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opinión

Cuando la tecnología se convierte en política

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Expansión. El cofundador y actual CEO de la poderosa compañía Palantir, Alexander Karp. | cedoc

La relación entre tecnología, poder político y protección ciudadana atraviesa uno de sus momentos más sensibles. En las últimas semanas, una serie de acontecimientos en Europa y Estados Unidos volvió a poner en el centro del debate cuestiones que van desde la inteligencia artificial hasta la seguridad digital infantil, pasando por la regulación de plataformas y la necesidad urgente de fortalecer la alfabetización mediática.

El detonante más reciente fue un controvertido manifiesto publicado por Palantir Technologies a mediados de abril. El documento, vinculado al director ejecutivo de la compañía, Alex Karp, propone convertir la tecnología en una herramienta estratégica para consolidar el dominio occidental mediante una alianza más estrecha entre Silicon Valley y los aparatos de defensa estatal.

El texto promueve el desarrollo de capacidades de “poder duro” impulsadas por inteligencia artificial y plantea una integración creciente entre empresas tecnológicas y estructuras militares. Las reacciones no tardaron en llegar: diversos académicos y especialistas en derechos digitales calificaron la propuesta como una expresión de “tecnofascismo” y advirtieron sobre los riesgos de concentrar tecnologías avanzadas en manos del Estado y de corporaciones privadas con influencia creciente sobre sistemas de vigilancia, seguridad y gobernanza.

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La polémica se produce en un contexto internacional en el que la inteligencia artificial ya no se percibe únicamente como una herramienta de innovación económica, sino también como un componente geopolítico y militar de primer orden.

Europa y la protección digital de menores

Mientras tanto, en Europa, la discusión gira en torno a cómo proteger a los ciudadanos –especialmente a niños y adolescentes– dentro de un ecosistema digital cada vez más complejo.

El 15 de abril, la Comisión Europea anunció el desarrollo de una nueva aplicación de verificación de edad destinada a reforzar la seguridad infantil en internet. La presidenta del organismo, Ursula von der Leyen, aseguró que la herramienta ya está técnicamente lista y que pronto podrá ser utilizada por los ciudadanos europeos.

La iniciativa busca limitar el acceso de menores a contenidos nocivos y establecer un entorno digital más seguro. Sin embargo, el lanzamiento quedó rápidamente rodeado de cuestionamientos. Expertos en ciberseguridad y hackers éticos detectaron vulnerabilidades apenas horas después de su presentación pública. El consultor de seguridad Paul Moore advirtió que la aplicación podría almacenar información sensible directamente en los dispositivos de los usuarios sin la protección adecuada. A las críticas técnicas se sumó la resistencia política de varios gobiernos nacionales, que manifestaron preferencia por desarrollar soluciones propias antes que adoptar una herramienta impulsada desde Bruselas.

El episodio ilustra uno de los grandes dilemas regulatorios contemporáneos: cómo equilibrar protección, privacidad y eficacia tecnológica sin generar nuevos riesgos para los propios usuarios.

Meta, bajo presión por la seguridad infantil

La presión sobre las grandes plataformas digitales también sigue en aumento. Hace dos semanas, la Comisión Europea concluyó preliminarmente que Meta incumplió la Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés) en materia de protección de menores en Facebook e Instagram.

Según la investigación, la empresa no habría evaluado ni mitigado correctamente los riesgos a los que están expuestos los usuarios menores de edad. Las autoridades europeas apuntan especialmente a sistemas de verificación de edad considerados débiles y fácilmente eludibles, que podrían facilitar el acceso de menores a contenidos dañinos o inapropiados, además de revelar fallas estructurales en el diseño y la moderación de las plataformas.

El caso se enmarca en una ofensiva regulatoria más amplia de la Unión Europea bajo la DSA, que en los últimos meses también alcanzó a plataformas pornográficas y a Snapchat.

Alfabetización mediática: una prioridad estratégica. En paralelo a los debates regulatorios, crece el consenso sobre la necesidad de fortalecer la alfabetización mediática como herramienta central para afrontar los desafíos del nuevo entorno audiovisual. La expansión de contenidos generados por inteligencia artificial, el auge de los influencers y la proliferación de campañas de desinformación han modificado profundamente la manera en que los ciudadanos consumen, interpretan y comparten información.

En ese contexto, la próxima revisión de la Directiva de Servicios de Comunicación Audiovisual (AVMSD) de la Unión Europea se perfila como un momento clave. La organización EAVI, especializada en alfabetización mediática, presentó recientemente una serie de propuestas ante la consulta abierta por la Comisión Europea. Entre sus principales demandas figuran obligaciones más estrictas para plataformas de intercambio de videos e influencers, directrices más claras para los Estados miembros, indicadores comunes para medir los niveles de alfabetización mediática y una definición homogénea del concepto en toda la legislación europea. La organización también reclama un enfoque inclusivo y permanente que involucre al conjunto de la sociedad, junto con políticas orientadas a promover el pluralismo informativo y garantizar el acceso a contenidos de interés público.

Detrás de estas iniciativas subyace una preocupación cada vez más extendida: las democracias contemporáneas no solo necesitan regular la tecnología, sino también formar ciudadanos capaces de comprenderla críticamente. En un escenario atravesado por inteligencia artificial, plataformas globales y disputas geopolíticas digitales, la alfabetización mediática deja de ser un complemento educativo para convertirse en una cuestión estratégica de ciudadanía y democracia.