El debilitamiento de la alianza entre Estados Unidos y Europa, sumado al posible giro de Donald Trump hacia una postura neutral por sus tensiones con Londres, configura un escenario de vulnerabilidad para la influencia británica en el Atlántico Sur. Ante este contexto, el experto Carlos Pérez Llana sostiene, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), que la Argentina podría aprovechar el declive europeo para negociar la soberanía, afirmando que “es cada vez más probable recuperar en un futuro Malvinas bajo el modelo de Hong Kong”.
El analista internacional, Carlos Pérez Llana se desempeña como profesor de relaciones internacionales en universidades como la Torcuato Di Tella y la Siglo 21, y es un referente en temas de política exterior argentina. Su trayectoria combina la función pública, la academia y el análisis político. A lo largo del gobierno de Fernando de la Rúa fue embajador de Argentina en Francia entre 2000 y 2001, y antes había sido subsecretario del Interior en la gestión de Raúl Alfonsín.
Cuando pactamos esta entrevista no había, y no imaginábamos que iba a suceder un nuevo atentado contra Trump. ¿Cree que esto le va a dar una mejora en las encuestas para las elecciones a Donald Trump, o tiene algún significado, o es algo que pasa y nos olvidamos dentro de 10 días?
Yo no creo que esto permita hacer un análisis de cuáles son las implicancias electorales. Me parece que todavía ha pasado muy poco tiempo para hacer evaluaciones y no hay encuestas. Lo que sí uno puede, de alguna u otra manera, sostener, tesis o hacer pronósticos es cómo esto influye a nivel internacional. Y yo creo que esto sí va a influir porque va en una línea de debilitamiento del poder americano que venía, de alguna otra manera, plasmándose como consecuencia del conflicto del Medio Oriente. Así que yo no puedo hablar del tema interno.
Lo que sí me parece que es posible recordar es que en los Estados Unidos la violencia, en este caso contra presidentes a través de atentados, no es un hecho. Dos fallecieron, creo que uno fue McKinley y el otro obviamente fue Kennedy. Y hubo también un atentado contra el presidente Reagan. Creo que forma parte de dos temas: las implicancias internacionales y las implicancias internas. De las internas es difícil saber, porque es reciente y habrá que ver las encuestas. Y de las externas me parece que sí es posible hablar, porque va en una línea del deterioro americano en el sistema internacional.
Vemos que en Europa Trump cada vez pasa de representar a Estados Unidos como un aliado a convertirse en un adversario. Primero con Meloni, que era su aliada, ahora directamente con Gran Bretaña. Hablábamos con un colega suyo que decía hoy que en Europa estar cerca de Trump para cualquier político era una carga. ¿Cómo evalúa usted la situación entre Estados Unidos y Europa a partir de Trump y el futuro de la OTAN?
Es una situación muy similar a la que ocurrió en la década del 50. Voy a los orígenes del problema. En aquel momento, Nasser, que era el presidente de Egipto, había tomado el canal de Suez, que era construido por capitales europeos, y Francia y Gran Bretaña decidieron hacer y armar una expedición para recuperar el canal. ¿Quién frenó esta contestación europea? Fue el gobierno americano. El gobierno americano les dijo a los europeos: esto no se puede hacer. Y, consecuentemente, a partir de allí nace una devaluación entre el poder europeo y el poder americano.
Me parece que la relación entre Europa y Estados Unidos está rota. Definitivamente la OTAN, en verdad es un papel que está firmado, pero no existe porque nadie va a cumplir esos compromisos. Y, en tercer lugar, no hay affectio societatis hoy. Ni Estados Unidos, bajo Trump, ve a Europa como un aliado, lo ve como un competidor, como alguien que no obedece, que no se alinea; y Europa ve en los Estados Unidos de Trump alguien impredecible.
Yo diría que el eje de esta reflexión tiene que ver con la guerra que estamos observando en el estrecho de Ormuz. Es una guerra iniciada por los Estados Unidos sin consultar a sus aliados, que va a dejar un mundo con una economía total y absolutamente invertida. El mundo que va a quedar después de Ormuz es un mundo con petróleo a 100 dólares, con todo lo que esto implica. Y, en segundo lugar, una desestabilización de la economía internacional con implicancias monetarias.
Fíjese usted que, por ejemplo, Eichengreen, que es uno de los economistas más conocidos que estudia los temas monetarios, en su último artículo sostiene que hay que mirar cuál fue el destino, cuál fue, digamos, la decadencia del denario del Imperio Romano. Lo que él hace es decir que el dólar puede entrar en esta hipótesis de decadencia.
Marcó que probablemente hoy Inglaterra no pudiera defender a las Islas Malvinas y, como es de público conocimiento, Trump dijo que retiraba el respaldo estadounidense a Gran Bretaña en ese territorio. ¿Modifica algo la ecuación militar o Argentina hubiera perdido contra Gran Bretaña sin esa ayuda? De cualquier manera, ¿hoy volvería a ser la misma situación?
Lo que pasó en Malvinas no hubiera sucedido si no hubiera existido esa relación, esa alianza y ese apoyo de los Estados Unidos a Gran Bretaña. Ahora, lo que Trump acaba de decir obviamente también tiene implicancias en la vida política británica, porque justamente los aliados de Trump en Gran Bretaña son los más duros respecto de una posición de esa naturaleza. Por ejemplo, Farage, que era un líder de la derecha, que es un líder de la derecha británica, con el cual el presidente Milei había dicho que se iba a entrevistar.
De manera que yo creo que lo que ha pasado con el tema Malvinas es que ha pateado el hormiguero sin darse cuenta cuáles son las implicancias. Me parece que ese es uno de los problemas de la política exterior americana. No hay controles, no hay líneas, no hay asesoramiento. Esto no pasó en el primer gobierno de Trump porque él estaba rodeado de un grupo de expertos que se llamaban, o se los denominó, los mayores, que de alguna otra manera frenaban, conducían y asesoraban, y Trump de alguna otra manera tomaba en cuenta esos datos.
Me parece que hoy Trump no escucha a nadie, está liberado a sus impulsos y los hombres que tiene cercanos en estos temas, por ejemplo el secretario de Defensa, es un hombre muy instintivo que no es un experto en estos temas.
Hay una pelea interna entre el secretario de Estado y el vicepresidente pensando en la próxima campaña electoral. Así que hoy creo que en política exterior lo que reina en Estados Unidos es una gran incertidumbre y esta gran incertidumbre ahora seguramente se va a incrementar como consecuencia de este episodio de magnicidio.
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¿Estados Unidos tiene una política de Estado más allá del presidente Trump? ¿Este rompimiento en la relación con Europa es una cuestión de su figura o, dentro de dos años, con otro mandatario, se recompone?
Es una cuestión donde influye mucho Trump y la gente que lo rodea. No hay en la política exterior de Trump una fuerza muy notable de teorías o de interpretaciones. Yo creo que él es un hombre que obedece a partir de impulsos y se siente liberado, repito, cosa que no fue en su primera gestión.
Ahora, la relación con Europa, aun con los Estados Unidos gobernados por otro presidente, me parece que está rota porque se ha dado cuenta de que no puede depender de lo que sucede en Washington. Creo que esto comenzó y de alguna otra manera se consolida, y no veo un camino de alianza estrecha; muy por el contrario, yo creo que esa relación está rota y me parece que hay que partir de esa base.
Hoy en Europa, quienes tienen protagonismo están pensando en estos términos. ¿Cuál es el drama de Europa? Es que no existe un poder económico muy notable, hay un deterioro, y en segundo lugar hay un liderazgo político muy menguado. Lo único que existe como fortaleza económica y como fortaleza política, porque a nivel de alianzas internas por ahora no hay dramas ni futuros electorales, sería el caso de Alemania. El presidente Macron, que es un hombre inteligente, tiene poco tiempo por delante. Hay dudas sobre quién puede ganar las elecciones en Francia, puede ganar un grupo, un partido de derecha que puede tener afinidades históricas con Trump, pero me parece que no son relevantes.
Europa lo que no tiene es poder para competir con los Estados Unidos. Y, por otro lado, tiene un drama muy particular: que adentro vive con una guerra, que es la guerra de Ucrania, y adentro vive con el riesgo que es el expansionismo de Rusia.
Imaginemos de aquí a dos décadas una Argentina que, con Vaca Muerta, haya solucionado sus problemas de falta de dólares, pueda ser un país que haya pagado sus deudas y tenga resuelto el problema de la inflación, y una Gran Bretaña y una Europa que siguen su curso de relativización del poder que tuvieron en el pasado. ¿Imagina factible, así como sucedió con Hong Kong, que dentro de dos décadas haya algo parecido con las Malvinas y Argentina pueda recuperarlas?
Eso siempre lo pensé y ahora me parece que es más viable este razonamiento. No es solamente un problema entre Argentina y Gran Bretaña, sino que es un problema entre Argentina y Gran Bretaña y esa Gran Bretaña involucrada en Europa. Hay líneas de avance en ese sentido. Creo que la retirada británica de la Unión Europea fue un error.
Y hoy, fíjese que algunos grupos en Gran Bretaña, por ejemplo el alcalde de Londres, hace muy pocos días dijo que había que pensar muchas cosas. Entre otras cosas, dijo que había que pensar el Brexit. O sea, alguien de la cúpula del poder británico está diciendo: “Volvamos a Europa porque nos quedamos muy solos".
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