Perú vuelve hoy a elegir a su próximo presidente en medio de un clima de incertidumbre, desconfianza y cansancio ciudadano.
La segunda vuelta enfrenta a Keiko Fujimori, líder de la fuerza conservadora de derecha Fuerza Popular, y a Roberto Sánchez, referente de izquierda y candidato de Juntos por el Perú. Ambos llegan al balotaje con altos niveles de rechazo y en un contexto en el que buena parte de la población parece más preocupada por los problemas cotidianos que entusiasmada con alguna de las dos opciones que compiten por la Casa de Pizarro.
En las calles de Lima, donde ambos candidatos cerraron sus campañas durante la semana, las conversaciones giran alrededor de la inseguridad, la situación económica y la corrupción. La sensación predominante es que el país atraviesa una crisis que excede a este comicio y que ningún dirigente logró resolver.
“Los peruanos todavía estamos indecisos”, resumió Luis Antonio, vecino de la capital consultado por PERFIL. “La delincuencia, la economía, los problemas laborales y la corrupción son los temas que preocupan a todos. La gente sigue evaluando su voto”, confesó.
Su percepción coincide con un fenómeno que los analistas vienen observando desde hace años: una creciente distancia entre los ciudadanos y la dirigencia política. En la última década, Perú tuvo ocho presidentes y atravesó una sucesión de crisis institucionales que erosionaron la confianza en las instituciones.
El voto desencanto. La campaña dejó en evidencia ese malestar. Aunque Fujimori y Sánchez representan proyectos políticos muy diferentes, ambos llegan al balotaje con niveles elevados de rechazo y con dificultades para despertar entusiasmo.
“Hay mucha gente que no se siente representada por ninguno”, explicó John Marlon, taxista. Según contó, la mayoría de los pasajeros con los que conversa diariamente habla de trabajo, salarios y seguridad mucho más que de ideología. “La gente piensa en cómo llegar a fin de mes, cómo mantener su empleo y cómo proteger a su familia. Eso está por encima de cualquier discusión política”, afirmó.
La inseguridad aparece de manera recurrente en las entrevistas realizadas en distintos puntos de Lima. El crecimiento de la delincuencia y del crimen organizado se convirtió en una de las principales preocupaciones del electorado y fue uno de los ejes centrales de la campaña.
Pero el malestar va más allá de la cuestión de la seguridad. También existe una fuerte sensación de agotamiento frente a una clase política que muchos consideran incapaz de ofrecer soluciones duraderas.
Crisis de confianza. “Estamos cansados de los escándalos y de la corrupción”, sostuvo Santos Segundo, otro vecino consultado en la capital peruana. “Lo que queremos es gente preparada, que trabaje por el país y no por intereses personales”, agregó.
La corrupción se convirtió en una de las palabras más repetidas durante la campaña. En los últimos años, prácticamente todos los espacios políticos quedaron alcanzados por denuncias o investigaciones, alimentando la percepción de que el problema atraviesa a todo el sistema.
Por eso, más que una discusión entre izquierda y derecha, muchos ciudadanos describen esta elección como una búsqueda de estabilidad. El desafío para quien resulte electo será gobernar un país profundamente fragmentado, con un Congreso sin mayorías claras y una ciudadanía cada vez más escéptica. A esa incertidumbre se suma otro factor: la posibilidad de un resultado extremadamente ajustado. Las últimas encuestas difundidas antes de la veda mostraban una competencia muy pareja entre ambos candidatos, lo que alimentó especulaciones sobre un escrutinio reñido y una definición que podría demorarse.
Un país dividido. La elección también expuso una fractura territorial cada vez más visible. Mientras Fujimori concentra buena parte de su apoyo en Lima y en las principales ciudades, Sánchez obtiene mejores resultados en zonas rurales y andinas, donde persiste un fuerte reclamo de cambios frente a un sistema que muchos consideran excluyente.
Esa división refleja dos miradas distintas sobre el país, pero también una misma frustración. Tanto entre quienes buscan preservar la estabilidad económica como entre quienes reclaman transformaciones profundas, predomina la sensación de que la política no ha estado a la altura de los problemas.
Hoy, millones de peruanos acudirán a las urnas para elegir presidente. Sin embargo, en las calles de Lima la discusión parece ir más allá de quién gane. La pregunta que se repite es si el próximo gobierno logrará recuperar algo que la democracia peruana viene perdiendo desde hace años: la confianza de sus ciudadanos.
*Enviada especial a Lima, Perú.
Keiko Fujimori
☛ Keiko Fujimori tiene 51 años y es hija del expresidente Alberto Fujimori.
☛ Estudió Administración de empresas en EE.UU. donde se casó, tuvo dos hijas y luego se divorció.
☛ En 2022 se separó del empresario estadounidense Mark Vito, que ahora es parte del mundo de la televisión y la farándula peruana.
☛ Fue diputada entre 2006 y 2011 y disputó la presidencia en tres ocasiones sin lograrlo.
☛ Pasó más de un año en prisión preventiva, investigada por presunto lavado de activos por el escándalo de corrupción Odebrecht.
☛ Construyó una estructura partidaria propia que convirtió a Fuerza Popular en una de las fuerzas más influyentes .
☛ Fue elegida por cuarta vez para disputar una segunda vuelta. “A lo largo de mi carrera política he cometido errores, de ellos aprendí; pero me levanté además con mucha más fuerza”, dijo el domingo pasado en un debate presidencial.
☛ Entre sus propuestas está la construcción de cárceles de máxima seguridad y retirar a Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
☛ ”Vuelve Fujimori, vuelve el orden” es su slogan de campaña en un país donde la inseguridad y el orden son temas centrales para su población. Se ha convertido en una de las pocas figuras duraderas en la política peruana.
Roberto Sánchez
☛ Roberto Sánchez, es psicólogo de formación.
☛ Tiene 57 años, dos hijos y se casó a los 44 años.
☛ “Yo vengo desde abajo” dijo el candidato nacido en Huaral, pueblo costero a 75 km de Lima.
☛ Durante su juventud, quiso ordenarse como sacerdote, entró a un seminario en Lima que abandonó dos años después.
☛ Es diputado desde 2021 y tuvo un breve paso que duró 17 meses en la función pública, como ministro de Comercio y Turismo bajo la presidencia de Pedro Castillo.
☛ Heredero del sombrero de ala ancha confeccionado con paja de palma -emblema del expresidente- ya adelantó que de resultar electo, lo indultará.
☛ Fundó el partido Juntos por Perú y construyó su candidatura tras sellar una alianza con Castillo, quien le perdonó haberse abstenido y no votado en contra cuando el Congreso lo destituyó por intentar disolverlo.
☛ Emuló al expresidente al llegar montado a caballo al cierre de campaña de la primera ronda presidencial.
☛ Se reconoce hombre de fe, provida y profamilia. Hace poco dijo en declaraciones a periodistas: “Respeto a los comunistas, pero no soy comunista”.
☛ Aboga por romper con el modelo económico liberal establecido por la Constitución de 1993 bajo el mandato de Alberto Fujimori.