En las montañas del suroeste de Irán se están viviendo escenas cinematográficas. Las fuerzas armadas de Estados Unidos desplegaron un enorme operativo para tratar de dar con el segundo piloto del F-15 derribado por las baterías antiaéreas iraníes, en una carrera contra reloj contra sus enemigos de la Guardia Revolucionaria que intentan capturarlo y exhibirlo como trofeo de esta prolongada guerra en Medio Oriente.
La aeronave operaba con dos pilotos. El Pentágono confirmó que el rescate del primer tripulante fue un éxito coordinado con inteligencia aliada, pero la búsqueda del segundo se volvió “extremadamente peligrosa” debido a que civiles iraníes, motivados por la recompensa económica del régimen, están patrullando junto a fuerzas regulares las montañas de Zagros.
EE.UU.desplegó aviones cisternas y de carga C-130 y helicópteros H-60 que volaron a baja altura y velocidad sobre las montañas para tratar de ubicar al militar. También soldados de fuerzas especiales y paracaidistas de rescate.
El derribo del poderoso F-15E es un hito significativo, ya que es el primer caza estadounidense perdido en combate aire-tierra en décadas. La captura del piloto por parte de Irán representaría un triunfo propagandístico masivo para Teherán y una crisis diplomática sin precedentes para la administración de Donald Trump.
La aeronave fue derribada por fuego antiaéreo israelí el viernes pasado, mientras atacaba bases misilísticas en el país persa. Durante las labores de búsqueda, un avión de ataque A-10 Thunderbolt también cayó en la región del Golfo Pérsico tras recibir fuego enemigo. El piloto del A-10 fue recuperado ileso, pero la pérdida de activos complica la logística de rescate.
Desde el comienzo de la guerra, ningún soldado estadounidense murió o fue capturado en territorio iraní. Pero 13 fallecieron en Kuwait, Arabia Saudita e Irak.
La cadena de televisión estatal iraní difundió imágenes de los supuestos restos del aparato, y prometió una “recompensa generosa” a quien entregue al aviador. Por eso hay tantos civiles buscándolo.
“Evasión y escape”. El terreno es el principal adverso. Las montañas de Zagros ofrecen cobertura para el piloto, pero dificultan las señales de comunicación. La agencia iraní Tasnim emitió informes contradictorios, primero sugiriendo la muerte del piloto y luego afirmando que está bajo custodia. No obstante, no se presentaron pruebas visuales (fotos o videos), lo que sugiere que el CGRI aún podría estar rastreando la zona.
Un piloto de combate no depende de la suerte; cuenta con un sistema multicapa diseñado para el escenario de “Evasión y Escape”. Al eyectarse, el asiento libera un paquete de supervivencia que cuelga del piloto por una reata. Este kit incluye una radio de supervivencia de Alta Frecuencia que emite señales encriptadas y ráfagas de datos de baja probabilidad de interceptación (LPI) para evitar que el enemigo detecte su posición.
Tras la eyección, se activan automáticamente balizas GPS y localizadores de emergencia (ELT) que envían la ubicación exacta a satélites. Para su sustento cuenta con raciones de alta densidad calórica, tabletas de purificación de agua y bolsas de agua desalinizada. Esto le permite sobrevivir entre 3 y 7 días.
Trofeo. El destino del segundo oficial del F-15E (identificado en algunos reportes como el Oficial de Sistemas de Armas) no es solo una cuestión humanitaria o militar; se ha convertido en el eje de una batalla psicológica y política entre Washington y Teherán.
Para el régimen iraní y la Guardia Revolucionaria (CGRI), capturar vivo al aviador estadounidense representa varios objetivos críticos.
Primero es una victoria simbólica y una humillación. Mostrar a un piloto estadounidense en la televisión estatal iraní rompería la imagen de invulnerabilidad de la tecnología de EE. UU. Para el consumo interno y sus aliados regionales, sería la prueba tangible de que Irán puede golpear y “hacer sangrar” a la superpotencia.
Por otro lado, y pese a que los pilotos están entrenados para no revelar información sensible, su captura permite a Irán acceder a su equipo personal (mapas, frecuencias, códigos de encriptación actuales) que, aunque caducan rápido, ofrecen una ventana de inteligencia valiosa.
Para el Pentágono y la administración Trump, el rescate es una prioridad absoluta para sostener la doctrina de “no dejar a nadie atrás”. La fe de los pilotos en que serán rescatados es lo que les permite volar misiones de altísimo riesgo sobre defensas antiaéreas densas.
Fracasar en el rescate socavaría severamente la moral de toda la Fuerza Aérea estadounidense. Además, un piloto cautivo limitaría severamente las opciones militares de la Casa Blanca, ya que cualquier ataque a gran escala pondría en riesgo la vida del prisionero.