El enfrentamiento entre el gobierno socialista de España y el de derecha de Italia por el tema de la avalancha de migrantes en el enclave español de Ceuta, sigue escalando y promete convertirse en una escabrosa batalla en el seno de la Unión Europea.
En una cadena de amenazas y desafíos lanzados este viernes, los Ejecutivos de Pedro Sánchez y de Giorgia Meloni terminaron endureciendo los controles fronterizos para ciudadanos de sus respectivos países.
La sucesión de hechos comenzó en la mañana de ayer, cuando España amenazó con aplicar “medidas proporcionales” si Italia no levantaba antes del domingo los controles fronterizos establecido para pasajeros procedentes de España a raíz de la crisis en Ceuta de la semana pasada, cuando unos 70.000 marroquíes habían ingresado ilegalmente al territorio autónomo español del norte de África.
Madrid tildó la medida de Meloni de “injusta, contraria a los intereses de la Unión Europea y discriminatoria”. El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, la calificó como “un torpedo en la línea de flotación de la unidad europea”.
“Instamos al Gobierno de Italia a que rectifique, ponga fin a los controles y trate a los españoles como al resto de ciudadanos europeos”, afirmó el gobierno español. “Si no lo hiciera antes de que concluya el domingo 9 de agosto, España se verá obligada a adoptar medidas proporcionales para proteger los intereses y la dignidad de sus ciudadanos”, remarcó.
El gobierno de Meloni rechazó de plano las exigencias españolas y se mostró desafiante. “Italia no acepta ultimátum o imposiciones desde fuera sobre seguridad nacional y control de fronteras”, respondió la oficina de la mandataria, confirmando que mantendrán la medida al menos hasta el 15 de agosto.
El gobierno italiano justificó la suspensión de la libre circulación, uno de los grandes logros de la Unión Europea, como una “decisión necesaria para proteger la seguridad” de sus ciudadanos “y defender las fronteras de Europa”.
Tras el ultimátum de Madrid, el ejecutivo de la primera ministra italiana respondió que no tienen intención de “revisar la decisión” antes del 15 de agosto. “Italia no acepta ultimátum o imposiciones desde fuera sobre seguridad nacional y control de fronteras”, dijo la oficina de Meloni. “Solo cuando haya certeza de que no hay riesgos de seguridad o terrorismo para Italia, de que no ocurre una nueva oleada y de que no hay migrantes irregulares dirigiéndose a territorio europeo, reconsideraremos la decisión”, agregó.
Por la tarde del viernes, y ante la rígida posición italiana el gobierno de Sánchez decidió introducirá controles fronterizos temporales para los viajeros procedentes de Italia.
Los controles, que se producen “en medio de la persistente presión migratoria irregular” que afronta Italia, comenzarán a medianoche del sábado y durarán hasta el 7 de septiembre, anunció el Ministerio del Interior español, agudizando el enfrentamiento.
Disputa ideológica. Italia no comparte frontera terrestre con España, pero ha introducido controles en los puntos de entrada marítimos y aéreos para los ciudadanos de terceros países que llegan desde el país ibérico.
El gobierno de Meloni, una férrea defensora de la línea dura contra la inmigración ilegal, ha intentado contener la llegada de los decenas de miles de personas que desembarcan cada año en pequeñas barcas en las costas de la península.
Mientras las tensiones diplomáticas se intensifican, las autoridades españolas vigilan posibles convocatorias en redes sociales ante rumores de una nueva llegada masiva de migrantes a Ceuta, donde aún permanecen miles de personas en condiciones de extrema precariedad.