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INTERNACIONAL / En el Ciberespacio
miércoles 17 junio, 2020

La guerra del futuro ya llegó y la pelean Israel e Irán

Hackers de ambos países intercambiaron ataques. Los iraníes trataron de envenenar el agua potable de Israel con cloro; los israelíes sumieron en el caos a un puerto en el estrecho de Ormuz.

Marcelo Raimon

Jerusalén y Teherán cruzaron ataques en el ciberespacio. Foto: Cedoc

Mientras usted lee esto, un hacker en un sótano o un altillo, una habitación de adolescente, la cueva de un nerd, la oficina de un servicio de inteligencia o el búnker de una división secreta de un ejército en un lado del mundo está atacando o tratando de atacar un sistema informático al otro lado del mundo.

La mayoría de ellos lo hace por la misma razón por la cual usted o casi todas las personas en la Tierra estudian, trabajan o delinquen: por dinero.

Con la pandemia de coronavirus, que hace que todo el planeta esté distraído mirando hacia un solo lado, el número de ciberdelitos se disparó dramáticamente, con ataques contra hospitales, sistemas sanitarios nacionales o simples individuos, muchas veces con intenciones de chantaje.

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Pero hay una "rama" del mundo de las ciber-agresiones que preocupa mucho y que ya dejó de ser ciencia ficción para convertirse en futuro en el presente: la ciber-guerra.

Ya no se trata solamente de guerras propiamente dichas, escaramuzas fronterizas, misilazos o bombardeos, ni siquiera de los "clásicos" atentados terroristas. Hay ya muchos países que dejaron de pelear las guerras solamente con Rambos, espías y comandos y cuentan con pequeños ejércitos de hackers dedicados a intentar estropear la vida de los enemigos.

El tema es también relevante porque este tipo de enfrentamientos dejaron de ser operaciones oscuras de las que casi nadie se enteraba o de las que se tomaba conocimiento porque se desplomaba el programa nuclear de un país (como lo pudo comprobar Irán en el 2010 a causa del malware Stuxnet) y empieza a tener "batallas" que salen en los diarios.

El mes pasado, el jefe de la Dirección Nacional Cibernética de Israel, Yigal Unna, aprovechó una presentación que ofreció en una convención online para admitir públicamente que su país había esquivado por poco un ciber-ataque.

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Unna evitó mencionar el origen del ataque, pero la prensa israelí rápidamente apuntó hacia Irán. Y la agresión no podía ser más medioriental: así como en las viejas películas norteamericanas las guerras en el desierto incluían el insensible envenenamiento de los pozos en los ansiados oasis, esta vez el blanco de los hackers fue el sistema de agua israelí.

Los atacantes (al parecer sentados en el búnker de una división secreta de las fuerzas militares iraníes) intentaron en abril penetrar el sistema de computadoras de la empresa israelí de producción y distribución de agua para elevar los niveles de cloro y hacerlos tóxicos.

Estos meses, afirmó Unna, serán recordados como "un punto de cambio en la historia de la guerra cibernética moderna". El funcionario aseguró que, "aquí en Israel, enfrentamos un intento de ataque sincronizado y organizado" contra la infraestructura civil del agua.

Unna reconoció que si el ataque hubiera tenido éxito Israel se habría visto obligado a suspender la distribución de agua a nivel nacional, con un enorme impacto en la salud de la población en tiempos de pandemia.   

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Siempre en el marco del silencio que rodea estos tipos de ataques, trascendió que las autoridades de Jerusalén respondieron en mayo con un ataque cibernético contra la terminal portuaria de Shahid Rajaee, cerca de la ciudad costera iraní de Bandar Abbas, sobre el estrecho de Ormuz.

La emisora Al Jazeera reportó que el ataque provocó un "caos total" en el puerto iraní, dejándolo fuera de servicio "por varios días".

El Washington Post, por su lado, aseguró que la penetración del sistema informático del puerto israelí fue la represalia israelí por el ataque contra el sistema de agua. Y el jefe de la Dirección Cibernética no dejó pasar la oportunidad.

¿Fueron los israelíes? "Tal vez sí y tal vez no -dijo Unna-, pero parece que hay algunas nuevas reglas de enfrentamiento, reglas de la guerra cibernética".

Para que quede más claro, en un panel online realizado esta semana, el coordinador de Ciberseguridad de la cancillería israelí, Iddo Moed, señaló que, en su país, están convencidos de que "debemos mostrarle a nuestros adversarios que tienen que esperar una reacción muy fuerte" en el caso de una agresión como la de mayo.    

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El panel, organizado por la embajada de Israel en Alemania, estuvo dedicado al tema de ciberseguridad en tiempos de coronavirus, pero quedó claro que la cancillería de Jerusalén ya tiene un discurso actualizado y no deja pasar la chance de recordar a Teherán, y a otros países, que hay "consecuencias" para las ciber-agresiones.

De todas maneras, las advertencias tienen peso relativo, porque es verdad que los hackers trabajan las 24 horas del día, todo el año, tratando de penetrar sistemas extranjeros. Y si alguno de esos miles de experimentos tiene éxito, el resultado puede ser catastrófico entre la población civil. Y sin disparar siquiera una bala.

Este último intercambio de ataques, dice May Brooks-Kempler, una reconocida experta israelí, "es solamente un nuevo capítulo en este conflicto, no es un enfrentamiento nuevo".

En una entrevista por WhatsApp con PERFIL, Brooks-Kempler, fundadora y CEO de la firma Helena Security, recordó que, en efecto, se considera que Stuxnet fue el primer acto de ciberguerra registrado.

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Aquella vez, el "gusano" Stuxnet -que habría estado en desarrollo ya desde el 2005- reprogramó sigilosamente varios equipos en Irán, entre ellos los sitios nucleares de Natanz y Bushehr.

Al comentar la noticia del ataque, que habría sido desarrollado por estadounidenses e israelíes, la firma Kaspersky advirtió ya la existencia de "un prototipo funcional y aterrador de arma cibernética".

"Desde hace años sabemos que ambos países tienen planes militares" en el frente cibernético, reconoce Brooks-Kempler, quien señaló que tanto Irán como Israel "tienen grandes capacidades" defensivas y ofensivas, lo cual puede desembocar en "niveles de daño catastróficos".

"Para ser honesta -continúa-, creo que la próxima guerra, que puede ser tanto entre Irán e Israel como en cualquier otro lugar del mundo, será en el ciberterritorio".

 Según un reporte de David Siman-Tov y Shmuel Even, del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (IESN) de la Universidad de Tel Aviv, el reciente ciberataque de Irán "es parte de la lucha estratégica" que Teherán "está librando en varios frentes contra varios enemigos, principalmente Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita".

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 Además del ataque contra el sistema de aguas, Irán estaría también detrás de otro que tuvo como blanco varios miles de websites israelíes no seguros. En este caso la agresión fue exitosa y dejó muchos sitios israelíes de internet a oscuras, apenas con un mensaje estático en el que se leía que "la cuenta regresiva para la destrucción de Israel comenzó hace mucho tiempo".

"Una guerra cibernética entre las dos partes ya comenzó", dijo un cable del mes pasado de la agencia oficial iraní Irna. Según el despacho, que citó al columnista saudita Abdel Bari Atwan, en el más reciente capítulo de esa guerra "piratas informáticos iraníes atacaron los sitios web militares y de seguridad de Israel y publicaron consignas antisionistas".

En la interpretación que Irna hizo de un comentario de Atwan, "Irán derrota a Israel en una ciberguerra".

Por ahora, indica el informe del IESN, "en el ámbito cibernético, Irán es tecnológicamente y económicamente inferior a Israel, y ciertamente al aliado estadounidense".

"Sin embargo -precisaron-, en una guerra cibernética contra Irán, Israel también puede sufrir daños, y ciertamente incurrirá en costos adicionales para proteger su ciberespacio, particularmente a medida que aumenta su dependencia digital".

No es casualidad, en ese sentido, que en Israel existan 500 compañías de ciberseguridad, un número solamente superado por Estados Unidos. En los peores días de la cuarentena, las autoridades israelíes permitieron a esas empresas mantener sus oficinas abiertas, un indicio de la importancia que el país le concede a este frente.

Durante la entrevista, Brooks-Kempler utilizó varias veces la palabra "catastrófico". Quizás una manera de ir previniendo a los legos en cuestiones cibernéticas qué nos espera en el futuro muy cercano.

"Creo que la utilización de ciberataques y ciber-armas puede ser, y probablemente lo sea, el nuevo territorio de la guerra, es algo que viene sucediendo desde hace años, por lo menos quince o veinte, y es posible que haya comenzado mucho antes, sin que nos enteremos", señala.  Para darse una idea: "carreteras, hospitales, proveedores de agua, distribuidoras de energía, todo lo que tenga que ver con infraestructura y que esté conectado a una computadora es algo que puede ser ciber-atacado", alertó.

Lo que se dice, "catastrófico".


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