Desde San Pablo.- Una amplia investigación sobre el ideario socio-político que prima entre los habitantes de San Pablo reveló datos inéditos, incluso para los especialistas. Según la encuesta, 28% de los consultados se autodefinió como de “izquierda” en cuanto 21% se identificó con la derecha. En cambio, 39% dijo ser “ni izquierdista ni derechista”. Pero los paulistanos de este grupo tampoco se describieron como de centro; es decir, esa franja que media entre ambos polos. Para ellos, no hay lugar para una política equidistante: apenas un 7% manifestó apoyo por las tendencias centristas.
Estos datos revelan algunos cambios profundos en una ciudad capital con 12 millones de personas –más otros 22 millones que viven en la Gran San Pablo--. En el proceso electoral de 2023, donde Lula consiguió la victoria por apenas 2% de diferencia con Jair Bolsonaro las determinaciones “ideológicas” estaban empatadas, con 21% de izquierdistas y 20% de ultraderecha.
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El estudio fue realizado por el CEBRAP-USP (el Centro Brasileño de Análisis e Investigación en conjunto con la Universidad de San Pablo) y puede marcar tendencias para las presidenciales de octubre próximo. Aquella derecha dominante de comienzo de los años 2020 se expresó claramente en las manifestaciones gigantescas de la avenida Paulista, el centro geográfico de las grandes movilizaciones. Esas demostraciones perdieron fuerza hacia el final del gobierno de Bolsonaro, pero el Partido de los Trabajadores de Lula da Silva no se esmeró por reemplazarlas.
A los investigadores les cuesta asumir que la polarización se ha consolidado. Después de todo, esta ciudad, como también el estado provincial, desde 1994 y hasta 2002 hizo vivir tiempos de grandes triunfos con el Partido de la Socialdemocracia de Brasil (PSDB), comandado por el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso. Esta organización fue de hecho abandonada por la mayoría de sus dirigentes, que pasaron a otros grupos políticos bautizados por los brasileños como el “centrón”. Y hoy carece de líderes representativos y padece de muy bajos
niveles de votación.
Según señalan los encuestadores, esto es el resultados de la “polarización afectiva”, aun cuando las opiniones de la población no sean “tan extremas”. Esto se observa, incluso, con los resultados de la encuesta: hoy 39% de la población opta por no vincularse a preferencias ideológicas; cuando esa proporción de “ni-ni” llegó a alcanzar un tope en 2019 de 57% para luego declinar, en los comicios de 2022, a 46%.
El director de esta investigación Marcio Moretto sostuvo que “el proceso de identificación ideológica está en crecimiento desde 2013”, año en que sectores de la población fueron a las calles a manifestarse a favor del impeachment de la ex presidenta Dilma Rousseff, finalmente destituida por el Parlamento en 2016. La derechización vivida en 2019, que tuvo como resultado la emergencia del bolsonarismo, comenzó sin embargo a decaer frente a políticas desplegadas por el gobierno de Lula da Silva, que cuentan con buen nivel de popularidad.
Entre ellas hay dos medidas: una es la fijación de las llamadas cuotas raciales, que exigen una porción preestablecida de aprobados de jóvenes negros en el ingreso a las universidades (69% de apoyo). La otra es el derecho al aborto por parte de las mujeres, respaldada por 51% de los encuestados. En simultáneo, los paulistanos reaccionaron em forma positiva a aceptación de que mujeres transexuales deben ser consideradas efectivamente mujeres (72% de adhesión). Este nivel de progreso social, resultado de una larga lucha de las minorías, no impide sin embargo que un segmento poblacional manifieste aun un notable nivel de machismo: 22% dijo creer que la mujer debe siempre obedecer al marido.
Con todo, las preferencias de sectores sociales que favorecen a la izquierda y centro izquierda, no tiene correlato con un aumento de las preferencia partidarias. Es el caso del PT, con un apoyo que llegó a 29% en 2022 y hoy posee un nivel de aprobación menor: 22%. El Partido Liberal, de Bolsonaro, tiene una adhesión de apenas 8%. Claro que no son las preferencias partidarias las que definirán las elecciones de octubre: serán sus líderes y lo que estos se comprometan a realizar a favor de la sociedad, lo que determinará los resultados.