INTERNACIONAL
Desigualdad

Covid: no habrá vacunas para todos en los países más pobres hasta 2023

Estados Unidos y Reino Unido empezaron a inmunizar a su población. Por su parte, América Latina y África están rezagadas en la compra de dosis.

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Brasil. El gobernador de San Pablo, Joao Doria, recibió ayer 2 millones de dosis de CoronaVac, que realiza ensayos en su estado. | afp y dpa

Mientras los países ricos del Hemisferio Norte se aseguraron más de las dosis que necesitan para vacunar contra el Covid-19 a toda su población, las naciones en desarrollo buscan con desesperación cerrar acuerdos con los laboratorios para, por lo menos, garantizar la provisión a sus poblaciones de riesgo. Según predicciones de la Universidad de Duke y The Economist, no habrá suficientes vacunas para inocular a todos en los países más pobres hasta 2023, colocando rezagada en la carrera a buena parte de América Latina y África.

La brecha global entre el Norte y el Sur quedó explicitada, una vez más, por el coronavirus. Las diferencias en las capacidades estatales, entre ellas la billetera para comprar dosis, evidencia la profunda desigualdad en el escenario internacional. “Los países que representan el 14% de población mundial se aseguraron el 53% de la oferta inicial de vacunas”, afirmó Federico Merke, investigador del Conicet y Director de la Maestría en Política y Economía Internacional de la Universidad de San Andrés. Pero ese no es el único dato que llama la atención. Según la ONG Oxfam, nueve de cada diez personas que viven en 67 de los países más pobres –entre ellos Haití, Siria y Afganistán- no tendrán la vacuna el año que viene.

The Economist Intelligence Unit encendió las alarmas de la comunidad internacional. “Las vacunas no estarán disponibles en cantidades lo suficientemente grandes en los próximos meses como para cambiar la situación. La logística y el transporte también serán difíciles. Por lo tanto, mantenemos nuestra opinión de que una vacuna no empezará a ser extendida ampliamente en las economías desarrolladas antes de mediados de 2021”, aseguró ayer en un informe. Pero su diagnóstico fue mucho más sombrío para el Tercer Mundo, al sostener que allí habrá un acceso generalizado a la vacuna recién en 2022 y 2023: “El acceso a la vacuna será difícil inicialmente, ya que todos los países desarrollados corren para adquirir cantidades suficientes y los países más pobres luchan por asegurar la financiación. En consecuencia, el despliegue en los países de ingresos medianos y en los países emergentes llevará mucho más tiempo”.

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Estados Unidos despliega un amplio operativo con la vacuna de Pfizer, aprobada por la FDA.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la alianza GAVI, que cooperan para lograr una distribución equitativa de las vacunas, difundieron ayer un dato que trajo un poco de alivio, al anunciar que enviarán dosis a los países más pobres en el primer trimestre de 2021. “Covax logró reunir unos 2.000 millones de dosis”, dijo el director general Tedros Adhanom Ghebreyesus. Esa cantidad será aplicada a trabajadores de la salud y de servicios sociales. A esta primera fase le seguirá otra en el segundo semestre de 2021, con el fin de vacunar al 20% de la población de los Estados participantes del programa antes de fin de año.

Ese esfuerzo multilateral no opaca, sin embargo, la brecha entre Canadá, que se aseguró dosis para vacunar cinco veces a todos sus habitantes, y países de América Latina como Bolivia, que aún no tiene acuerdos con ningún laboratorio. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, recogió ayer el guante y prometió que “compartirá” los eventuales excedentes que tenga su país “con el mundo”.  

La desigualdad no sólo está vinculada con la cantidad de dosis pre compradas, sino también con la canasta de vacunas por la que apostó cada país. Mientras Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea compraron dosis de los laboratorios occidentales Pfizer, Moderna, Johnson & Johnson, Novavax, Oxford AstraZeneca, y Sanofi-GSK, los países en desarrollo tuvieron que decantarse por los proyectos más baratos, entre ellos el de la Universidad de Oxford, Sputnik V y las vacunas chinas. “Por precio y temperatura, AstraZeneca se posiciona como proveedora del Sur global; Pfizer y Moderna de países ricos”, afirmó Merke. Argentina pre compró 47 millones de dosis de las vacunas de Oxford y de la Sputnik V, que cubrirían a un 52% de su población.

Power politics. Para Rusia y China, la vacuna no sólo tiene una faceta sanitaria, sino también geopolítica. Como explicó a PERFIL Joseph Nye, el prestigioso profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard, la carrera tiene un ingrediente reputacional. “El país que desarrolle mejor una vacuna tendrá una reputación de competencia y eso aumentará su poder blando. Además, el que prometa compartir la vacuna con otros, en particular con países pobres, también mejorará enormemente su poder blando”, aseguró. Xi Jinping y Vladimir Putin, que aún no se aplicó la vacuna porque no aún no fue aprobada para mayores de 60 años, apostaron fuerte para promocionar sus proyectos en países en vías de desarrollo. 

El momento de Europa. Si bien cuenta con una billetera abultada y 1.585 millones de dosis compradas, la Unión Europea (UE) enfrenta una fuerte presión para aprobar las vacunas después de que Reino Unido y Estados Unidos comenzaran sus campañas de vacunación. La jefa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo describió como “el momento de Europa” en la batalla contra el virus.

Pocas horas después de que el presidente Emmanuel Macron diera positivo de coronavirus, el primer ministro eslovaco, Igor Matovic, informó que también se había infectado. Los mandatarios habían mantenido contacto en la cumbre de la Unión Europea en Bruselas. El continente lucha contra la segunda ola, que causó casi 37 mil muertes en los últimos siete días, la cifra semanal más alta desde el comienzo de la pandemia.

Bolsonaro dice que no se vacunará

AFP

Brasil se está quedando atrás en la carrera por la vacunación contra el coronavirus, en medio de la caótica gestión de la pandemia del gobierno de Jair Bolsonaro. El mandatario afirmó que no se aplicará la vacuna y alertó sobre sus posibles efectos colaterales. El gigante sudamericano es el segundo país con más muertos del mundo, con 185 mil víctimas fatales, sólo superado por los Estados Unidos. 

“Yo no me vacuno”, dijo el mandatario, quien dio positivo a mediados de año, luego de una incesante campaña contra las medidas de distanciamiento social y de prevención. “En el contrato de Pfizer está bien claro: ‘no nos hacemos responsables por cualquier efecto colateral’. Si te vuelves un caimán, es tu problema”, afirmó. Su prédica antivacunas parece encontrar eco en una parte importante de la sociedad. Según Datafolha, el porcentaje de brasileños dispuestos a vacunarse cayó del 89% en agosto al 73% en diciembre. Ante esa peligrosa campaña del jefe de Estado, la Corte Suprema decidió el jueves que los gobernadores pueden exigir la obligatoriedad de la vacuna. 

“Si te conviertes en Superman, si le sale barba a alguna mujer o si un hombre empieza a hablar agudo, ellos (Pfizer) no tienen nada que ver. Lo peor es  meterse con el sistema inmunológico de las personas”, prosiguió Bolsonaro.