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INTERNACIONAL / Crecen las diferencias
lunes 11 febrero, 2019

Con Jair Bolsonaro internado la desconfianza en su vice genera parálisis en el gobierno brasileño

El general retirado Hamilton Mourão se encuentra al mando de Brasil y crece la polémicas por sus declaraciones.

Ignacio Lautaro Pirotta

Jair Bolsonaro Foto: AFP
lunes 11 febrero, 2019

Mientras Jair Bolsonaro se encuentra internado desde el día 27 de enero, cuando se realizó la cirugía para retirar la bolsa de colostomia colocada desde el atentado en septiembre, el gobierno se encuentra paralizado a la espera de su recuperación. La prolongada internación del presidente brasileño y la negativa a delegar sus funciones han dejado en claro la desconfianza que Bolsonaro le tiene a su vice, el general retirado Hamilton Mourão. ¿Los motivos?, declaraciones opuestas a las del primer mandatario, un enfrentamiento no disimulado con el ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, y un modo de ejercer su cargo diametralmente opuesto al de Bolsonaro: mientras este continúa con su retórica agresiva, Hamilton Mourão aporta moderación, ofrece entrevistas a los medios atacados por Bolsonaro y hasta se mostró solidario con el ex presidente Lula da Silva cuando dijo que era una cuestión humanitaria que pudiese ir al funeral de su hermano.

La desconfianza de Jair Bolsonaro para con su vice no parece exagerada cuando se repasan las declaraciones de este. En relación al hipotético distanciamiento con China varias veces insinuado por Bolsonaro, Mourão declaró: “A veces el presidente tiene una retórica que no condice con la realidad. China no está comprando Brasil, porque nadie puede comprar al Brasil”. En relación al que fue hasta ahora la principal realización del gobierno, la flexibilización de la tenencia de armas: “no lo veo como una cuestión de combate a la violencia. Lo veo apenas y exclusivamente como el cumplimiento de una promesa de campaña”, contradiciendo notablemente el discurso de Bolsonaro. En una entrevista a O'Globo puso en duda la capacidad del canciller de conducir la política exterior, y desde el seno de un gobierno absolutamente conservador manifestó que el aborto debe ser una decisión de cada mujer.

Mourão declaró: “A veces el presidente tiene una retórica que no condice con la realidad"

Vice presidente de Brasil, Hamilton Mourão.
Vice presidente de Brasil, Hamilton Mourão.

Bolsonaro desde el primer día anunció que se comunicaría con el pueblo sin intermediarios, a través de las redes sociales. Pero Mourão ofrece entrevistas frecuentemente, incluyendo los medios denostados por el presidente y sus hijos, quienes continúan tratándolos de mentirosos e izquierdistas. Según las crónicas de los propios periodistas que lo entrevistan, el vicepresidente ofrece una imagen opuesta a la de Bolsonaro, siendo accesible, amable y menos beligerante. Mourão también se ha diferenciado del presidente al mostrarse más próximo a los modos de la convivencia democrática, algo que parece fácil cuando la comparación es Bolsonaro. Así, ante el caso del diputado Jean Wyllys que renunció a su banca y se exilió del país debido a las persistentes amenazas contra su vida, Mourão declaró que esas amenazas constituyen un ataque a la democracia. Bolsonaro, en cambio, insiste en asociar a Wyllys y su partirdo, el PSOL, con el atentado que sufrió en septiembre, alimentando la polarización y el relato de una izquierda extremista.

La principal divergencia en cuanto al rumbo del gobierno que Hamilton Mourão ha manifestado es con la política exterior adoptada por Bolsonaro de la mano del canciller Ernesto Araújo, discípulo del filósofo Olavo de Carvalho. El alineamento con Estados Unidos e Israel, una visión altamente ideológica y, siguiendo a Donald Trump, el menosprecio a la agenda climática, entre otros, son los tópicos que no solo desagradan a Mourão sino también al resto de los militares. Y es en materia de relaciones exteriores que estos han hecho valer su poder, vetando algunas iniciativas de Bolsonaro y su canciller.

Canciller de Brasil, Ernesto Araújo.
Bolsonaro con el canciller de Brasil, Ernesto Araújo.

La primera fue la instalación de la base norteamericana en Brasil, decisión tomada en solitario por el presidente y el canciller. Según el diario Folha de San Pablo el manejo de la crisis venezolana también generó cortocircuitos porque la Declaración del Grupo de Lima incluía el cese de la colaboración militar y esta es la principal fuente de información que sobre el gobierno de Maduro tienen los brasileños. En relación al traslado de la embajada brasileña de Tel Aviv a Jerusalén, Mourão se adelantó al canciller para declarar que no tendrá lugar. Los militares tienen una visión pragmática de las relaciones exteriores, y en eso representan una línea de mayor continuidad con la tradición de Itamaraty que la del canciller Araújo. Mientras tanto, y a raíz de la crisis en Venezuela, Ernesto Araújo ha sido de los ministros con más contacto con Bolsonaro.

También llaman la atención los movimientos del vicepresidente en otro sentido. A diferencia de Bolsonaro, Hamilton Mourão ocupa su agenda con reuniones con políticos y empresarios. Para estos se ha constituído en un puente con el gobierno y así lo han dejado trascender. Incluso se ha reunido con el Sindicato de Metalúrgicos del ABC, el mismo que lo vio nacer políticamente a Lula y donde se refugió antes de entregarse a la policía en abril del año pasado. Sin embargo, Mourão no es el interlocutor político elegido por Bolsonaro, estos son Onyx Lorenzoni y Gustavo Bebianno, Jefe de la Casa Civil y Secretario de Gobierno, respectivamente. Pero nuevamente, con quien más superposición ha tenido es con el ministro de Relaciones Exteriores. Según Vicente Nunes, del Correo Braziliense, diplomáticos y empresarios con intereses en Itamaraty, prefieren reunirse con Hamilton Mourão antes que con Ernesto Araújo.

Que Mourão pretende diferenciarse, sobre todo mediante sus declaraciones, de Bolsonaro, queda claro cuando se compara el tipo de declaraciones que hacía antes de asumir la vicepresidencia, más en consonancia con el siempre polémico actual presidente. En primer lugar, en los últimos años Mourão se posicionó como uno de los principales reivindicadores de la dictadura y pro intervención millitar.

En 2015 organizó un homenaje al torturador Ustra, en septiembre de 2017 dijo que los militares deberían intervenir si no se resolvía la crisis política y, ya electo, en diciembre de 2018, habló de la posibilidad de un auto-golpe durante el gobierno de Bolsonaro en caso de anarquía.

También mostró sus prejuicios diciendo que los brasileños heredaron la indolencia de los indios y el “malandraje” de los negros y que família sin padre ni abuelo es una “fábrica de elementos desajustados” que tienden a ingresar en el narcotráfico. El Mourão vicepresidente no solo se cuida de no manifestar ese tipo de prejuicios sino que se muestra moderado y democrático. Bolsonaro y Mourão parecían una misma cosa hasta antes del inicio del gobierno; el vicepresidente ha roto esa identificación y se ha diferenciado ex profeso.

No es descabellado pensar que Mourão ya haya visto desde la transición de gobierno que la falta de preparación, las contradicciones al interior del nuevo gobierno y la ausencia de una estrategia de alianzas con otros partidos generarían problemas graves para la supervivencia hasta 2020, en un país que desde el retorno de la democracia ya ha tenido dos impeachment. El Flaviogate, el escándalo que involucra al hijo mayor de Bolsonaro y lo conecta con las milicias de Río de Janeiro, abona ese escenario de incertidumbre. Lo que puede verse de las diferencias entre Bolsonaro y Mourão es que no se trata apenas de diferencias ideológicas, existentes y que ya fueran señaladas, sino de un intento manifiesto del vicepresidente de construir su propio espacio de poder. Ya electo dijo que no sería un vicepresidente decorativo, y que además, a diferencia de ministros y asesores, a él no lo pueden despedir. En una conversación con la periodista Amanda Audi, publicada en The Intercept Brasil el 18 de diciembre, el general Paulo Assis, mentor de Mourão, dijo que este será presidente en 2022, o antes: “todo puede suceder”.

En este punto la desconfianza de Jair Bolsonaro con su vice es tal que el Ejecutivo se encuentra paralizado, a la espera de que el presidente retome su actividad y tome una serie de decisiones pendientes, entre ellas enviar al Congreso la propuesta de reforma previsional. Mientras tanto el general Hamilton Mourão, como buen militar, se encuentra siempre listo para cuando el deber llame.


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