, una hipótesis que incluso fue mencionada por autoridades del Ministerio de Defensa durante las últimas semanas.
“El principal reto será que tanto el ganador como el perdedor transmitan mensajes de calma y respeto institucional”, sostuvo.
Según el politólogo, el próximo presidente deberá enfrentar además problemas estructurales que aparecen entre las principales demandas de la ciudadanía: la recuperación del sistema de salud, la mejora de la seguridad, el ordenamiento de las cuentas públicas y la reconstrucción de la confianza política.
“Gane quien gane, los colombianos esperan soluciones concretas y menos confrontación. El desafío será gobernar para una sociedad que llega profundamente dividida a esta elección”, concluyó.
* Enviada especial a Colombia.